Winona Ryder pierde la cabeza en ‘Stranger Things’: así es la vuelta al terror de los ochenta en Netflix

La actriz de 44 años, icono del Hollywood de los noventa, interpreta a Joyce, una madre soltera que busca a su hijo desaparecido en un ambiente que recuerda al de clásicos como ‘Poltergeist’ o ‘Misery’.

 

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La nostalgia gana protagonismo en Netflix con el estreno mundial de Stranger Things este viernes 15. Y lo hace con Winona Ryder, icono de Hollywood en los noventa, para la que cualquier tiempo pasado, también fue mejor. “Con los años, Winona ya no le tiene miedo a nada –afirman los creadores Matt y Ross Duffer (Wayward Pines)–. Exprime cada personaje al máximo y es la actriz adecuada para interpretar a una mujer que pasa mucho tiempo sola. Tanto, que sufre una crisis emocional y termina perdiendo por completo la noción de la realidad…”.

Interpreta a Joyce, la madre de un niño que desaparece sin dejar rastro. Ambientada a principios de los ochenta en Hawkins, un ficticio e idílico pueblo de Indiana, este drama sobrenatural narra la búsqueda del chico por parte de su familia, policía y amigos, en un contexto de experimentos secretos del Gobierno, demonios del más allá y “una niña rara, extremadamente rara…”, adelantan los hermanos Duffer.

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La trama recupera el espíritu de clásicos como Poltergeist (1982), de Steven Spielberg, o El príncipe de las tinieblas (1987), de John Carpenter: “Tiene muchas cosas en común con los best sellers de Stephen King: La zona muerta, Misery… Lo que hace que una historia sea buena y duradera es que explore un lugar mágico y único, donde se unan lo cotidiano y lo extraordinario. Nosotros crecimos en un suburbio de Carolina del Norte, jugando a Dragones y mazmorras, e imaginando aventuras de todo tipo con monstruos persiguiéndonos”.

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Esas pandillas tienen su reflejo en los amigos del niño: “Nos costó encontrar a los actores jóvenes, así que hicimos multitud de castings”. Y los elegidos fueron cuatro: Finn Wolfhard, Caleb McLaughlin, Gaten Matarazzo y Noah Schnapp como Mike, Lucas, Dustin y Will, “los típicos cerebritos frikis que se pasan el día fantaseando (risas)”.

El personaje infantil clave, sin embargo, es Eleven (Millie Brown), una niña desconocida en el pueblo. “Ella da sentido a todo. Y lo que es capaz de hacer con la mente asusta de verdad… Puede patear traseros solo con el pensamiento”, bromea Wolfhard.

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David Harbour, que da vida al jefe de policía Hopper, elogia su trabajo: “Es una profesional, activa su talento cuándo y cómo quiere, y parece que lo hace sin esfuerzo”. Ella sonríe: “Todos piensan que lo pasé mal por tener que raparme el pelo, pero no. Lo más complicado fue hablar sin poder articular palabra, ya que Eleven se expresa mucho con gestos y miradas”. Con experiencia en otras series como Navy o Anatomía de Grey, solo tiene 12 años, justo la edad con la que su compañera Winona se estrenó en el cine. “Ahora somos buenas amigas –revela la joven–. La admiro muchísimo y me emocioné cuando supe que íbamos a compartir esta ficción”.

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Para Ryder, de 44 años, la serie supone su regreso a la tele, medio que probó con Friends (2001) y más recientemente con Show Me a Hero (2015). “El género de suspense no lo había explorado y me parecía interesante arriesgarme”, dice la protagonista de La edad de la inocencia o Mujercitas, por las que estuvo nominada a los Oscar como Mejor Actriz de Reparto y Mejor Actriz en 1993 y 1994. Fue su época dorada en el cine, con notables películas como Celebrity, Inocencia interrumpida, Otoño en Nueva York… Hasta que en 2001 fue sorprendida robando en una tienda y, como su personaje en Stranger Things, inició su particular descenso a los infiernos.  

