Verónica Sánchez nos cuenta los motivos para ver el estreno de 'Sky Rojo' en Netflix

La protagonista de 'Sky Rojo' define a la serie como un caramelo envenenado.


    "Puta, ama de casa y bióloga”. Así se define Coral, el personaje de Verónica Sánchez: “Ella entra voluntariamente en el lupanar, lo que te hace pensar que lo que le espera fuera es bastante peor”. En esta entrevista, Verónica Sánchez explica los motivos para no perderte el estreno de Sky Rojo en Netflix:

    ¿Cómo calificas la serie?

    Es una especie de caramelo envenenado. Parece sencilla de ver por la acción, la explosión de colores y personajes histriónicos, y ese arte para camuflar en qué lugar y época puede estar localizada, pero cuando te estás divirtiendo te pega un golpe en el estómago, te deja sin aire y el mensaje te congela la sonrisa. Ese poso que pretende dar te pilla desprevenido cuando llega porque has bajado la guardia. Álex Pina y Esther Martínez Lobato lo han llamado pulp latino, un género poco definido. No es mero entretenimiento. Cuando hay tanta oferta solo esperas que haya algo que te sacuda en el sofá y es lo que pretenden y creo que lo han conseguido.

    verónica sánchez  sky rojo
    TAMARA ARRANZ

    ¿Es este tu personaje más salvaje hasta ahora?

    Sí, es bastante extremo, tiene un problema de adicción fuerte y al mismo tiempo es sensible. Todos los personajes tienen algo absolutamente real en la verdad emocional e irreal en la estética. Coral es una mujer que huye de algo y ha decidido entra en el lupanar de forma voluntaria, lo que te hace pensar que lo que le espera fuera es bastante peor. Y ella es muy misteriosa e inteligente pero sus adicciones le convierten en una kamikaze, y esas contradicciones son muy interesantes.

    ¿Te habías visto antes en medio de tanta acción, violencia y sexo?

    Es verdad que hasta ahora no había hecho muchas escenas de acción … Aquí hay persecuciones, accidentes de coches, tiroteos, peleas de espadas… Hemos tenido un equipo de especialistas que nos ha enseñado a cubrir esas necesidades. Y ha ocurrido cuando pensábamos que no podías llegar a más el nivel de las locuras, te sorprendían otra vez, cada capitulo era más loco.

    Es una serie de tiempos cortos y mucha acción. ¿Te costó adaptarte a ese ritmo de grabación?

    Lo que más nos costó al principio fue encontrar el tono. Había que hablar de algo tan serio como la trata de mujeres, que hemos visto en un género más parecido al realismo social. Pero la serie pretendía ser entretenimiento y mucha acción, y conseguir que esos engranajes funcionaran fue complicado. A veces te ibas hacia a la gravedad se la trama y eso lastraba la parte de acción y diversión, y te daba miedo quitarle peso al personaje, ese toque de emoción que necesitabas. Conseguir esa proporción ha sido lo más complicado para todos.

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    El rodaje se vio interrumpido por la pandemia. ¿Hubo reajustes?

    Sí, pero los que se hicieron después fue por la propia exigencia de los directores y productores, querían hacer algo nuevo que no se pareciera a nada, ni limitarse a ellos mismo y eso conllevó una reescritura, no tanto de las tramas como pulir el tono. Al no parar las secuencias son muy rápidas y las frases tienen que ser muy certeras, no hay tiempo para las transiciones.

    ¿Impacta también el lenguaje?

    En esta serie hay mucha poesía visual y el lenguaje es totalmente descarnado. Esa mezcla me parece muy interesante, estamos hablando de algo tan grave que no era momento de andarse con eufemismos y aparte no habría sido realista. Ellas hablan con toda la crudeza de su realidad.

    ¿Habías coincidido antes con tus compañeras?

    Ellas han sido lo mejor de este trabajo y no lo digo por regalarles los oídos, era importante generar un equipo de mujeres convertidas en cierto modo en heroínas y que ese grupo fuera muy heterogéneo pero a la vez icónico, y que te creyeras sus lazos. Ellas llegaron cuando yo ya había empezado a grabar y hubo conexión. Creo que los directores afinaron muy bien la búsqueda de las actrices y hemos hecho un grupo precioso dentro y fuera del set de grabación. Creo que tienen un talento y capacidad de entrega espectaculares, son grandes actrices y han llevado a Wendy y a Gina a un lugar muy bello. Son instintivas y trabajadoras y tienen la mezcla perfecta.

    ¿Cómo fue la grabación?

    Fue también endemoniada. En contra de lo que se pueda pensar para hacer capítulos tan cortos se necesita rodar tanto o más que si fueran largos, hay que tener mucho material para que el montaje salga redondo, y que rodar muchos planos para conseguir esa acción.

    ¿Contactasteis con prostitutas?

    En Vancouver, la productora, hay unan figura muy importante, la documentalista, Sara Solomando. Antes de que empezáramos a rodar se documentó con entrevistas a prostitutas y víctimas de trata de blancas, y nos pasó un material grabado con sus testimonios. Fue decisivo para empezar a trabajar pero bastante doloroso. Gracias a eso supe en qué terreno iba a moverme.

    ¿La combinación de Álex Pina y Netflix supone una responsabilidad doble?

    La máxima responsabilidad llegó cuando al terminar El embarcadero, Álex me dijo que me quería para su próxima serie. No hay mayor satisfacción que se queden tan contentos contigo después de un trabajo. Netflix es una plataforma mundial que llevará la serie a millones de hogares y no me ha ocurrido nunca. Estar de su mano y de los creadores de La casa de papel es un reto enorme pero no pienso en ello; solo me quedo con aquella primera promesa. Aunque el trabajo hubiera sido para una cadena local me habría hecho ilusión.

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