Alberto Ammann, de nuevo al límite en ‘Apaches’: “Con Miguel comparto el arrebato violento cuando veo una injusticia”

Tras interpretar de manera magistral a Pacho Herrera en ‘Narcos’ y viajar a ‘Marte’ en la serie de National Geographic, el actor encarna a un periodista que busca vengar la muerte de su padre en esta serie basada en la novela de Miguel Sáez Carral y que llevaba dos años en el cajón de la Atresmedia.

 

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Le conocimos interpretando a un funcionario de prisiones inmerso en un motín en, ha conducido coches a velocidades que harían reventar un radar, ha dado vida a un narcotraficante sanguinario de la mayor organización criminal del planetaa, ha viajado a Marte... Ahora, veremos al camaleónico Alberto Ammann convertido en un periodista justiciero en Apaches, la esperada serie que Antena 3 estrena dos años después de su grabación.

¿Cómo definirías la serie?
Un juego de niños con códigos de adulto. Leyes de barrio, el madrileño de Tetuán, pero para adultos. En la zonas marginales de los barrios de clase obrera hay muchos niños como mi amigo de ficción, Sastre (Eloy Azorín), que deben comportarse como adultos aunque son niños. Que lleve el nombre de Apaches tiene que ver con la rudeza con la que se tratan los asuntos en el barrio, que es un personaje más. El barrio tiene unas leyes, unos códigos propios que el espectador va a ir descubriendo a medida que avanza la serie. Eso da un carácter al barrio y a los juegos que hacen los niños en la plaza, muy diferentes de los barrios de clases acomodadas.


¿Y cómo es Miguel, tu personaje?
Es un chico que se ha criado en el barrio de Tetuán. Su madre ha fallecido, pero su vida está bien encaminada. Está enamorado de una abogada y, de repente, su padre sufre un infarto y al ir a coger las cuentas comprueba que está en quiebra.

¿Has hablado con Miguel Sáez Carral, el autor de la novela en la que se basa la serie?
Mucho y hemos recorrido juntos el barrio, donde se desarrolla la trama, pero me ha dejado absoluta libertad.


En esta serie interpretas a un periodista. Tú ,que eres hijo del periodista, político y escritor Luis Alberto Ammann. ¿Te ha servido para algo?
Claro. He hablado con él y con mi madre, que también escribe artículos en una revista. Ambos, más que periodistas son activistas políticos, aunque han trabajado y trabajan como periodistas e incluso han dado clases en la Facultad de Periodismo. Su experiencia me ha servido para nutrirme a la hora de dar vida a Miguel y también me ha servido el estar en contacto permanente con los periodistas con los que trato habitualmente.

¿Qué compartes con tu personaje?
Muchos valores, pero con dimensiones diferentes. Con Miguel comparto el arrebato violento cuando veo una injusticia, el amor profundo por la familia, pero no tengo claro qué limites legales estaría dispuesto a trasgredir. Si tuviera que salvar a mi familia, seguro que sería mi prioridad, pero si estuviera en la piel de Miguel no hubiera optado por alguna de sus elecciones. En realidad le quiero con sus contradicciones, aunque hay veces que puedes odiarle y eso le humaniza.

¿Se parece Tetuán a alguno de los barrios en que te has criado?
Nací en Argentina y vine a España con dos meses, pero volví con cuatro años a Córdoba (Argentina) y viví allí hasta los 25, que ya me vine definitivamente a España. Los dos primeros barrios donde viví mi infancia eran de clase media acomodada, en el centro y en el barrio del Observatorio. Luego, cuando tenía 16 años, tuvimos que mudarnos a tres barrios más, de clase obrera, con una clase marginal cercana, justo coincidiendo con la gran crisis que padecimos allí con el presidente Menem.

¿Qué recuerdos tienes de tu infancia?
Recuerdo que correteaba por debajo de las mesas en mi casa, con las habitaciones llenas de gente que hablaba y discutía y fumaba mucho. La política ha impregnado mi vida. Piensa que mi padre se presentó a las elecciones de Argentina dos veces y pudo haber llegado a presidente. También recuerdo que la primera vez que monté en bici fue en el parque de El Retiro. Me siento muy madrileño y, aunque parece que tengo acento argentino, en Argentina me llaman “el galleguito” (risas).

