Hünkar descubre que Demir pasó parte del día con Üzüm fuera de la ciudad. La señora, que sospecha de la actitud de su hijo, le pide a Saniye que interrogue sutilmente a la niña mientras le sirve un vaso de leche: “Necesito saber dónde estuvieron, porque sospecho que es el lugar en el que Demir tiene escondido a Adnan”.

Dicho y hecho, Saniye trata de sonsacarle toda la información posible a su hija adoptiva: “Me gustaría que me contaras qué tan bien te lo pasaste hoy”. No obstante, la pequeña se muestra reticente a contarle qué fue lo que hizo con el “tío Demir”, porque según ella “los secretos no se cuentan”. Así pues, se marcha de la estancia sin confirmar si las sospechas de Hünkar son ciertas.

Por otro lado, Züleyha comienza a vomitar en la cárcel. La mujer se siente terriblemente mal y termina desfalleciendo por el esfuerzo. La dirección del reclusorio toma la decisión de trasladarla urgentemente al hospital. Ya en la clínica, logran estabilizarla y Sabahattin sigue de cerca su evolución. Ahora queda un interrogante ¿Qué fue lo que le pasó a la joven?


Los resultados de los análisis no son claros, pero todo apunta a que se trata de algún tipo de envenenamiento. Pronto, los doctores comienzan a sospechar que Züleyha ha sido víctima de un intento de asesinato y así se lo notifican a la policía. Jülide se hace cargo del caso y se pone manos a la obra para averiguar qué fue lo que pasó.

Müjgan se da cuenta de los alcances de su tía

De repente, todas las miradas se posan sobre Demir. Çukurova al completo piensan que el hombre ha tenido algo que ver con lo ocurrido con su esposa en la cárcel. “Seguro que ha mandado matarla”, empiezan a murmurar los vecinos. Los rumores llegan hasta oídos de Yilmaz, quien se enfrenta a Yaman por defender a su amada.

Mientras la conversación sigue adelante, Jülide recibe una llamada. Al otro lado del teléfono, le informan de que una decena más de reclusas también han sido llevadas a la clínica con los mismos síntomas que su compañera de prisión. Resulta que todas se han intoxicado por una de las ollas que usan para cocinar. Aclarado el tema, Demir queda libre de toda sospecha.

Al anochecer, Züleyha descansa en el hospital. Los doctores han decidido que pasé ahí unas horas más hasta que se recupere por completo. Antes de la madrugada, una enfermera entra en la habitación y trata de inyectar una misteriosa sustancia a la paciente. Esta se despierta sobresaltada y al quitarle la mascarilla a la intrusa, se percata de que es Behice. Züleyha comienza a gritar y Behice sale corriendo. Cuando varios doctores llegan al lugar, la joven explica lo sucedido, pero ninguno la cree: “Seguro fue una alucinación, estabas bajo los efectos de los sedantes”.

El día siguiente, Züleyha, ya en prisión, recibe la visita de Müjgan, quien le echa en cara que haya dicho que su tía trató de matarla: “No entiendo como puedes inventarte algo así”. No obstante, la doctora se percata de que su gran enemiga si está diciendo la verdad cuando ve en el rostro de Behice el arañazo que Züleyha asegura haberle hecho cuando quiso asesinarla.