Rodri Hernández no cumple con los cánones de lo que es un futbolista hoy en día. Cuando pensamos en ellos, muchas veces nos vienen a la mente los tatuajes, los lujos, los relojes, los cochazos y las mansiones; en definitiva, el derroche, en ocasiones, desproporcionado de dinero. Pero al madrileño, a pesar de que ha dado, junto a la Selección, el segundo Mundial a España, no se le ha subido a la cabeza. Sigue siendo el chico sencillo que juega al fútbol por verdadera vocación, más allá del dinero que le pueda brindar (que no es poco: algunos medios especializados apuntan a que su sueldo ronda los 13 millones anuales), y es que en alguna ocasión el propio Rodri ha contado públicamente que su vida ha girado, prácticamente desde que tiene uso de razón, alrededor del fútbol. "Recuerdo cuando tenía cinco años: había una piscina comunitaria en medio de nuestro barrio y un pequeño jardín. En verano, la rutina era: fútbol, ​​piscina, fútbol, ​​piscina. Volver a casa para comer. Regresar a la piscina. Volver al jardín", contó en un artículo sobre su infancia que publicó en 'The Players' Tribune', por el que también han pasado astros como Cristiano Ronaldo. Tal era su obsesión que, en ese mismo medio, desveló que, durante un campamento en Estados Unidos, dejó a todos los demás niños sorprendidos: "Pensaron que estaba loco, y a lo mejor lo estoy".

rodri (rodrigo hernandez cascante) durante el mundial de futbol 2026
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Con esa frase, el centrocampista del Manchester City, y ganador del Balón de Oro de 2024, recordó su experiencia en un campamento en mitad del bosque en Connecticut, en Estados Unidos, al que sus padres le mandaron cuando solo tenía 14 años. "En casa estaban hartos de que yo viera tanto fútbol", admitió en una entrevista que concedió a El País. Y algo similar le pasó en aquel campamento de verano, según desveló en 'The Players' Tribune'. Con su inglés algo 'chapucero', intentó hacer nuevos amigos allí, pero cuando quiso jugar al fútbol con ellos, los demás niños se rieron de él. El 'soccer', como se conoce allí, no es un deporte mayoritario como ocurre en España, por lo que nadie quiso jugar con él al balón. "Por si fuera poco, llegué allí justo cuando empezaba el Mundial de 2010. Ni siquiera podía consultar internet, así que lo pasé fatal. Sin embargo, había un pequeño ordenador en la oficina de la cabaña principal y, todos los días, les pedía a los monitores del campamento que me dijeran quién había ganado los partidos. España perdió el primer encuentro contra Suiza. Pensé que me estaban tomando el pelo", relató.

Sorprende darse cuenta de lo que ha llovido, y que aquel niño adolescente que veía los partidos del Mundial de 2010 por internet como podía en medio del campo en Estados Unidos, hoy ha levantado la Copa del Mundial 2026. "Para la final, le supliqué al monitor que me dejara verla en su ordenador. Me dijo que sí, claro. Entonces sacó el equipo y resultó tener una pantalla de unas 10 pulgadas. ¿Recuerdas esos miniportátiles? Pues era uno de esos. Diminuto. Yo pensaba: 'Es precioso. Me da igual. Solo déjame verla'. No sé cómo lo conseguimos, porque estábamos en medio del bosque, pero debí de encontrar algún 'streaming' —a lo mejor no del todo legal— y vi la final rodeado de estadounidenses a los que no les importaba lo que estaba pasando. Cuando marcó Iniesta, literalmente empecé a gritar, salí corriendo y di una vuelta al lago a toda velocidad. [...]. Pensaron que estaba loco, y a lo mejor lo estoy", confesó Rodri.

¿Por qué Rodri Hernández no tiene redes sociales?

Llama mucho la atención que, en plena era digital, y donde las redes sociales son también una fuente de ingresos para famosos como él, no tenga una cuenta en TikTok o Instagram. Pero él mismo ha confesado que todo eso le da igual, y que prefiere el contacto real al 'postureo' de las redes sociales. Una decisión que tiene mucho que ver con la educación que recibió en casa.

el futbolista rodri hernandez de joven
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Rodri, que ya levanta la Copa del Mundo de Fútbol, es el actual capitán de la Selección.

"A veces los chicos se meten conmigo por ser 'normal'. Es curioso, porque si le preguntaras a mi mujer o incluso a mi madre, dirían que soy todo menos normal. Cuando se trata de fútbol, ​​soy un adicto. Si soy normal, probablemente sea en el sentido de que no me interesan las redes sociales ni las zapatillas de 400 euros. Desde niño, simplemente me han interesado más las 'sensaciones'. Nunca dije: 'Quiero ser futbolista para tener un Ferrari". Era porque lo que mis ídolos hacían en el campo me hacía sentir vivo'", desveló en el citado medio deportivo.

Una carrera universitaria: lo innegociable para los padres de Rodri Hernández antes que el fútbol

La obsesión de Rodri por jugar al fútbol hizo que sus padres tomaran una decisión; no valían las excusas: podía jugar y profesionalizarse todo lo que quisiera cuando el Villarreal llamó a su puerta, siempre que fuese a la universidad. Tras estudiar en el Colegio Internacional Kolbe de Villanueva de la Cañada (Madrid), se matriculó en Administración y Dirección de Empresas en Castellón de la Plana para poder compaginar ambas cosas. "Hice un pacto con mis padres cuando era muy joven. No sé si llegamos siquiera a hablarlo explícitamente; simplemente se daba por sentado. Si quería perseguir mi sueño de jugar al fútbol, ​​también tenía que ir a la universidad. Así que, a los 17 años, me fui de Madrid a Villarreal y me matriculé en la Universidad Jaume I. El primer año viví en la residencia de la academia del Villarreal con mis compañeros de equipo. Pero, al cumplir los 18, ya te consideran 'mayor' y tienes que buscarte tu propio apartamento. Y eso hice: me fui a la residencia de estudiantes", contó.

rodri hernandez
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La residencia estaba demasiado lejos de la ciudad deportiva del Villarreal para ir andando, pero tampoco podía pagar un taxi cada día. Por eso iba en bici hasta el tranvía, subía la bicicleta y después volvía a pedalear hasta el entrenamiento. Rodri le pidió a su padre que le buscara un coche barato. Con 4.000 euros que tenía ahorrados, pagó un Opel Corsa de segunda mano que sus compañeros de equipo tomaban a broma. A él no le importaba. "Mis compañeros se burlaban de mí, pero a mí me encantaba", recordó. De nuevo, el Rodri más sencillo volvía a salir a la luz.