¿Te metiste en alguna pelea?
Nada importante, nunca nos metimos en grandes líos ni en peleas, salvo para defendernos de algún grupo que se metía con nosotros. Ya de adolescente me codeé con grupos marginales, que tenían trapicheos…

Tu personaje en la tercera temporada de Narcos ha recibido muchos halagos…
Pacho Herrera es un capo del Cartel de Cali. Es increíble lo malvado que puede llegar a ser. Y me sigue sorprendiendo que haya gente en el mundo que sienta simpatía por gente como Escobar, que fue un ídolo cuando estaba vivo y se ha convertido en un mito una vez muerto.

¿Te hubiera gustado conocer a Pacho Herrera?
No habría querido estar cerca de él.

Tuviste que engordar 15 kilos para interpretarle. ¿Has conseguido perderlos?
He perdido alguno, pero todavía no me he quitado todos los kilos de más (risas)

Javier Bardem está nominado a los Goya por la película Loving Pablo. Dicen que os parecéis en que los dos sois grandes y en la nariz de boxeador y la mirada penetrante…
He visto la película y he salido del cine maravillado. Del nivel de profundidad de su trabajo, del nivel de creatividad, de riesgo… Él es un grandísimo actor que nos abrió camino a los intérpretes a los que nos incluyen en papeles de latinos. Javier, igual que Daniel Day-Lewis o Marlon Brando, son un modelo de inspiración para mí.

En la serie documental de ficción Marte interpretas a un astronauta español. ¿Tú tienes espíritu aventurero o más bien te sientes un marciano en este mundo que vivimos?
Es una miniserie de National Geographic en la que interpreto a Javier Delgado, un hidrogeólogo y geoquímico español, miembro de una hipotética primera expedición tripulada al planeta rojo, Marte, que tendría lugar dentro de quince años. Son los pasos que se habrían de dar en 2033 en una expedición real. Dicen que 20 años después ya podrían estar llegando transbordadores con 800 o mil personas. Es decir, para 2050 podríamos tener colonias mineras en Marte. Desgraciadamente, hoy imperan valores que no son nada humanistas, como el éxito a cualquier precio, el poder y la competitividad. Por eso me siento un extraterrestre muchas veces. De momento ya hemos rodado la segunda parte.

¿Soñaste alguna vez, de niño, con ser astronauta?
Sí. Y también con ser bombero y arqueólogo.

Tu vida ha cambiado para mejor o no tras obtener un Goya a Mejor Actor Revelación en 2010, con 31 años, por Celda 211?
Es una película a la que le tengo mucho cariño, pero empieza a envejecer. La factura cruda de la imagen estaba pensada así. Pero la veo ahora y parece viejita. De todas formas, el Goya me trajo muchas cosas buenas. De hecho, el anuncio de Channel con Keira Knightley salió gracias a que la directora de casting de Joe Wright estaba viendo los Goya aquí en España. Buscaba un perfil latino y allí estaba yo.

Has puesto en marcha con tu novia desde hace siete años, Clara Méndez-Leite, una nueva Escuela de Interpretación en Madrid: La Escuela para el Arte del Actor.
En la escuela, situada en la calle La Palma de Madrid, en el barrio de Malasaña, hemos empezado clases el pasado mes de octubre, justo cuando ya estaban cerrando la inscripción todas las demás escuelas. Tenemos un teatro de unas 50 butacas, en el que los alumnos pueden poner en práctica las enseñanzas recibidas y entrar en contacto con el público. Contamos con programación independiente, donde el cuerpo se convierte en el instrumento principal.

También os habéis quedado con la gestión de lo que era el Teatro del Arte.
Sí. Le hemos cambiado el nombre y ahora se llama el Teatro de las Culturas y apostamos por la diversidad. Invertir hoy en día en teatro es más un acto de amor; la lucha no es por ganar dinero sino por no perder. Es posible que en dos años se sostenga sin dar pérdidas.

Además tienes una cafetería, El Benteveo.
Lo monté con dos socios y amigos argentinos.

¿Llevas mal los continuos viajes y separaciones de tu novia para rodar en Colombia?
Nuestro plan es estar juntos. A veces fantaseamos con la boda, pero no hemos decidido nada ni de eso ni de niños porque la Escuela nos absorbe todo el tiempo y no podemos pensar en otra cosa.

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