Dicen que la vida pasa más despacio en los pueblos, y Antonio Resines parece que lo sabe bien a juzgar por el destino que escogió para instalarse en sus escapadas al norte. El cántabro, nacido en Torrelavega, ha tenido una carrera de éxito en la actuación, a la que llegó casi de casualidad cuando estudiaba 1º de Derecho en la universidad (carrera que dejó para cumplir su sueño de ser actor), pero nunca vivió despegado de sus orígenes. Su familia se trasladó a Madrid cuando él solo tenía unos meses de vida para buscarse un mejor porvenir, y aunque él siempre se ha criado y ha vivido en Madrid, al final se ha visto refugiándose en su Cantabria natal una y otra vez, donde ha encontrado una pequeña aldea, a solo 1 km de Comillas (donde está situado uno de sus restaurantes favoritos) y de apenas 150 habitantes: Trasvía.
Esta pequeña localidad es, en realidad, una entidad singular de población, aunque comúnmente se le conoce como pedanía, que se encuentra a alrededor de 1 kilómetro de Comillas, uno de los pueblos costeros más conocidos de Cantabria. Su pequeño tamaño no le resta encanto, pues está completamente rodeado de verdor, a solo unos metros de las playas de Oyambre y La Rabia, y su altura (unos 60 metros sobre el nivel del mar) hace que se tenga una preciosa vista del mar, pero también de las montañas hacia el interior. Además, su parroquia, de estilo románico, data del siglo XVIII.
Trasvía ha sido el lugar escogido por Resines para tener su casita de verano, aunque durante todo el año, cada vez que tiene oportunidad, se marcha igual. Allí estuvo, por ejemplo, el pasado septiembre con su gran amiga Maribel Verdú, con la que tiene una preciosa relación de amistad desde hace 40 años.
Qué ver y hacer en Trasvía, el refugio de Antonio Resines en Cantabria
Esta pequeña localidad costera es perfecta para desconectar, ya sea yendo a la playa, haciendo una ruta por el campo que la rodea, o simplemente disfrutando de las vistas por el día o del cielo estrellado por la noche. Allí, el único ruido es el de la brisa del mar y el de las olas rompiendo en la costa, por lo que es un sitio especialmente bueno para dormir por las noches y dejar las preocupaciones en la gran ciudad. Además, hay hospedajes, pensiones y casas donde descansar cómodamente sin gastar demasiado.
Sus alrededores son donde está el 'jaleo': evidentemente, Comillas es el lugar a visitar, donde existe una mayor oferta gastronómica o donde disfrutar un poco del gentío y los bares mientras visitamos sus calles, alucinamos con la magnificencia de la fachada de su universidad -de estilo neogótico con influencias mudéjares y toques modernistas- o visitamos El Capricho de Gaudí, una residencia de verano que diseñó para el marqués de Comillas, y que hoy está abierta al público (con una entrada de 7 €) para visitar con guía o libremente con audioguía. El mismo marqués también encargó la construcción del Palacio de Sobrellano al arquitecto Joan Martorell, que también se puede visitar.
Si cogemos un poco el coche, podemos ir a visitar San Vicente de la Barquera, también con mucho encanto, o la inmensa playa de Gerra. Si prefieres caminar por el campo, la ruta hasta la ermita de San Esteban es la indicada, y desde allí podremos disfrutar de las vistas más bonitas de la costa cántabra. Y en cuanto a la gastronomía, si nos queremos dar un verdadero capricho, el Cenador de Amós, con tres estrellas Michelin, es el lugar a visitar. Por allí pasaron Antonio Resines y Maribel Verdú en una de sus escapadas al norte con amigos en común, y en el que podremos saborear platos como el cornete de alga nori con helado de ostras, caviar y sésamo; anchoa de Cantabria costera en mantequilla pasiega; quesuco vegetal con suero de espárrago blanco, bonito ahumado y polvo helado de almendra o la cuajada de bacalao con cristal de pimiento. Sin lugar a dudas, toda una experiencia para el paladar.


















