Un imprevisto técnico transformó lo que iba a ser una despedida protocolaria en un histórico gesto de cortesía diplomática del Rey de España al Papa León. Felipe VI cedió este viernes 12 de junio su avión oficial, un Falcon del Ejército del Aire, al papa León XIV para que pudiera regresar a Roma, después de que la aeronave en la que viajaba el pontífice sufriera una avería en el aeropuerto de Tenerife Norte-Los Rodeos. El suceso ocurrió a media tarde, cuando el Papa se disponía a poner fin a su histórica visita apostólica a España. Tras embarcar en el Airbus A320 de la compañía española, los pilotos detectaron una anomalía técnica en uno de los motores —complicada por las condiciones de viento en cola de la pista tinerfeña— que obligó a abortar el despegue. Tras más de una hora de espera y comprobaciones en el interior de la cabina, y ante la imposibilidad de una reparación rápida, el Pontífice y su séquito tuvieron que desembarcar. Fue en ese momento cuando el rey Felipe VI, que había acudido al aeropuerto para despedir formalmente al Santo Padre, ofreció de inmediato su propia aeronave oficial para evitar mayores retrasos en la agenda papal.
"Un gesto de cortesía excepcional que refleja las excelentes relaciones entre España y la Santa Sede", señalaron fuentes diplomáticas presentes en la pista. El papa León XIV aceptó el ofrecimiento y despegó rumbo al aeropuerto de Roma-Ciampino a bordo del Falcon español. Debido a las limitaciones de espacio de la aeronave oficial, que cuenta con tan solo 14 plazas, el pontífice viajó acompañado únicamente por su entorno más cercano, mientras que el resto de la delegación vaticana y los periodistas acreditados tuvieron que esperar en la isla a que Iberia fletara un avión de repuesto.
Por su parte, el monarca español dio prioridad absoluta al viaje del líder de la Iglesia católica y permaneció en Tenerife durante varias horas. Don Felipe tuvo que esperar a que el Ministerio de Defensa enviara desde la península una segunda aeronave para poder emprender su regreso a Madrid. La jornada concluyó sin mayores incidentes, pero la imagen del Papa volando en el avión del Estado español ya se ha convertido en una de las anécdotas más comentadas del año en el ámbito de la diplomacia internacional. Y sin duda, ha marcado el fin de su viaje a España con este gesto de cortesía por parte del rey Felipe VI.

