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Con opciones de rodar a las órdenes de Tim Burton la segunda parte de Bitelchús, cuya primera entrega protagonizó en 1988, la actriz no lo tuvo sencillo en esta serie: “Interpreto a una madre que cría sola a tres niños; me inspiré en Alice Hyatt [Ellen Burstyn en Alicia ya no vive aquí], y en Nora McPhee [Marsha Mason en Hola Sr. Dugan]”. Se involucró tanto que quiso que su corte de pelo fuera el mismo que el de Meryl Streep en Silkwood, sobre una sindicalista que muere en extrañas circunstancias.

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“Esta historia mezcla muy bien los dos universos en los que se mueve, el adulto y el infantil”, dice. “Apuntamos a tres generaciones: padres, adolescentes y niños. Los primeros se sentirán como en una película de Spielberg, en la que hay tipos imperfectos que se dan cuenta de lo extraordinario que hay a su alrededor; los segundos lo verán como si fuera de miedo, y los terceros como una aventura tipo Cuenta conmigo”, añaden los Duffer.

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Para la actriz, lo atractivo del proyecto fue precisamente eso, su transversalidad generacional: “Trabajar con actores tan jóvenes ha sido maravilloso. Tuve mi turno y ahora es el de ellos, así que apoyarlos y comprobar cómo funcionan fue genial. Pero yo también he arriesgado, y me apetecía mucho hacerlo”.

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¿Y lo próximo? “Pues no lo sé. Igual algo radicalmente distinto, aunque tampoco tengo a nadie llamando a mi puerta para que interprete a una superheroína, por ejemplo (risas)”. Sobre la televisión, refugio de muchas estrellas de Hollywood, dice que es el lugar donde está el trabajo y las oportunidades: “El trabajo está en este medio. Muchos de mis amigos del cine han encontrado su sitio aquí. Además, no es tan distinto y permite llegar a un público que, con dos empleos e hijos, no tiene tiempo para ir a la salas”.

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Y así está planteada Stranger Things, como un thriller sobrenatural al estilo En la boca del miedo, de John Carpenter, o Pesadilla en Elm Street, de Wes Craven. Grabada en Jackson y Stockbridge, Georgia, el equipo de producción compró casas para reproducir el microcosmos de Hawkins. “Eran como de los años setenta y ochenta, parecían congeladas en el tiempo –explica Chris Trujillo, responsable de los decorados–. Cuidamos todos los detalles, desde las latas de cerveza Schlitz a los walkie-talkies o las camionetas con paneles de madera”.

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La carrera de Winona Ryder

Aunque debutó en 
el filme Lucas (1986), 
el papel que la convirtió en la joven promesa 
de Hollywood fue el 
de adolescente gótica 
en Bitelchús (1988). 
La crítica reconoció su talento y llegó Eduardo Manostijeras (1990), 
en la que dio vida a la chica que se enamora de un tierno personaje que en lugar de dedos tiene cuchillas; incluso rechazó aparecer en la tercera parte de El Padrino por este trabajo. También participó en Gran bola de fuego (1989), con Dennis Quaid; en Reality Bites (1994), junto a Ethan Hawke, y en La edad 
de la inocencia (1994), que le valió el Globo 
de Oro a Mejor Actriz 
de Reparto. Más recientemente, ha estrenado Experimenter (2015), un drama ambientado en los sesenta con Peter Sarsgaard, y la miniserie de seis episodios Show Me a Hero, de la HBO, 
con el racismo como tema de fondo. Además, suena su nombre para lo nuevo de Bitelchús en 2017.  

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Su momento más bajo

Entres sus parejas destacan el actor Matt Damon o Jay Kay, el cantante de Jamiroquai, pero su relación más sonada fue con Johnny Depp a principios de los noventa. Estuvieron juntos tres años y siempre lo ha defendido, incluso ahora que Amber Heard lo ha acusado de malos tratos: “Nunca me pegó. Solo lo conozco como un tipo bueno y amoroso”. 
La actriz guarda peor recuerdo de su arresto por robar ropa y accesorios por valor de 5.500 dólares en Beverly Hills en 2002. La  condenaron a tres años de libertad condicional, terapia por cleptomanía y trabajos comunitarios.

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