Maruja Torres: "Ahora mi meta es ser una vieja descarada"

La escritora se sincera en esta entrevista con nuestra colaboradora Rosa Villacastín.

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La escritora se sincera en esta entrevista con nuestra colaboradora Rosa Villacastín.

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La entrevista

Autora de una docena de libros, en el último, Maruja Torres narra su reinvención después de más de 30 años en el diario “El País”, su infancia en el Raval, uno de los barrios más típicos de Barcelona, y su ir y venir por la vida, siendo como es una avispada reportera y analista de la actualidad. De fino olfato, no ha perdido las ganas de seguir contando todo lo que ve.

-¿Le sorprendió la abdicación del Rey?
-Lo que tengo claro es que estamos en el final de una época, la Transición. Y que con esta operación lo que se ha pretendido es salvar los muebles. Don Felipe haría bien en escuchar lo que se dice en la calle, porque estamos en un momento en que la gente no se calla.

-¿Ha hecho bien el Rey pasando página?
-Sí, porque viéndole en televisión cuando estaba explicando las razones por las que se iba yo le he notado muy hinchado, igual no está bien de salud. Por lo tanto, me parece bien.

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La entrevista

-¿Y el Príncipe, qué opinión le merece?
-Sólo estuve cenando una noche con él. Cuando me dieron el Premio Cuco Cereceda, coincidimos y estuvo muy educado, y eso que la mesa que compartimos era terrible porque estaban Emilio Ybarra, el banquero, que era el que ponía las pelas del premio; los periodistas Cándido –ya fallecido–, que sólo miraba al plato, y Miguel Ángel Aguilar, que iba por libre, y a la mínima que me descuidaba se ponían a hablar de yates. Y claro a mí, que soy una republicana convencida, todo aquello me hacía mucha gracia.

-¿Cree que España se regiría mejor siendo una república?
-Ahora, no nos viene bien nada, y lo que más nos conviene es empezar por limpiar toda la corrupción que hay en las instituciones y en todo lo demás. Porque hay que ver cómo está el patio.

 -Que una periodista llegue a reinar parece de novela rosa.
-Si yo fuera Letizia, no me hubiera casado con un príncipe. ¡Lo que tiene que sufrir esa criatura en esos actos castrenses, con traje largo y mantilla! Aunque si te digo la verdad, no me importa lo que les pase a ninguno de ellos.

-¿Su libro es un ajuste de cuentas?
-Con la vida, en el sentido de que hago mucha autocrítica, porque hay cosas que no había contado y quería contar.

 

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La entrevista

 

-¿Le ha servido nacer en un barrio pobre?
-Mucho. Yo era chica de barrio asomada a un balcón observando todo lo que pasaba en la calle. Aunque lo que más me ha servido han sido las prohibiciones de mi madre y de las beatas.

-¿Ese es el origen de su rebeldía?
-Sí, porque yo veía que mi madre quería que yo hiciera lo que ella había hecho: casarme, tener hijos, todo lo que a ella le había hecho muy desgraciada, y claro, yo sólo quería huir de aquello.

-Habla de un padre bebedor y distante.
-Cuento cómo fue todo porque son cosas que me pertenecen, y mi padre era así, y mi madre lo soportaba.

-¿Le marcaron esas vivencias?
-Me marcó ese asiento siempre vacío en la mesa. Luego, la enfermedad de mi madre, que tuvo un derrame cerebral. Yo siempre tuve la pena de no quererla, porque no había respondido a mis expectativas, pues cuando se fue mi padre pensé que ella y yo íbamos a ser felices.

-¿No lo fueron?
-No, porque era un fracaso que mi padre nos abandonara. Así lo consideraba mi madre, como un fracaso personal.

 -¿El cine le rescató de ese ambiente?
-Al cine iba antes de saber leer. De mi madre he heredado que era muy novelera y le gustaba mucho el cine.

 

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La entrevista

-Con la Transición todo cambia.
-Reprocho a los socialistas –y eso que José María Maravall fue un buen ministro–, que no aprovecharan ese momento histórico para poner los mimbres del futuro: unas escuelas con el espíritu de la República, que tan buenas maestras y periodistas dieron.

