Paco Tous y el final de 'El chatarrero' en el último capítulo de 'Apaches'

Charlamos con Paco Tous sobre el final de 'Apaches', en la que interpreta a 'El chatarrero', el malo de la serie. ¿Morirá en este último capítulo?

 

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Se siente un payaso nada gracioso. Nació un 1 de mayo en Sevilla, donde comenzó su carrera artística, pero tira para el Puerto de Santa María (Cádiz). Estudió en el instituto de teatro de su ciudad y a finales de los 80 creó la compañía 'Los Ulen', que acaba de celebrar su trigésimo aniversario. Pero la fama le llegó gracias a la serie Los hombres de Paco. Ahora, Paco Tous es también uno de los protagonistas de la serie Apaches, de Daniel Calparsoro y trabaja en La peste, de Movistar+ . El próximo mes de agosto estrenará la película La sombra de la ley, del director Dani de la Torre.

En 'Apaches' eres 'El chatarrero'…
Soy el malo de la serie. Bueno, el malvado y el guapo (risas). Se ha hecho a sí mismo y cree por eso que es intocable. Y mi gran debilidad es Carol (Verónica Echegui), mi auténtico talón de Aquiles.

Calparsoro decía que ésta es una serie de personajes, por lo que es fundamental contar con grandes actores…
Que lo diga Calparsoro es maravilloso y a valorar, pero a mí me gusta empezar por el principio. Una serie, para que sea buena, tiene que ser una buena idea y estar muy bien escrita y si además está bien dirigida, los actores intentamos hacerlo lo mejor posible. Sólo puedo decirte que cuando me llegaron los guione, me los bebí del tirón.

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En el último episodio, Miguel (Alberto Ammann) traza un plan para vengarse del chatarrero.
Sí, un plan que pondrá en peligro la vida de todos, incluso la suya. Veremos qué pasa…

La serie prometía desde el principio, ¿qué te enganchó?
Yo soy del barrio de la Macarena de Sevilla, o sea, un chico de barrio obrero y marginal de la periferia, así que me siento muy identificado con las historias que se cuentan en Apaches. Cuando yo era chico no teníamos tanta tecnología y te aferrabas a los amigos del barrio, a la pandilla.

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¿Fuiste un poco gamberrillo?
Lo de Sastre era una tontería comparado conmigo (risas). Te voy a contar una trastada que hice con mis amigos. En Sevilla se celebra la Cruz de Mayo y los chavales recogen dinero entre los vecinos. Pero a un amigo y a mí se nos ocurrió pedir huevos frescos en lugar de dinero y cuando llegábamos a una casa cuya inquilina no tenía huevos, se los vendíamos nosotros. Y nos montamos durante un tiempo un negociete.

Trabajas también en la serie La peste.
Hago del administrador de una casa de renombre en Sevilla. Un personaje muy frio, muy contenido, muy calculador, completamente diferente al papel de 'El chatarrero'. En La peste me pasó algo parecido; cuando me llegaron los seis capítulos, me los bebí también. Es una historia interesantísima, muy bien escrita y el resultado es francamente bueno. ¡Cada vez es mejor la ficción española! Sólo hace falta que nos lo creamos y que se nos apoye desde la administración pública.

¿Estás en un momento dulce de tu carrera?
Sí. Me gustaría agradecer a toda la gente que ha confiado en mí y como dice un amigo mío, muy flamenco: esto que he hecho no es ni lo último ni lo mejor. Mi ambición es seguir trabajando.

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Tienes por estrenar La sombra de la ley, del director Dani de la Torre.
Allí hago de anarquista, el padre de Michelle Jenner. Hemos trabajado en Barcelona y después en Galicia, con un equipazo como 'mi hija' y Luis Tosar, Ernesto Alterio…Es mi segunda película con la productora Vacas Film y estoy encantado.

En cine has interpretado a Antonio Tejero en El 23 F y en la tele has hecho de policía y de guardia civil. ¿Lo tuyo es ser servidor de la ley?
En la ficción me gusta hacer de agente de orden; me recuerda a mi infancia, cuando jugaba a civiles contra ladrones. Y si cambiaba a indios y cowboys, prefería hacer de vaquero. Lo cierto es que me gusta tanto hacer comedia que drama porque lo mío es hacer de payaso.

El gran público te conoció gracias a Los hombres de Paco. ¿Qué recuerdas de esa serie?
Fue la más vista de Antena 3. De aquella época recuerdo todo y feliz. Hasta la policía nacional de la época nos paraba por la calle y nos decía que era muy real. Pepón (Nieto) y Hugo (Silva) me enseñaron mucho de este oficio y seguimos siendo íntimos amigos. Había muy buen ambiente de trabajo, era mi primera serie nacional…. Disfruté mucho, me volqué, di todo lo que podía y sigo dándolo. Ser el marido de Adriana Ozores y el yerno de Juan Diego, no todo el mundo lo consigue; trabajé con los dos mejores actores de España.

