'Nueva vida, nuevo look'. Esta es una de las frases que más veces se repite después de una ruptura sentimental. Sin embargo, detrás de esa visita a la peluquería puede existir mucho más que el simple deseo de estrenar imagen. Paz Vega, después de poner fin a su relación de más de dos décadas con Orson Salazar, ha sorprendido con un corte de pelo, estilo 'mixie', que sirve como punto de partida para preguntarnos por qué sentimos tantas veces la necesidad de transformar nuestro aspecto cuando nuestra vida también está cambiando. Sin atribuir a la actriz una motivación (Paz acaba de confesar que se lo ha hecho "para estar fresquita" este verano), la psiquiatra Ana Isabel Sanz, directora del Instituto Psiquiátrico Ipsias y del departamento de Psiquiatría del Centro de Rehabilitación Dionisia Plaza de Madrid, explica que cortarnos el pelo puede convertirse en un acto simbólico con el que recuperar el control, visualizar el final de una etapa y proyectarnos hacia el futuro. Lo hemos visto en películas, entre nuestras amigas e incluso puede que lo hayamos hecho nosotras mismas. "No hacemos borrón y cuenta nueva, porque nuestra historia no desaparece, marcamos un punto y aparte y tomamos impulso para comenzar una etapa diferente", asegura la experta.

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Cedida.
La psiquiatra Ana Isabel Sanz, directora del Instituto Psiquiátrico Ipsias y del departamento de Psiquiatría del Centro de Rehabilitación Dionisia Plaza de Madrid.

Para Ana Isabel Sanz existe una explicación psicológica detrás de ese comportamiento y en absoluto responde solo a un mito o a un tópico. "El cambio de pelo tras una ruptura puede reflejar una necesidad interna de recuperar el control de nuestra vida mientras cerramos una etapa y proyectamos una nueva identidad", nos comenta la psiquiatra. Modificar algo externo puede ayudarnos a gestionar un dolor que, en realidad, es interno e invisible y, al mismo tiempo, marcar visualmente un nuevo comienzo.

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Paz Vega, en una imagen de archivo, con el pelo como lo llevaba hace unos meses.

El motivo por el que cambiamos de imagen tras una separación

Pero... ¿Por qué el pelo cuando podemos estrenar vestido o cambiar de maquillaje? Para la experta, pocas transformaciones tienen el impacto visual de un corte radical de pelo. "Tiene un carácter más permanente que la ropa o el maquillaje, que podemos poner y quitar inmediatamente. Cortarse el pelo implica también un pequeño sacrificio y un desprendimiento. Culturalmente, encontramos muchos ejemplos de esa carga simbólica: pensemos, por ejemplo, en los toreros cuando se cortan la coleta para marcar el final de una etapa. Incluso podemos hacer una lectura más literaria: el cabello crece aproximadamente un centímetro al mes y, simbólicamente, contiene la memoria de un determinado periodo de nuestra vida. Cortarlo puede representar desprendernos de parte de esa historia y renovar nuestra energía", señala Sanz.

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Europa Press
La actriz Paz Vega el 9 de agosto de 2026.

Una ruptura amorosa puede provocar la sensación de haber perdido el control sobre nuestra propia vida, incluso cuando somos nosotros quienes hemos decidido poner fin a la relación. Ahí aparece otro de los posibles significados del cambio de imagen. "El cambio de imagen puede servir para marcar algo que sí elegimos nosotros y restituir, en cierta medida, esa sensación de poder sobre nuestra propia biografía", analiza la psiquiatra. Escoger un corte, un color o una nueva forma de vestir supone tomar una decisión activa en un momento dominado por la incertidumbre. Y, además, establece visualmente un antes y un después. El espejo funciona entonces como una prueba visual de que esa transformación que buscamos ha comenzado. "El espejo se convierte en una especie de prueba visual de que los cambios que deseamos están comenzando a producirse y de que está apareciendo ese nuevo yo con el que queremos identificarnos. También permite que nuestro entorno perciba que algo ha cambiado y nos devuelva cierto reconocimiento, atención o cariño en un momento en el que podemos sentirnos especialmente vulnerables", asegura la experta.

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Ana Isabel Sanz explica que una vida en pareja implica inevitablemente negociaciones, rutinas e influencias mutuas. Cuando esa relación desaparece, puede comenzar un proceso de redescubrimiento. "Cambiar nuestra apariencia después de una ruptura puede significar recuperar cierta independencia a la hora de decidir qué aspecto queremos tener, explorar otras formas de expresar nuestro yo y buscar aquello con lo que nosotros nos identificamos", sostiene.

Después de una separación, también podemos querer estar especialmente guapos para demostrar al otro que hemos pasado página o que seguimos siendo deseables. Ana Isabel Sanz reconoce que ese componente puede aparecer y no tiene por qué resultar problemático si ocupa un lugar anecdótico dentro del proceso. El problema comienza cuando el ex continúa condicionando nuestras decisiones. "El cambio de imagen debería contribuir a poner un punto final a la relación, no a mantenerla presente. Si seguimos tomando decisiones pensando constantemente en qué le parecerán al otro o qué reacción provocarán en él, podemos estar prolongando innecesariamente el duelo", afirma.

Cuidado con cambiar de imagen por impulso

La experta también advierte sobre cambiar de imagen por impulso. "Todo aquello que hacemos compulsivamente corre el riesgo de no cumplir realmente la función que buscamos y de llevarnos de una estrategia de evasión a otra. Por eso es importante concedernos un momento de reflexión y preguntarnos si estamos tomando esa decisión por motivos bien fundamentados o por una necesidad irrefrenable de escapar del dolor", analiza.

Ana Isabel Sanz también observa qué ocurre después del cambio. Nos miramos al espejo, nos encanta, llegan los cumplidos y durante unos días parece que realmente todo ha cambiado. Pero nuestros problemas continúan ahí. "Después de la ilusión inicial y del 'subidón' que puede producir un cambio muy drástico, puede aparecer un movimiento contrario de frustración, algo que podríamos denominar una especie de resaca emocional. Es más probable cuando habíamos depositado expectativas demasiado elevadas o irreales en esa transformación. A medida que lo nuevo se convierte en rutinario, la sensación inicial de recuperar el control pierde intensidad y puede aparecer cierto vacío o incluso dificultades para identificarnos con nuestra nueva imagen", expone la psiquiatra.

La especialista reconoce que no estamos ante una regla psicológica ni ante un simple mito, sino que existe una asociación frecuente entre el final de un ciclo afectivo y la necesidad de exteriorizar ese cambio mediante nuestra imagen. Esto puede reforzar nuestra autoestima, ayudarnos durante el duelo y hacernos sentir que volvemos a tomar determinadas decisiones sobre nuestra vida. Pero hay que tener en cuenta que eso no hace desaparecer lo vivido y deja claro que "no hacemos borrón y cuenta nueva, porque nuestra historia no desaparece. Marcamos un punto y aparte y tomamos impulso para comenzar una etapa diferente". Por eso, concluye, esa sea la mejor manera de entender ese corte de pelo que tantas veces llega después de una separación: no como un intento de borrar quiénes fuimos, sino como una forma de empezar a decidir quién queremos ser a partir de ahora.