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La reina Sofía suele ser una mujer de sonrisa eterna, pero la muerte de su hermana pequeña, la princesa Irene, le ha sumido en una gran tristeza. Ver a su familia unida en el último adiós a su hermana durante el responso que se organizó el sábado 17 de enero en la Catedral Ortodoxa Griega de San Andrés y San Demetrio de Madrid ha supuesto el mayor pilar en el que apoyarse. Al lado de doña Sofía han estado en todo momento sus hijos; su nuera, la reina Letizia, con la que ha tenido una complicidad especial en estos momentos tan duros para ella, y también sus nietos.
Era este lunes 19 de enero cuando el féretro con los restos mortales de la princesa Irene llegaba a Atenas para cumplir su último deseo, que era ser enterrada junto a su hermano, Constantino -que fallecía por estas mismas fechas en 2023- y sus padres -los reyes Pablo I y Federica-, en el cementerio del Palacio de Tatoi, pero antes de eso, el ataúd fue llevado a la capilla de la Iglesia de Agios Eleftherios, situada en el céntrico barrio de Monastiraki, para todos aquellos que quisieran acercarse a darle su último adiós previamente al funeral. Y es que, a pesar de que la monarquía fue abolida en Grecia y Constantino tuvo que exiliarse en 1967 tras solo 3 años al frente de la Corona, aún hay gente en Grecia que sigue teniendo cariño a la Familia Real griega.
La tristeza de la reina Sofía, completamente rota a su llegada a Atenas
La familia griega de la reina Sofía también se ha volcado con ella, y es que, a pesar de estar repartidos por el mundo, su buena relación seguía a distancia, y ninguno ha querido perder la oportunidad de despedirse de Irene, muy querida por todos. Tras el paso del féretro por la capilla, fue trasladado a la Iglesia, con una pequeña comitiva encabezada por los tres hijos de Constantino: Pablo, Nicolás y Felipe. Varios miembros de las distintas familias reales europeas también han hecho acto de presencia en este último adiós y, tras la llegada de los Reyes y sus hijas, era la propia reina Sofía la que bajaba de un coche acompañada por sus hijas, las infantas Elena y Cristina, y sus nietos Irene y Miguel, que no han querido despegarse de su abuela. A pesar de haber intentado mantener la compostura, la cara de doña Sofía lo decía todo, y es que era imposible ocultar su tristeza.


