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De Pepón Nieto dices que es tu hermano.
Me divierte mucho estar con él. Es muy buen compañero y un tipo generoso. Es con la única persona que he trabajado en teatro fuera de mi compañía, los Ulen.

¿Qué recuerdas de aquellos inicios en el teatro y cuando formaste la compañía, a finales de los 80?
En el 86 después de trabajar en el Instituto del Teatro, Pepe Quero, otros compañeros y yo decidimos montar una compañía con nuestro profesor y se llamó 'Los Ulen' por un personaje de la Edad Media. Llevamos 30 años juntos, cerramos nuestra sala en Sevilla, pero no paramos. Todavía seguimos de gira por toda España con Dos idiotas. Me considero un privilegiado de tener trabajo cuando el ochenta por ciento de los actores están en el paro.

También haces teatro fuera de Los Ulen. Me refiero al vodevil grecolatino La comedia de las mentiras, basado en el texto de Plauto y que estrenasteis en el Festival de teatro de Mérida.
Mi personaje es un lobo que se convierte en cordero. Soy el general Degollus, un general macedonio que compra a la joven Gimnasia para su uso y disfrute, pero finalmente no es quien dice ser, porque, como todos los personajes de esta obra, miente. Se reencuentra con un amor de infancia, que es María Barranco y después de 40 años sin verse, claudica en todo.

¿A ti de qué te gusta reírte?
De todo, la risa es sana. De la caídas más tontas, del chiste bueno y corto, de las cosas sacadas de contexto o estrambóticas, de las barbaridades... En los velatorios surgen las anécdotas más surrealistas, pero no soy chistoso ni showman; hay gente que dice que soy muy serio.

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¿Eres soñador?
Mi sueño es intentar ser un buen hombre y hacer aquello que debo hacer. He pensado incluso que me costaría interpretar a un pederasta o un violador porque lo que más me gusta son los chicos; tengo dos hijos y estoy encantado.

Te defines como un hombre felizmente casado y un buen padre de familia.
Con los años, donde mejor me encuentro es con mi familia. Llevo aprendiendo de mis hijos desde que eran niños. Es una simbiosis que al padre le mantiene vivo, joven, y en la que el crío aprende jugando.

¿Sigues viviendo a caballo entre Sevilla y Madrid?
Vivo en el AVE; me han puesto ya un vagón especial (risas). Y a veces voy y vengo en mi coche. En Sevilla tengo a toda mi familia; al principio de venirme a Madrid pensamos en trasladarnos, pero decidimos que era mejor que se quedaran allá y viajar yo.

¿Lleváis bien la distancia?
La que peor lo lleva es mi mujer.

¿A tus hijos les pica el gusanillo de la interpretación?
Mi hija mayor tiene 22 años y creo que no le interesa demasiado. Y el de 12 años juega a veces a ser actor, pero todavía es muy pequeño.

¿La fama te ha jugado alguna mala pasada?
Al principio, con Los hombres de Paco sí, pero normalmente soy bastante sociable; me gusta hablar hasta con las paredes (risas). Intento no avinagrarme cuando me piden una foto por la calle, aunque tengo que reconocer que me molesta que me den la mano cuando estoy comiendo algo en un bar.

Dices que te gusta hablar con los ancianos…
Es verdad, disfruto charlando con la gente mayor. Hubo una temporada que era más huraño y miraba para abajo para no tener que hablar con nadie, pero un día me dije: mira para arriba y deja de hacer tonterías. Será que me entró la concienciación (risas) porque yo nací el 1 de mayo, el día de los trabajadores y siempre hago bromas con la fecha.

¿En la cincuentena aprovechas para hacer repaso de tu vida?
Sólo miro el día a día. El pasado se refleja en mi presente y el futuro lo miro más pensando en mis hijos que en mí. En este momento me siento privilegiado por tener un trabajo, pero si me faltara estaría del lado de los 'indignados', no en el de los deprimidos.

Tengo entendido que eres de los que disfrutas con un buen jamón ibérico…
Recién cortado. Disfruto comiéndolo en casa y también en un bar que se llama El castillito, en El Puerto de Santa María (Cádiz).

¿Eres madrugador?
Por la noche me recreo en nuevos proyectos y en el futuro de mi familia, pero al día siguiente me encanta despertarme temprano y empezar a vivir.

¿Aficionado a los toros?
Mucho. Y también el flamenco. Para mí los toros es mi padre, mi abuelo…De pequeño jugaba a ser torero y hasta me busqué un nombre artístico, Curro Martínez, el niño de la Juana.

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