-¿La República y la Transición han sido aliadas de la mujer?
-Sobre todo porque las mujeres empujábamos, estábamos en la calle, gracias al feminismo, pero no fue sólo en España, fue en todo el mundo. Por eso, creo que los socialistas lo hicieron todo a medias. Claro que tampoco sé como lo hubieran hecho los comunistas de estar en su lugar.

-¿Qué les faltó por hacer?
-Dejar las cosas de tal manera que después no viniera el Gallardón de turno a darle la vuelta a todo.

-¿Hay un retroceso social?
-Sobre todo en Educación y Sanidad y en costumbres como el sexo. Ahora hay una injerencia total de la iglesia católica y unos “meapilas”, como el Ministro del Interior, que condecora a las vírgenes, porque son muy beatos e intentan que lo seamos todos los demás.

-¿La mujer es más conformista?
-No, lo que hay es el producto de una desidia en lo feminista y un bombardeo televisivo de la publicidad que ensalza valores trasnochados. Me cuentan que en los institutos hay una sumisión total de las niñas hacia los niños. Eso es terrible.

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La entrevista

-¿Es la raíz de la violencia de género?
-Puede ser, porque a la que te descuidas un poco te machacan.

-¿Ahora cuáles son sus metas?
-Ser una vieja descarada, decir lo que pienso, lo de siempre pero más mayor.

-¿Y eso le supone una mayor liberación?
-Completamente, y eso que nunca he sido reprimida, pero me gusta llegar a vieja sin serlo. Algo que nada tiene que ver con los años sino con la inteligencia.

-En su libro hace referencia a su salida del diario “El País”, ¿tanto le hirió?
-Me hirió que me tomaran por boba. Que un tipo que me podía haber despedido por email me citara para decirme que dejara de escribir artículos de opinión me pareció un despropósito.

-¿El periodismo pasa por horas amargas?
-Sí, porque el periodismo es una vocación, es una capacidad para hacer algo porque estás dotado para eso.

-¿Qué le pide a la vida en estos momentos?
-Virgencita, virgencita. No tengo deudas ni hijos y estoy bien de salud. Seguiré haciendo lo que me gusta: escribir.  

-¿Cree que se ha perdido algo no casándose y no teniendo hijos?
-No; cuando quise tener hijos fue por una especie de locura transitoria. Ahora, tengo a los hijos de mis amigos.

-¿Los amigos son los sustitutos del amor?
-La amistad es una entrega más desinteresada y muy bonita. Yo tengo más amigos en Madrid que en Barcelona.

-¿Qué significó Terenci Moix en su vida?
-Me ayudó a construirme, me descubrió el cine, la literatura, todo. Si él no  estaba, tenía a Ana María, su hermana.

-¿Qué se siente cuando se van?
-Soledad, porque son insustituibles,  pero hay que aprender a vivir con eso.

-¿Le han amado mucho?
-He amado más yo, porque siempre me he enamorado de imposibles.

 

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Su firma y ficha personal

Nació: En el barrio del Raval de Barcelona, el 16 de marzo de 1943. Procede de familia murciana. Su nombre es María Dolores Torres Manzanera. Firma sus escritos como Maruja Torres.  

Profesión: Periodista.   

Comienzos: A los 19 años, de la mano de la escritora Carmen Kurtz, como secretaria del diario La Prensa. Más tarde, colaboró con “Garbo”, “Fotogramas”, “Por Favor” y “Tele Expres”, para después trabajar en “Diario 16” y “El País”.

Ha sido: Corresponsal de guerra en El Líbano, Panamá e Israel.

Libros: El primero es “Oh, es él”, dedicado a Julio Iglesias. Por “Mientras vivimos” recibió el premio Planeta y por “Esperadme en el cielo”, el Premio Nadal. El último se titula “Diez veces siete” (Ed. Planeta).  

Una mala fecha: En 1989 vivió el asesinato del fotógrafo Juantxu Rodríguez, mientras cubría la información de la Invasión de Panamá.

 

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Su foto favorita

“Esta foto me la hizo Pilar Aymerich, en un viaje que hicimos juntas a Beirut. Una época en la que rememoraba lo que era la vida bajo las bombas”.

 

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