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Una de las primeras imágenes que tengo de mi madre es la de ella sacando del bolso su neceser con un botecito de colonia, un bálsamo labial, pañuelos y una crema de manos muy especial. Me acuerdo de que una vez me llevó al parque a jugar. Después de un rato danzando por el columpio de madera, me caí y me raspé las manos para salvar mis rodillas de la caída. Obviamente, me puse a berrear porque la edad lo merecía, pero mi madre -sabia de ella- puso el remedio más mágico en mis manos.
Sacó de su bolso de Mary Poppins, ese que tiene toda la casa metida en él, su neceser y me echó un poco de esa crema tan especial en mis manos. Me la restregué por todas las manos y aún recuerdo la sensación de alivio calmando mi berrinche. Olía bien y era suave, algo muy extraño para una niña pequeña que pensaba que todas las medicinas eran malolientes. Desde entonces, ese recuerdo de calma y reparación me ha venido acompañando siempre.
Por eso, desde que tengo uso de razón, siempre he usado la misma crema de manos que usaba mi madre. Tengo botes por todos los lados: en el baño de mi casa, en la oficina, en el neceser del bolso... Ahora que la crema cumple 33 años, es el momento de compartir mi secreto de manos suaves y reparadas con vosotras.
La mejor crema de manos cumple 33 años
Mi crema favorita es el bálsamo de manos intensivo Karité de la marca L’Occitane. Yo creo que no hace falta ni que introduzca la marca, porque L’Occitane es tan icónica y buena que la conoce todo el mundo. El sello francés diseña cremas, aceites, jabones y todo tipo de cosméticos de cuidado corporal y facial que cumplen siempre lo que prometen; algo que es muy difícil en el mundo de la belleza actual.
El fundador de L’Occitane, Olivier Baussan, fundó la marca en 1976 cuando empezó a destilar aceites esenciales de romero y de lavanda de la región de la Provenza francesa. Empezó a venderlos en mercados locales y triunfaron tanto que han llegado a nuestros días convertidos en una gran marca. Los principios de cosméticos naturales y sensoriales siguen vivos en cada producto que se sigue creando.
Prueba de todo ello, es esta crema de la gama Karité Confort. Esta crema nace en 1993 con la idea de cuidar a esas manos que crean, moldean y cuidan. De ahí, el envase con forma de bote de pintura. Está formulada con un 20% de manteca de karité, que es un ingrediente esencial para hidratar profundamente, nutrir, regenerar y proteger las manos secas o agrietadas, creando una barrera que retiene la humedad y las defiende del frío. Por eso, es la única que deja mis manos suaves y sin grietas hasta en los días más helados del invierno.
La idea de respetar las características de cada piel y la naturaleza está presente en la composición general de la crema. Está hecha con un 96% de ingredientes de origen natural, veganos y sin siliconas que se notan directamente en la calidad del resultado de la crema en la piel. A pesar de llevar tantos aceites, te deja las manos sin que se queden grasosas.
La razón de que el producto cale tan bien entre las manos es su textura. Es muy ligera y se siente igual en las manos. Se desliza fácilmente y se absorbe en un santiamén. Los productos que llevan manteca de karité suelen ser especialmente densos, pero esta maravilla de L’Occitane suaviza las manos con un fluido que da satisfacción tener entre las manos.
Esta crema de manos lleva conquistando a su público más fiel desde hace 33 años, pero a mí me enamoró desde el día que alivió mis manos de pequeña en el parque. Muchas marcas se reinventan y dejan de lado sus principios, pero L’Occitane sigue fiel al respeto de la piel y a los ingredientes naturales. Así, se crea una de las maravillas más icónicas y efectivas del mundo cosmético.
María Cob Jiménez está especializada en moda, ocio y cultura. Escribe sobre las últimas tendencias, cine, series y libros con una mirada que va más allá de la superficie. Ha estudiado el doble grado de Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III de Madrid y, es justo por esta formación por la que entiende que cada pieza de moda, película o página no es concebida en vacío, sino que es una forma de entender diferentes identidades y expresiones, además de una oportunidad de evolucionar y conectar con lo que nos mueve.
Como entusiasta del periodismo, María siente la comunicación como algo vivo y en constante cambio. Sus ganas de aprender la han empujado a especializarse en diferentes facetas de su titulación, destacando el curso del Instituto RTVE de Creación de Contenidos de Marca.



