Roberto Enríquez es Diego en 'La cocinera de Castamar': "Llevar medias era una tortura tremenda"

El actor nos habla de su implicación en 'La cocinera de Castamar', del cameo del autor de la novela que la inspira en el capítulo final, y de su entrega como padre de dos niños.


    Después de los villanos de Todo por el juego y El embarcadero, Roberto Enríquez es el bueno de La cocinera de Castamar, primera serie de Atresmedia que saltó en abierto antes de su conclusión en la plataforma de pago.

    ¡Habéis enganchado al público!

    La historia de la novela ya era magnética: un amor imposible, poder, sexo, dolor, ambición, venganza… Vamos vestidos del siglo XVIII pero con conflictos y un lenguaje afín al espectador de hoy. Y se nota que tuvimos mucha sinergia entre actores y directores.

    ¿Leíste el libro antes de rodar?

    Sí, es un regalo para un intérprete. Entendí mejor a don Diego de Castamar, el drama con el que carga, lo adelantado a su tiempo que era… Fernando [J. Múñez, el autor] grabó un cameo para el último capítulo, y le sorprendió cómo lo tenía subrayado e interiorizado.

    la cocinera de castamar
    enrique baro ubach

    ¿Qué tal la grabación?

    Es un orgullo haberla podido rodar en tiempos tan difíciles [de agosto a diciembre pasados], y en esos palacios y localizaciones tan alucinantes.

    ¿Añorabas hacer época tras La Señora e Isabel?

    No especialmente. Me guío por las historias y los personajes, y los de esta me interesaban. Es verdad que la época, llevar pelo largo, levitas y pasear por esos salones, te permite jugar y divertirte más. ¡Aunque llevar las medias era una tortura tremenda!

    ¿Y el reencuentro con Michelle?

    ¡Tripitimos! En la película Nubes de verano hacía de canguro de mi hijo, tenía 16 años y llegaba al rodaje con su madre. Después, en Isabel. Es sencillo trabajar con ella, es humilde y muy entregada.

    la cocinera de castamar
    enrique baro ubach

    ¡Y tú, desde 'Colegio mayor'!

    Eso fue en el 94, pero debuté en teatro en el 89, cuando llegué a Madrid de Valladolid. Deseaba ser actor no para que me dieran premios sino para tener una carrera larga. Y con 31 años en esto, sueño cumplido.

    ¿Aprovechaste el parón para recuperar alguna afición?

    Esas quedan en un segundo plano cuando tienes hijos. Me convertí en limpiador, cocinero, compañero de juegos, profe, futbolista de pasillo…

    Muchos actores hicieron hasta funciones de teatro por redes.

    Yo vivo de espaldas a ellas, y la pandemia no lo ha cambiado. No he abierto ninguna cuenta, las que hay sobre mí las han creado mis fans.

    ¡Hay otro que se llama como tú!

    Sí, Bob Pop. Él es ‘el Roberto Enríquez’ bueno. Leí un libro suyo, luego lo conocí en Buenafuente. Es inteligente, clarividente… Soy fan absoluto. Estoy deseando ver su serie.

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