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Las abuelas están de moda. Bueno, tal vez no ellas en sí mismas, pero desde luego sí todos aquellos hábitos que convirtieron en tendencia sin saber qué eran una tendencia. No les hizo falta Instagram ni subir sus recomendaciones a stories para dejarlas arraigadas de generación en generación.
Sin ir más lejos sus vajillas de loza fina recorren en la actualidad tiendas de segunda mano, posts de influencers en redes e, incluso, páginas en revistas dignas de todo prestigio. Cada vez somos más los jóvenes que, del mismo modo en que lo hicieron nuestras madres y nuestras abuelas, apostamos por convertir nuestra casa en el escaparate de una tradición que no ha perdido su esencia.
Las vajillas de las abuelas vuelven a ser tendencia en decoración
Si de niños nos dieron de merendar en esos platos y vasos, hoy los deslizamos a golpe de dedo en redes sociales porque, si algo distingue el menaje de marcas como San Claudio o La Cartuja, es su capacidad para adaptarse a los nuevos tiempos sin renunciar a su identidad. De hecho, en los últimos tiempos, Carrefour se ha convertido en el templo de las vajillas vintage recuperando para sus tiendas de España 3 marcas de platos de toda la vida.
Una vajilla Duralex ámbar
Nuestras abuelas se dejaron seducirlos por estos platos y vasos llegados de Francia. Allí habían descubierto el vidrio templado, el material que garantizaba que jamás se resquebrajaran ni rompieran mientras los fregaban. Su éxito residió en que se caracterizaban por ser irrompibles y hoy esa resistencia los ha vuelto a poner en boga.
Hasta Rocío Jurado y Lola Flores las tenían incluidas en sus casas. Las de Duralex aguantaban más trote y no por buenas, resultaba ser caras. Eran platos comprados por todo tipo de amas de casa y pensados para el uso diario de familias casi tan multitudinarias como los Flores o los Mohedano. Su encanto estaba precisamente en ser prácticas, robustas y lo bastante bonitas como para estar siempre sobre la mesa.
Una vajilla de Santa Clara
No me la imagino en casa de las Flores, pero desde luego me recuerda a una de esas novelas de época que emite La 1. Su estampado floral en tonos suaves aporta un estilo limpio y elegante que lo mismo se sirve en 'La Promesa' que en el comedor de tu abuela, ya sea para el día a día como para las ocasiones especiales, da igual un desayuno que una cena con invitados. Pertenecen a una marca sinigual, la de las vajillas Santa Clara.
A diferencia de otras marcas más antiguas, su objetivo fue ofrecer vajillas resistentes, bonitas y accesibles para el uso diario. Gracias a la producción en serie y a la incorporación de tecnología moderna, se popularizaron rápidamente en los hogares españoles, convirtiéndose en una opción habitual para familias que buscaban durabilidad y buen diseño sin un precio elevad. En esencia, Santa Clara simboliza la vajilla práctica y funcional del día a día.
En cuanto a la utilidad, el material está diseñado para resistir el uso frecuente. Es apto para lavavajillas, lo que facilita la limpieza y ahorra tiempo en la rutina diaria. Además, su superficie es fácil de mantener, evitando que los restos de comida se adhieran con dificultad. Esto se traduce en menos esfuerzo y mayor durabilidad del producto.
De la misma manera, los platos son ligeros pero resistentes, lo que facilita su manejo tanto al servir como al recoger la mesa. Además, su forma permite apilarlos sin ocupar demasiado espacio, algo especialmente útil en cocinas pequeñas. Encima, su estilo atemporal asegura que no pasará de moda rápidamente, por lo que seguirá siendo una opción válida durante años.
Una vajilla de La Cartuja de Sevilla
Y puestos hablar de novelas, cualquiera podría ser 'La dama de la Cartuja'. Sus vajillas tienen un origen más antiguo, ya que fueron fundadas en 1841 por Charles Pickman en el antiguo monasterio de la Cartuja. Su producción combina técnicas industriales pioneras con una fuerte tradición artesanal, lo que les dio un gran prestigio desde sus inicios. Durante décadas, estas vajillas estuvieron asociadas a un uso más especial, presentes en hogares acomodados y ocasiones importantes.
Por ello, La Cartuja se identifica más con la tradición, el valor histórico y una estética cuidada ligada a momentos destacados. En este caso, su diseño clásico con detalles florales en tonos verdes sobre fondo blanco facilita que combine con cualquier tipo de mantel, cubertería o decoración, evitando tener que preocuparse por si encaja o no en la mesa.
Incluye diferentes tamaños de platos que permiten organizar mejor cada comida: platos llanos para principales, hondos para sopas o cremas y platos pequeños para postres o entrantes. También aptos para lavavajillas, los platos tienen un borde ligeramente elevado que ayuda a contener mejor los alimentos, reduciendo derrames al servir o transportar. A su vez, su forma permite apilarlos de manera estable, optimizando el espacio en armarios o estanterías.
















