María Dueñas ha recordado en el podcast 'A qué suena la vida' de la cadena Ser, durante su conversación con Pablo Tallón, cómo eran aquellos veranos de su infancia en una familia numerosa y siempre abierta a recibir a más gente. "Sabían a sandía, jardín, piscina, calor, muchos niños y una familia muy amplia donde siempre cabía el que apareciera por la puerta", cuenta la escritora, que creció como la mayor de ocho hermanos y que conserva de aquellos años recuerdos vinculados a su casa, su familia y los libros. La autora de 'El tiempo entre costuras' nació en Puertollano, aunque está muy ligada también a Cartagena, y ha construido una carrera literaria marcada por grandes historias y escenarios internacionales que han llegado a millones de lectores, como en esta novela histórica imprescindible de 544 páginas, y ha influido en muchas más, como este colosal libro de más de 500 páginas lleno de secretos, esta icónica novela de época que ha inspirado varias películas o un precioso libro de la escritora Nora Ephron que es un libro de culto en España y se puede leer en un fin de semana. Pero antes de convertirse en una de las escritoras más leídas de nuestro país, María Dueñas fue una niña dentro de una familia enorme, un entorno que, según reconoce, marcó su manera de ser.

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Patricia J. Garcinuño//Getty Images

"Marca todo lo que somos en la niñez y de dónde venimos y quién nos trae al mundo, quién nos acompaña en esos primeros tiempos", reflexiona la escritora cuando le preguntan por sus orígenes y por el peso de haber crecido entre ocho hermanos. Con los años, María Dueñas admite que es cada vez más consciente de la importancia de esa primera etapa. "A medida que cumplo años, cada vez soy más consciente de lo importante que es", explica.

María Dueñas: "Vengo de una familia muy numerosa, de ocho hermanos. Soy la mayor y tuve unos padres estupendos"

María Dueñas habla de sus padres con gratitud y destaca una de las cosas que mejor supieron transmitirles: "Yo vengo de una familia muy numerosa, de ocho hermanos, yo soy la mayor y tuve unos padres estupendos en muchos sentidos", recuerda. Entre todo lo que les dejaron, subraya "esa idea de cohesión familiar" que todavía hoy mantiene unidos a los hermanos, pese al paso del tiempo, las pérdidas y los caminos distintos de cada uno. La escritora asegura que siguen siendo "una familia muy unida, muy cercana, muy cómplice en casi todo". Ese vínculo, dice, viene de aquellos orígenes y de una manera de entender la vida doméstica que sus padres practicaban con naturalidad. "Hemos recuperado un poco ese legado de nuestros padres, de tener casas abiertas, de tener planes comunes y de hacer vida conjunta", cuenta.

En esa organización familiar, María Dueñas reconoce que aún conserva algo de su papel de hermana mayor, aunque matiza que no lo ejerce sola. "Somos cuatro chicas y cuatro chicos, y como las mayores somos mujeres, pues somos un poco las que tiramos del carro organizativo", explica. Ya todos son adultos y cada uno tiene su vida independiente, pero ella admite que, junto a sus hermanas, a veces le toca ejercer "como de cheerleader" familiar.

María Dueñas sobre los veranos de su infancia: "Sabían a sandía, jardín, a piscina, calor y muchos niños"

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Gema Checa / HEARST

Al hablar de sus veranos de infancia, María Dueñas dibuja una escena muy reconocible de otra época. "Sabían a sandía, jardín, a piscina, a calor, muchos niños", recuerda. Eran ellos, los ocho hermanos, pero también los primos que empezaban a aparecer cuando llegaban las vacaciones, después los amigos, más tarde los novios y, en general, todo el que se sumara al plan. La imagen que conserva es la de "una familia muy amplia, muy elástica", donde no se cerraba la puerta a nadie. "Aunque no hubiese sitios, nunca se decía que no lo había", cuenta.

Sus recuerdos tienen también mucho de verano antiguo. La escritora evoca las comidas en el jardín, bajo una parra, y las tardes dentro de casa, con las peleas normales entre hermanos por la televisión. "Yo recuerdo perfectamente comer en el jardín debajo de una parra y después meternos en casa dentro y pelearnos entre los hermanos y las hermanas", relata. También discutían por la televisión. "Los hermanos querían ver la Vuelta Ciclista y nosotras queríamos ver 'Falcon Crest' o lo que hubiera en la tele, en aquellas teles de dos cadenas nada más de entonces", recuerda. Dueñas describe aquellos veranos como "muy lentos, muy lentos, a veces muy aburridos, pero porque no pasaba nada". Y añade una frase que resume el valor que ahora tienen esos recuerdos: "Pero qué gusto, claro, ahora se les echa de menos".

Los libros en casa de María Dueñas que pasaban de un hermano a otro

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Lalo Alvarez

En esa infancia también había literatura. María Dueñas recuerda las lecturas de cuando eran niños y preadolescentes, con aquellos libros que circulaban por la casa y pasaban de unos hermanos a otros. "Había las lecturas de aquellos años, cuando éramos niños y preadolescentes, aquellos libros de 'Los cinco', de 'Los siete', de Enid Blyton", cuenta. En una familia de ocho hermanos nacidos en apenas doce años, los libros no pasaban exactamente "de generación en generación", pero sí de mano en mano. "Los iban leyendo unos detrás de otros", explica.

Dueñas recuerda incluso que muchos de aquellos libros siguen todavía en la casa de sus padres. La familia ya no vive allí, pero ha mantenido la casa "como fue, con sus muebles, con sus cosas". Ella intentó alguna vez llevarse aquellos ejemplares porque, como era la primera que llegaba a ellos, les escribía su nombre en la primera página. Sin embargo, su madre se lo impidió. "Me dijo: 'No, no, estos libros son de casa, son colectivos'", recuerda. Y por allí siguen todavía.

María Dueñas y una infancia sin grandes planes de futuro

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Beatriz Velasco//Getty Images

Cuando Pablo Tallón le pregunta en la cadena Ser cómo imaginaba su vida adulta, María Dueñas reconoce que de niña no hacía grandes planes. "Cuando eres niño, estás centrado en tu presente y en que la vida fluya de hoy a mañana", explica. Lo que sí tenía claro, por el tipo de familia en la que creció y por la educación de sus padres, es que estudiaría una carrera universitaria y trabajaría.

Ese punto era especialmente importante para las mujeres de su familia. Dueñas recuerda que su madre trabajó siempre y que, por tanto, nunca se cuestionó que las chicas de la casa fueran también profesionales. "Estaba claro que las chicas de la familia íbamos a ser profesionales, cada una en lo que eligiera", cuenta. A la hora de elegir camino, pronto tuvo claro que lo suyo eran las letras. "La lengua me encantó siempre, todo lo que fueran letras, humanidades, me encantó siempre", reconoce. Las matemáticas, en cambio, no eran su terreno. "No era nada buena", admite. Incluso confiesa que en algún momento le habría gustado estudiar Arquitectura, pero acabó alejándose de esa opción porque quería quitarse las matemáticas de encima.

Aquella decisión no entusiasmó a su padre al principio. "A mi padre le habría encantado que fuese arquitecto y no filólogo", cuenta. Sin embargo, después la acompañó en sus siguientes decisiones vitales y terminó sintiéndose muy orgulloso de su camino. Dueñas acabó estudiando Filología Inglesa, una elección que la llevaría primero a la universidad, después a la docencia y, mucho más tarde, a la literatura.