Manu Ríos es el último chico Almodóvar, icono de estilo y uno de los artistas más comprometidos de su generación, y protagonista de la portada de septiembre de Harper's BAZAAR, junto a Úrsula Corberó quien está deslumbrando en Venecia, dedicada a los grandes iconos.

El actor se ha convertido en uno de los rostros más prometedores de la escena, su paso por el fenómeno Élite de Netflix fue lo que lo confirmó como una estrella, pero lleva trabajando y soñando con el mundo del espectáculo desde que era un niño: "Siempre estaba cantando, bailando y tenía mucha curiosidad por todo lo relacionado con este mundo. Mis padres se dedican a profesiones muy alejadas de la industria. Mi madre sigue al frente de la peluquería y mi padre es electricista, ha sido conductor, encargado de obra... un manitas. Tengo mucha suerte de que junto a mi hermano me ofreciesen todo su apoyo desde el principio y entendiesen lo que yo quería hacer. Sin ellos no habría podido llegar hasta aquí", cuenta a Harper's BAZAAR.

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Harpers Bazaar

Las firmas de lujo se lo rifan y cuenta con más de 10 millones de seguidores pendientes de sus movimientos en Instagram. Incluso se ha convertido en un habitual de los desfiles más importantes del mundo, asistió a la Gala MET y es imagen de Jacquemus: "Para mí la moda es una forma de expresarme, la ropa puede hablar por ti". Pero la interpretación y la moda no son lo único que apasiona a Manu Ríos: "A los 15 años comencé un proyecto musical en Estados Unidos. Pero justo cuando ya tenía listo mi EP, me ficharon en Netflix y decidí apostar por la interpretación. Prefiero enfocarme en algo en lugar de abarcar mucho. Aunque la música es fundamental para mí y seguro que vuelvo a intentarlo".

A pesar de ser especial y tan creativo, Manu confiesa a Harper's BAZAAR que siempre se sintió comprendido por sus compañeros del colegio. Con sólo 12 años debutó en el teatro Lope de Vega de Madrid, de la mano del musical Los miserables de Victor Hugo, y poco después entró a formar parte de la banda juvenil Parchís. Nacer con una vocación tan clara, admite, supuso algún que otro sacrificio: "Recuerdo que tenía que estudiar en el coche o entre escena y escena. Cuando actuaba fuera llegaba tarde a casa y al día siguiente tocaba madrugar. Pero no siento que me haya perdido nada, lo hice porque quería".