La lucha por el poder de 'Succession', de HBO

La política, el dinero, la codicia y la envidia se mezclan en 'Succession', de HBO, una serie sobre intrigas familiares. Estreno el lunes 4 de junio.

Un hombre se levanta de la cama, tropieza en la oscuridad y orina sobre la alfombra del salón. Es Logan Roy (Brian Cox), un multimillonario hecho a sí mismo dueño de Waystar Royco, una de las empresas de comunicación y entretenimiento más grandes del mundo. Pero ahora, consciente de que está enfermo, comienza a preparar su relevo en la compañía. Este es el punto de partida de Succession, serie de diez episodios que muestra el competitivo mundo de los negocios en Nueva York, donde el poder y el dinero se mezclan en la empresa familiar.

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Aunque parece estar inspirada en la vida y familia del magnate Rupert Murdoch –dueño de la cadena Fox y de los diarios The Sun y The Times–, el creador de la serie, el nominado al Oscar por In the Loop Jesse Armstrong, lo niega. "La sucesión de poderes se ha podido ver en dinastías reales, pero nosotros nos hemos centrado en una familia disfuncional e infeliz que salta por los aires con motivo de la sucesión". Su interés viene de lejos, cuando en 2011 escribió un guión sobre Murdoch que imaginaba la reunión del magnate con su familia por su 78 cumpleaños. "Nos decidimos por una familia ficticia, aunque grandes personalidades como Randolph Hearst o Robert Maxwell nos han proporcionado mucho material".

Brian Cox, el protagonista, incide: "No se basa en nadie real. Trata sobre cómo la codicia es capaz de insensibilizar a las personas". Los cuatro hijos forman parte del consejo de administración, pero tres de ellos han escapado del control de su padre: el mayor, Connor (Alan Ruck) se ha ido a una granja de México; su única hija Shiv (Sarah Snook) es política y Roman (Kieran Culkin) es drogadicto. El heredero lógico es Kendall (Jeremy Strong), actualmente el presidente de la firma y tan ambicioso como su padre.

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"Cuando el poder se transmite por línea de sangre, ¿cómo afecta eso a tu vida?", reflexiona Adam McKay, que ya dirigió en 2015 La gran apuesta, película centrada en el inicio de la crisis económica. "No se puede ignorar la realidad. La desigualdad de ingresos está en un nivel histórico".

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