Hay momentos en la vida que no se olvidan y uno de ellos es el primer día de universidad (yo me acuerdo como si fuese ayer y han pasado ya más de dos décadas). Esos nervios son los que vivió Leonor de Borbón el pasado 7 de septiembre. Mucho se ha hablado del primer día de universidad de la princesa de Asturias: de su llegada al campus, de su look sencillo con vaqueros y zapatillas, de su maquillaje natural, de su trenza y de esa imagen entrando como una estudiante más en esta nueva etapa académica. Pero, pasado el impacto inicial, llega una pregunta mucho más interesante: ¿qué ocurre el segundo día? ¿Qué pasa cuando los compañeros empiezan a reconocerse y comienzan a preguntarse si han encajado, si han causado buena impresión o si los demás ya han encontrado su grupo? Para la psicóloga y doctora en Neurociencia Ana Asensio, directora de vidasenpositivo.com, la verdadera vida universitaria no comienza el primer día de clase. "Las relaciones auténticas se reconocen muchas veces porque en ellas no tenemos que estar permanentemente pendientes de quién somos para el otro", nos cuenta a DIEZ MINUTOS, algo que no se consigue en un día.
La experta considera interesante hablar del segundo día porque suele quedar eclipsado por la expectación del primero. "Me parece muy interesante hablar del 'segundo día' porque del primero nos ocupamos muchísimo y del segundo casi nunca", explica la psicóloga. Ese segundo día, continúa, puede traer una sensación inesperada. Ya no todo es novedad absoluta. Ya se han visto caras, se han cruzado algunas conversaciones y empiezan las primeras interpretaciones. "Ya has visto quién parece haberse hecho amigo de quién, quién se sentó con quién, has tenido algunas conversaciones y empiezas a sacar conclusiones demasiado rápido. 'Creo que no encajo', ellos ya han hecho un grupo', 'me parece que aquella chica no conectó conmigo'", explica. Pero insiste en no precipitarse. "El problema es que nuestro cerebro intenta completar muy deprisa una historia de la que todavía tiene poquísimos datos. Un primer día no predice cómo va a ser tu vida universitaria", advierte Asensio.
Leonor, una estudiante más pero no exactamente una compañera más
En el caso de la Princesa de Asturias, el segundo día de universidad tiene una dimensión añadida. La Princesa de Asturias llega al campus como una alumna nueva, pero también como una figura pública cuya imagen muchos de sus compañeros tienen de ella y que no tiene por qué ser la real. Ana Asensio cree que eso puede dificultar la espontaneidad inicial. "Para Leonor puede existir una dificultad añadida porque cuando una persona llega a un entorno siendo muy conocida, los demás no llegan completamente 'en blanco', ya tienen una imagen previa de ella, aunque nunca hayan hablado personalmente", explica. Y en su caso, esta imagen también es institucional. "Esa imagen además está construida durante años a través de los medios y de todo lo que representa institucionalmente, así que probablemente una de las dificultades sea distinguir cuándo alguien se acerca a Leonor y cuándo se acerca a 'la princesa'", analiza la psicóloga. Eso no significa, matiza, que no pueda establecer vínculos reales. "Por supuesto que puede construir relaciones espontáneas, pero posiblemente necesite algo más de tiempo para comprobar con quién puede relajarse, mostrarse de una manera cotidiana y sentir que el interés es genuino", añade.
Es posible que Leonor se plantee si algunos compañeros se acercan a ella precisamente por quién es. "Claro, y sería bastante comprensible porque somos seres curiosos y nos atrae aquello que consideramos excepcional, diferente o socialmente relevante. Seguramente habrá personas que sientan curiosidad, otras que se sientan intimidadas, algunas que eviten acercarse precisamente por quién es y otras que quieran hacerlo por esa misma razón", explica. La clave será el tiempo. "El tiempo es el gran filtro en estas situaciones porque las relaciones auténticas terminan construyéndose cuando desaparece el impacto inicial y empiezas a conocer a la persona real, la que llega cansada a clase, se ríe, se equivoca, tiene un mal día o comparte contigo una preocupación", sostiene. Y añade: "Ahí es donde dejamos de relacionarnos con la imagen y empezamos a relacionarnos con la persona".
La psicóloga también comenta la idea de que Leonor, u otras personas conocidas, se sientan uno más. "Una persona puede ser princesa, actriz, deportista, hija de alguien muy conocido o tener miles de seguidores y seguir necesitando exactamente lo mismo que cualquiera de nosotros, sentir que alguien la aprecia por cómo es cuando no está desempeñando ese rol", afirma.
