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Este lunes 5 de febrero comenzaba el juicio por el caso de la presunta agresión sexual cometida por Dani Alves en el cuarto de baño de la zona Vip de una conocida discoteca de la capital catalana, la sala Sutton. Se trataría de una presunta agresión a una joven de 23 años que siguió al pie de la letra todos los protocolos que se deben llevar a cabo tras este tipo de agresiones. El jugador era trasladado en un furgón de los Mossos d'Esquada desde el módulo 13 de Can Brians 2, la cárcel en la que cumple prisión preventiva. Para la ocasión, el brasileño vestía vaqueros, una camisa blanca y en un momento del juicio, ha sentido frío y se ha abrigado con una chaqueta. El pelo lo llevaba muy corto, casi rapado al cero. Tras su declaración, este martes 6 de febrero le ha tocado el turno ha su todavía esposa, Joana Sanz.
La modelo se presentaba esta tarde al Palacio de Justicia de Barcelona de riguroso negro al acompañada en todo momento por el clan Alves. La esposa del ex jugador explicaba que la noche de la denuncia por violación ella estaba en su domicilio de Barcelona cuando el brasileño llegó pasadas las 4:00 horas de la madrugada "muy borracho". "Olía a alcohol", contaba.
"Se chocó contra el armario y se desplomó en la cama. No valía la pena hablar con él tal como venía, pensé que era mejor dejarlo para el día siguiente", continuaba explicando la modelo. Joana también señalaba en el juicio que habló con el jugador ese día por WhatsApp: "Le pregunté si iba a venir a cenar y me dijo que no. Más tarde, no lo recuerdo. El último WhatsApp fue como las once de la noche". "¿Se enfadó con él porque quería salir con él y dijo que era una noche de chicos?", le preguntaban y la modelo sentenciaba: "Eso es mentira. El día después le pregunté. Se levantó super tarde. Le pregunté qué había pasado y dijo que había estado con amigos",













