María Teresa Campos, encantada con la hija de Edmundo, ajena al desplante a sus hijas

María Teresa Campos vivió la comida con la hija de Edmundo Arrocet con una sonrisa, sin saber que sus hijas Terelu y Carmen Borrego habían sido vetadas.

La última entrega de 'Las Campos' llevó a María Teresa Campos y sus hijas a Chile, donde viajaron para conocer los orígenes y la familia de Edmundo Arrocet. Sin embargo, Terelu y Carmen vivieron un incidente inesperado: María Gabriela, la hija de Edmundo las vetó y se negó a encontrarse con ellas. Las hermanas, dispuestas a no darle un disgusto a su madre o a Edmundo, decidieron ocultar todo y justificar su ausencia diciendo que tenían que grabar por separado. María Teresa Campos, ajena al desplante, se reunió con María Gabriela y sus hijos, Edmundo y la hermana de éste, en una comida familiar.

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Encantada con conocer por fin a la hija de su pareja, María Teresa se mostró encantada en todo momento, abriendo las puertas de su casa: "Tú estás invitada cuando quieras, te lo he dicho muchas veces", repitió varias veces la presentadora. María Gabriela, sonriente, aceptó la invitación: "Para el verano estaría rico", concluyó.

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Feliz en su ignorancia, María Teresa expresó su deseo de que sus hijas pudieran reunirse con ellos antes de que acabase la comida. Ante estas declaraciones, María Gabriela se limitaba a sonreír y no decir nada. Con sus hijas en mente en todo momento, María Teresa se dirigió a la hermana de Edmundo: "Mis hijas me han dicho que se lo pasaron muy bien con tu hijo", explicó, ajena a la cara de circunstancias que ponía María Gabriela al escuchar todo. "Muy simpáticas, se lo pasaron súper bien", fueron las palabras de la hermana de Edmundo, que parecía no tener problemas con Terelu y Carmen.

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Algo que también desencadenó una muestra de muecas y gestos de María Gabriela fueron las exigencias de María Teresa Campos a la hora de pedir su comida: "El salmón ahumado, ¿puedo comerlo yo? No quiero nada verde, sin nada, en plato. Si tiene 40 cosas no quiero...", eran sus peticiones.

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Los otros protagonistas de la comida fueron los nietos de Edmundo, José y Pedro, a los que María Teresa llenó de besos. "Soy Teresa, dame un besillo, dame un besillo", les pedía con amor.

Por otro lado, Carmen y Terelu vivían el desprecio de María Gabriela con resignación y humor. Las hermanas acudieron a un mercadillo para comprar plátanos y posteriormente fueron a comer solas. "Me importa un plátano que ella no quiera vernos. De todo lo malo se saca algo bueno, porque así tengo tiempo para hacer la maleta...", expresó Terelu.

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"Para mí sería un disgustazo irme a comer cuando se ha dicho que mis hijas no vengan", declaró Terelu, que se unía al deseo de su hermana de que el incidente no trascendiera. "No quiero que se monte un circo con la decisión de María Gabriela, y si se monta que sea con ella, que es quien ha tomado la decisión", declaró Carmen, ofendida.

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Las hermanas confesaron que ante lo sucedido lo que más les preocupaba era la reacción de María Teresa y Edmundo. "Me imagino que Edmundo se llevará un mal rato... Terelu está más dolida, porque sabe que la decisión de Gabriela la va a pagar mi madre y Edmundo... Me preocupa más la reacción de mamá que la de Edmundo", fueron las conclusiones de Carmen.

Terelu, que no daba crédito, llegó a pensar que el motivo del desplante de María Gabriela podría deberse a una cuestión económica: "¿Crees que ella piensa que conocernos tiene un precio?", preguntó a Carmen. Y es que Terelu no entendía nada: “¿Pero qué le hemos hecho nosotras? Se me ha puesto mal cuerpo y todo” dijo al habla

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