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Uno de los temas de más actualidad y mayor controversia a la hora de hablar de abandonar el tabaco (responsable del 80% de los casos de cáncer de pulmón y laringe), es el impacto de los nuevos dispositivos para fumar, como es el caso de vapeadores o cigarrillos electrónicos. Ya se exploró este concepto en el programa 'Equipo de investigación' en 2019, pero ahora se ha expandido rápidamente su uso, porque están acompañados de la idea de que podrían resultar una alternativa eficaz para dejar de fumar. Sin embargo, ya se ha demostrado que esto no es así y que, por el contrario, pueden ser la puerta de entrada hacia el consumo de tabaco. Por ello, desde su llegada a España, comenzamos a preguntarnos sobre el uso y perjuicios de los vapeadores y derivados. Sin embargo, ahora que han pasado varios años, en la sección Diez Minutos Cuida de ti os remitimos la información actualizada que recopila a este respecto por la Asociación Española Contra el Cáncer.
Conoce las consecuencias del uso de los famosos vapeadores, que ni son inocuos ni ayudan a dejar el tabaco
Los primeros cigarros electrónicos se empezaron a comercializar en España en 2016, por lo que todavía no hay estudios sobre sus efectos a largo plazo. No obstante, ya podemos afirmar que tienen efectos perjudiciales en el corto plazo. De hecho, en estos productos se han encontrado sustancias clasificadas como cancerígenas, en concreto en los líquidos y aerosoles que utilizan. No hay que olvidar que se ha intentado “vender” que el vapor de agua es inocuo, debemos ser conscientes de que no generan vapor, sino aerosol, es decir, pequeñas partículas sólidas suspendidas en un gas que, al inhalarse, fácilmente pueden quedarse atrapadas en nuestros pulmones.
Además, se han descrito numerosas intoxicaciones y efectos adversos, algunos de ellos severos. En cuanto a su éxito como herramienta para dejar de fumar, la realidad es que no resultan eficaces y pocos fumadores acaban sustituyendo completamente el consumo de tabaco por el vapeo.
Y no hay que olvidarse de las pipas de agua, también conocidas como shishas o cachimbas. Unos dispositivos muy populares que se usan para fumar un tipo especial de tabaco con diferentes sabores. Una sesión puede durar hasta 80 minutos, por lo que un fumador puede dar de 50 a 200 caladas. En cualquier caso, la cantidad de humo inhalada equivale al humo de 200 cigarrillos. Según un reciente estudio, uno de cada cinco jóvenes de nuestro país fuma con esos dispositivos con mucha frecuencia, el 20% lo hace a diario y otro 35% enciende al menos una shisha cada semana. Y su consumo aumenta el riesgo de cáncer de pulmón en un 122%, pero también el riesgo de padecer cáncer de esófago. Por si fuera poco, producen alteraciones en las funciones pulmonares y cardiacas, así como afectaciones en la cavidad bucal.








