Rodri Hernández no siempre fue el capitán sereno que hoy lidera a la Selección Española en el Mundial 2026. Junto a un Lamine Yamal que vive esta experiencia sin su padre, se enfrentará a Francia en las semifinales para lograr un hueco en la gran final. Antes del Balón de Oro, del Manchester City y de convertirse en uno de los jugadores más importantes del mundo, hubo un niño extremadamente exigente, un adolescente descartado por el Atlético de Madrid y un joven que llegó a pensar que su sueño se terminaba. "Un día dije 'basta' y llamé a mi padre llorando", recordó en el discurso del Balón de Oro al hablar de su etapa en Villarreal. Misma reacción que su compañero Ferran Torres vivió en su infancia.
Rodrigo Hernández Cascante nació en Madrid el 22 de junio de 1996. Creció en una familia que siempre le exigió mantener los pies en el suelo y no separar el fútbol de los estudios. Esa idea explica una parte fundamental de su personalidad pública. Rodri nunca ha encajado del todo en el estereotipo de futbolista estrella. No tiene redes sociales y estudió Administración y Dirección de Empresas en la Universidad de Castellón.
La autoexigencia de Rodri desde niño
Repasando las infancias de jugadores como Pedri, Pedro Porro, Unai Simón o Álex Baena,
todos tienen en común el haber vivido con presión desde que dieron la primera patada al balón, pero Rodri va mucho más allá. La autoexigencia apareció pronto. En un texto escrito en primera persona para The Players Tribune, Rodri contó que, de niño, el fútbol ya le afectaba de una manera desproporcionada para su edad. "Con 10 años, si jugaba un partido y no lo hacía bien, no podía hablar con mis padres en todo el día", escribió. Rodri relató que su madre no terminaba de entender por qué un niño podía sufrir tanto por un partido. Su madre debía de mirarle pensando qué le pasaba si, al fin y al cabo, "era solo un juego". Pero para Rodri no lo era. El fútbol se había convertido desde muy temprano en una forma de vida. Desde pequeño, Rodri se interesó por entender el fútbol: "En mi casa estaban hartos de que yo viera tanto fútbol", confesó en una entrevista en El País.
Su formación empezó en Madrid. Pasó por el Rayo Majadahonda y después entró en la cantera del Atlético de Madrid, club en el que estuvo entre 2007 y 2013. Allí vivió uno de los primeros golpes importantes de su carrera. El Atlético dejó de contar con él cuando todavía era adolescente porque físicamente no respondía al perfil que esperaban. En aquel momento era demasiado bajo para lo que el club buscaba.
A los 17 años llegó el traslado a Villarreal. Fue una decisión deportiva y vital. Rodri hizo las maletas para perseguir su sueño, pero también se encontró con una vida nueva, lejos de casa y con una exigencia que por momentos le superó. Esa es la etapa a la que se refería en su discurso del Balón de Oro, cuando recordó que un día llamó a su padre llorando porque sentía que todo se venía abajo. "Un día dije basta. Llamé a mi padre llorando y con la sensación de que todo había acabado". Su padre le respondió que si había llegado hasta allí, no iba a tirar la toalla.
Hubo entonces un pacto familiar. Si quería perseguir el sueño del fútbol, también tenía que estudiar. Lo contó en The Players' Tribune, donde explicó que sus padres le dejaron claro que la universidad no era negociable. Se matriculó en Administración y Dirección de Empresas en la Universitat Jaume I de Castellón y compartió residencia con otros estudiantes mientras empezaba a abrirse paso en el fútbol profesional. Su vida en Castellón no se parecía a la de una futura estrella. Rodri vivía en una habitación sencilla, sin grandes comodidades, y que muchos compañeros ni siquiera sabían que jugaba al fútbol de verdad. Entrenaba por la mañana, iba a clase por la tarde y por la noche convivía con estudiantes que tenían una vida mucho más normal que la suya. Cuando le preguntaban por qué no salía, su respuesta era simple: tenía entrenamiento al día siguiente.
La residencia estaba demasiado lejos de la ciudad deportiva del Villarreal para ir andando, pero tampoco podía pagar un taxi cada día. Por eso iba en bici hasta el tranvía, subía la bicicleta y después volvía a pedalear hasta el entrenamiento. Rodri le pidió a su padre que le buscara un coche barato. Apareció un Opel Corsa de segunda mano que sus compañeros de equipo tomaban a broma. A él no le importaba. "Mis compañeros se burlaban de mí, pero a mí me encantaba", recordó.
De las dudas en Villarreal al Balón de Oro y la capitanía de España
El Villarreal fue el club que le abrió de verdad la puerta del fútbol profesional. Allí debutó en Primera División y empezó a construir el perfil de mediocentro que después llamó la atención del Atlético de Madrid. Su regreso al club rojiblanco en 2018 tuvo un componente especial: volvía al equipo que lo había dejado marchar cuando era un adolescente, pero ya como un futbolista preparado para competir al máximo nivel. Con Diego Simeone incorporó una capa más a su juego: agresividad, concentración y competitividad.
El paso por el Atlético fue breve, pero decisivo. En 2019 fichó por el Manchester City de Pep Guardiola, el entrenador que terminó de pulir su fútbol. En Manchester también sufrió golpes duros. Perdió la final de la Champions de 2021 contra el Chelsea. Después del partido, al ver a sus padres y a sus hermanos, se quedó sin poder hablar. Dos años después marcó el gol que dio al Manchester City la primera Champions League de su historia. Su carrera dio otro salto cuando ganó la Eurocopa con España y, más tarde, el Balón de Oro.
