Aunque el primer día haya ido bien, es muy habitual que después aparezcan dudas. Asensio lo explica con claridad. "Cuando entramos en un grupo nuevo, aumenta nuestra atención hacia las señales sociales porque queremos saber si pertenecemos, si somos aceptados y cuál es nuestro lugar", expone. A partir de ahí, comenta la autora del libro 'El cerebro necesita abrazos', "podemos empezar a analizar una conversación que probablemente para la otra persona fue completamente normal, pensar si hablamos demasiado, demasiado poco, si dijimos algo absurdo o si deberíamos haber sido más simpáticos". En este punto, la psicóloga recuerda que "los demás están bastante menos pendientes de nosotros de lo que imaginamos porque probablemente también están pensando en sí mismos y preguntándose exactamente lo mismo. A veces creemos que somos los únicos inseguros dentro de una habitación llena de personas inseguras".
Leonor, comparativa con los demás estudiantes
Una de las grandes trampas de los primeros días de universidad es querer encontrar un grupo de inmediato. Ana Asensio recomienda eliminar esa presión. "No intentaría 'hacer amigos' como objetivo inmediato porque eso mete muchísima presión; intentaría simplemente tener pequeños contactos", aconseja. Para ello, recomienda "sentarte al lado de alguien y presentarte, preguntar de dónde viene, comentar algo de la clase, proponer tomar un café o preguntar si hay un grupo de WhatsApp. Las amistades importantes muchas veces empiezan con conversaciones completamente insignificantes".
Para Ana Asensio, lo mejor es iniciar pequeños acercamientos. "Si todos esperamos a que alguien se acerque, podemos tener veinte personas deseando conocerse y veinte personas mirando el móvil. Dar el primer paso no significa forzar una amistad, simplemente facilitar que pueda ocurrir", aclara. Y comenta una de los errores principales que se pueden cometer en esas situaciones. "El error aparece cuando tenemos tanta necesidad de encajar que aceleramos la intimidad, contamos cosas personales demasiado pronto, intentamos agradar constantemente, cambiamos nuestra forma de comportarnos según el grupo o nos aferramos a las primeras personas que conocemos como si necesariamente tuvieran que convertirse en nuestros amigos", advierte.
Para quienes son más tímidos, pensar en integrarse en un grupo puede parecer un reto enorme, por eso Asensio propone este consejo: "Para una persona tímida, pensar 'voy a integrarme en ese grupo' puede resultar enorme, pero pensar 'voy a preguntarle algo a esta persona' es mucho más manejable", afirma.
La psicóloga afirma que adaptarse no es una carrera. "Hay personas que conectan rápidamente y otras que necesitan observar, conocer y sentirse seguras, y ninguna forma es mejor que la otra", explica. Además, los grupos iniciales no siempre son definitivos. "Las primeras agrupaciones cambian muchísimo. Es muy habitual que durante las primeras semanas parezca que los grupos están completamente formados y meses después sean totalmente diferentes.
Tres consejos para Leonor en sus días de universidad
Desde su experiencia, Ana Asensio da tres ideas sobre los primeros días en la universidad para tener más confianza: "El primero sería no sacar conclusiones todavía, ni sobre los demás ni sobre ti mismo, porque tienes muy poca información y así evitarías juicios inmediatos que pueden interrumpir grandes relaciones futuras; el segundo sería hacer un pequeño gesto de aproximación, aunque solo sea sentarte junto a alguien, saludar o iniciar una conversación sencilla; y el tercero, no intentar gustarle a todo el mundo". Todo por un motivo muy especial: "El objetivo no debería ser conseguir que todos te acepten, sino ir descubriendo con quién puedes sentirte tú, estar tranquilo y construir una relación recíproca. Ese cambio de perspectiva quita muchísima presión".
Para quienes hayan vuelto a casa inseguros después de su primer día, Ana Asensio envía un mensaje especialmente importante. "Que no conviertan un día extraño en una predicción sobre los próximos cuatro años. Quizá hoy hayan vuelto a casa pensando que no han conectado con nadie, que todo el mundo parecía más seguro o que la universidad no se parece en absoluto a lo que habían imaginado, pero adaptarse necesita algo que no se consigue en una sola mañana".
Más allá de las asignaturas, los créditos y los exámenes, la universidad tiene una dimensión emocional muy importante. Para Leonor y cualquier estudiante que acaba de empezar, a partir de este segundo día es cuando empieza la verdadera adaptación. "Empezamos a descubrir quiénes somos cuando dejamos de estar rodeados siempre por las personas que nos conocían desde pequeños. Aprendemos a elegir amistades, a perder algunas, a enamorarnos y desenamorarnos, a equivocarnos, a tolerar frustraciones, a pedir ayuda, a estar solos, a descubrir que podemos hacer cosas que pensábamos que no podríamos hacer y también a convivir con personas que piensan de una manera completamente diferente a la nuestra", enumera.


















