Mi abuela pasó la década de los 60 y los 70 en la típica casa rural que destaca entre los pueblos gallegos. El suyo era muy rural y muy de costumbres, donde era común que entre madres e hijas se encargaran de los cuidados de la casa: que si cocinar, lavar, tejer, coser e incluso cuidar de los hermanos menores. Mi abuela siempre me contaba que, de todas las tareas, la que más odiaba era hacer la colada. Para facilitarse la vida, iba acumulando toda la ropa del hogar familiar dentro de un enorme cesto de mimbre; luego, apoyándolo firmemente en su cadera, recorría las estancias hasta llegar a la lavadora.
En aquellos momentos, ¿quién hubiera podido adivinar que los objetos más cotidianos del pasado volverían a ser pura tendencia? Ahora, apreciamos el regreso de los manteles típicos de los setenta, las bolsas de rejilla o los botelleros forrados de ratán. Lo cierto es que los cestos de mimbre nunca se fueron del todo, pero sí han sabido evolucionar para adaptarse a nuevos usos.
Ahora, que la nostalgia está a flor de piel y buscamos refugio en la calidez de la decoración antigua, me ha sorprendido gratamente encontrarme en Ikea con varios modelos de canastos de fibras naturales. Piezas que, más allá de cumplir con una función estética, se han convertido en las reinas de almacenaje del hogar.
Las nuevas cestas de almacenaje de IKEA parecen sacadas de las casas del pueblo
El ratán, mimbre y yute son los principales materiales que definen a cualquier cesta que se precie. En las últimas temporadas las hemos visto en todos los formatos y tamaños posibles, consolidándose como el aliado perfecto del orden. Ikea lo sabe y nosotros también, por eso, la colección MÄVINN ahora mismo está agotando existencias.
Cesta grande con tapadera, para decorar
Si algo funciona bien, ¿por qué cambiarlo? Si hace cincuenta años ya se usaba como cesto de ropa, hoy recupera su esencia con el mismo propósito. La principal diferencia respecto a los de antaño es que el diseño actual tiene mayor capacidad y es más alto.
Está confeccionado con un combinado de algodón (teñido) y yute. Es multifuncional: quien dice cesto de ropa, también dice cesta de almacenaje para cojines o mantas. Para mantener el desorden oculto, es perfecta su tapa de quita y pon.
Cesta de yute para colgar de la puerta (o de un armario)
No todas las cestas son iguales; esta segunda de la colección, en concreto, está elaborada a partir de yute plano y, gracias a su asa circular resistente, combina estilo y funcionalidad. Es la opción perfecta para colgarla de un gancho en el recibidor, en la cocina para los utensilios, o simplemente para colocarla en un estante y tener tus cosas a mano.
Aunque no tiene una gran capacidad. Para mi gusto, es un objeto más compacto y recogido de lo que parece a simple vista, pero por el precio que tiene, sin duda, merece la pena.
Cesta redonda con tapadera
Este último diseño nos devuelve de lleno a esa nostalgia. Esta caja de mimbre me recuerda al costurero donde mi abuela guardaba dedales, agujas y retales de tela. En este caso, presenta una caja de cordón de algodón negro entrelazado con fibras de banano.
Es el accesorio perfecto para organizar la mesa de trabajo o para poner orden a esas pequeñas cosas cotidianas que, de lo contrario, acabarían desapareciendo fácilmente por los cajones.
Las tres son muy buenas opciones para encontrar ese punto de organización y decoración que toda casa antigua tiene.


















