La semana pasada, en los capítulos 199 al 204 de 'La Moderna', mientras don Fermín se ha acercado más a Lázara, otras parejas disfrutan por fin de su amor abiertamente. Pensábamos que los cambios habrían terminado con el fin de la Eurocopa 2024 o del Tour de Francia, pero aún hay motivos para que TVE modifique la emisión de la serie diaria. Los Juegos Olímpicos y los días festivos nacionales aún reservan algunas alteraciones en 'La Moderna' esta semana. Por eso, mantendremos la cita de lunes a miércoles, aunque con algún episodio tardío y, tras el salto por la festividad de Santiago Apostol el jueves 25, aún podremos retomar la normalidad el viernes.

Así que, en el capítulo 206 de hoy martes, la vida en la galería transcurre movidita últimamente. Por un lado, Agustín acepta participar en una charla sobre cine en la tienda de gramófonos. Por otro, la guerra entre doña Lázara y Teresa empieza a recrudecerse y, pese a habérselo concedido previamente, provocará que Teresa tenga que comunicar a Cañete que no le darán los días libres que necesita por un asunto familiar. Lo cierto es que, si no le dan ese permiso, Cañete se perderá la no-boda de Trini y Miguel que Aureliano ya está preparando con ensayo incluido. Entre tanto, Salvita pillará en un renuncio a Marta. Además, Inés comenzará su recuperación con la especialista Marcela Juanes.

Íñigo busca desesperadamente a su mujer en 'La Moderna'

Matilde ya sabe lo que se le viene encima con la ayuda psicológica que su marido le propuso. Lo que ella imaginaba que sería alguna sesión de consulta ha acabado siendo, más bien, un ingreso en un sanatorio. Por tanto, la joven Garcés decide refugiarse de tan aciago destino. Íñigo, que sigue muy preocupado por ella debido a lo que todavía cree que son alucinaciones por una obsesión con doña Carla (que sigue muerta a ojos de todos menos de su madre), saldrá en busca de Matilde tras comprobar que no sabe dónde puede haber ido. Para su suerte, Pietro le confesará que no anda muy lejos, pues se encuentra en casa de Antonia.

Entre tanto, Pietro y Lucía siguen viviendo en la antigua casa de los Garcés, al lado de una resignada Antonia que les tiene como vecinos. Una convivencia que hace muy dura la vida de la dependienta, ya que lo que deberían ser pasos hacia el olvido de quien iba a ser su marido se hacen difíciles con él y su actual esposa tan cerca.