Es una de las grandes promesas del fútbol español y su talento precoz ha llamado la atención internacionalmente. Lamine Yamal, que cumplió 19 años durante el pasado Mundial de Estados Unidos, Canadá y México, ha logrado ser una figura en su deporte apenas al inicio de su carrera como profesional. La fama y el prestigio en su trabajo han ido de la mano, pero, pese a los notables beneficios personales y económicos que ha obtenido desde que debutó con el primer equipo del Barça, y la reafirmación de su buen hacer al ser parte de la Selección Española que ha ganado la última Eurocopa y también la Copa del Mundo, el catalán sigue manteniendo un vínculo muy importante con su origen. A pesar de haberse criado entre Mataró y Granollers, ha convertido en su refugio, precisamente, la ciudad que le vio nacer.
El refugio de Lamine Yamal es un rincón medieval de tradición ceramista con una rica gastronomía
Está al suroeste de Barcelona, rodeado por Sant Just Desvern, Cornellà de Llobregat y L'Hospitalet de Llobregat. La localidad que ha logrado que Lamine Yamal se sienta realmente en casa ha sido Esplugues de Llobregat. Allí nació el 13 de julio de 2007, donde se establecieron sus padres, Mounir Nasraoui y Sheyla Ebana, originalmente a su llegada a España. Por destino o casualidad, cuando Gerard Piqué y Shakira quisieron deshacerse de su vivienda en el municipio, Lamine estuvo rápido y se hizo con ella, regresando así a su primer hogar, lo que ha hecho especialmente emocionante este particular 'cierre' de su círculo de éxito personal, por lo que, probablemente, ese sea su rincón favorito para descansar y disfrutar de su familia y su novia, Inés García.
Lo especial de Esplugues es que se trata de una localidad de lo más interesante, ya que, además de haberse integrado de forma orgánica en el área metropolitana de Barcelona, fruto de la ampliación progresiva de los barrios periféricos de la ciudad, tiene una riqueza cultural y gastronómica impactante. Históricamente, tiene un atractivo llamativo, ya que tiene vestigios (aún evidentes) de su período medieval, pero también edificios más modernos que aún se pueden visitar.
Para que la localicemos en el espacio-tiempo, las primeras referencias del nombre de Esplugues se remontan al siglo X, cuando la zona del Baix Llobregat se componía de asentamientos agrícolas, lo que explica la gran proliferación de masías, una de las edificaciones campestres típicamente catalanas más populares, con el paso de los siglos. Para quienes estén familiarizados con la localidad, será común identificar a día de hoy Can Cortada. Como explican en la página oficial del Ayuntamiento de Barcelona, está catalogada como 'bien cultural de interés local' y fue construida sobre los restos de una villa romana del siglo I como castillo medieval propiedad de los señores de Horta, época de la que aún se conserva la antigua torre de defensa del siglo XI. Posteriormente, perdió su función defensiva, pasando a ser sede esencial de una zona agrícola, hasta tomar su nombre actual tras la compra de Joan Baptista Cortada en 1711. Actualmente alberga un restaurante del Grup Travi, especializado en cocina catalana.
Pero no es el único vestigio medieval de la ciudad. También se puede encontrar el castillo de Picalquers, esta vez al pie de la montaña de Sant Pere Mártir, que fue propiedad de la familia Picalquers ya en el año 1165. En 1706 sufrió daños por las tropas borbónicas, siendo restaurada después como la Torre de los Leones, que es como se puede observar actualmente.
Pero no solo de edificios de origen militar se alimenta el patrimonio de Esplugues. Entre los grandes vestigios de índole religiosa está el Monasterio de Montsió, de los pocos fundado por monjas dominicas en el siglo XIV en Barcelona que, curiosamente, con el crecimiento de la ciudad, acabó desplazado a la localidad vecina y reconstruido piedra a piedra. Lo más impresionante de la construcción es el magnífico claustro gótico del siglo XIV, también visitable.
Pero si algo marca de verdad el patrimonio cultural de Esplugues es su vínculo con la cerámica, hasta el punto de que tienen un museo, el de La Rajoleta, dedicado exclusivamente a este arte. Aprovechando la conservación de la antigua fábrica de cerámica Pujol i Bausis, conocida tradicionalmente como La Rajoleta, se puede recorrer el legado ceramista de la localidad, que tuvo una importancia vital en la obra del mismísimo Antoni Gaudí, pero también de otros arquitectos modernistas como Domènech i Montaner, Gallissà y Puig i Cadafalch.
Pero, como avanzábamos, si Esplugues se ha convertido en refugio para Lamine Yamal es porque la oferta sociocultural de la localidad es tan completa que también incluye grandes opciones gastronómicas, en las que el aprovechamiento del producto de proximidad, que saca el máximo partido de productos de la huerta local como las alcachofas, los espárragos o las cerezas, además de los típicos calçots, junto con la apuesta por carnes de la zona a la brasa, hacen de este municipio un lugar excepcional para vivir tranquilo, con todo lo necesario al alcance y Barcelona a tan solo 17 minutos en coche y 27 en transporte público.

















