Thais Villas celebra el aniversario de ‘El intermedio’: “En 10 años no recuerdo haber visto a Wyoming enfadado”

Se define como “titiritera y trasnochada” y asegura que la actualidad sigue marcando el ritmo de su frenética vida.

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Thais Villas

Su colaboración en El intermedio nació al mismo tiempo que La Sexta. Diez años después, Thais Villas, la única reportera que sigue desde el primer día, hace balance de lo que considera un hito televisivo “a la altura de Informe semanal o Saber y ganar”.

¡Habéis hecho historia!
Sí, estamos hablando de un programa de televisión que lleva diez años en antena, y eso es rarísimo. Hay espeacios que no llegan ni a la semana.

¿Qué recuerdas de los inicios?
Fueron muy buenos porque, al nacer con la cadena, nos podíamos permitir muchas licencias y probar lo que nos diera la gana.

Y tú has roto con el paradigma de reportera guapa por la informadora ácida y rigurosa…
Yo intereso por el contenido. Siempre le digo a mi jefe que no sé qué hago en esta cadena, porque todas son monas y yo del montón.

Entonces, ¿cómo te definirías?
Soy una titiritera y trasnochada. Me enfrento al trabajo y al mundo con sentido del humor porque, cuando sales a la calle, sufres.

Está claro que La Sexta apostó por las mujeres.
Sí. Aunque Ana Blanco y María Escario llevan toda la vida, esta cadena fue, de alguna manera, pionera en eso. Pero en el caso de El intermedio no fue algo pensado: se hizo un casting y salió así.

¿Cómo es tu relación con Wyoming?
Muy buena. En diez años no recuerdo que haya venido enfadado a trabajar ni un solo día. Es una megaestrella, querido y odiado a partes iguales, pero es igual delante de las cámaras que detrás. Y nunca pone pegas.

¿Recuerdas alguna anécdota?
Nos hemos divertido mucho haciendo sketches, como el de las burbujas. Pero ahora, con la frenética actualidad que tenemos en este país, no tenemos tiempo para eso.

Hablando de actualidad, ¿cómo ves la situación política?
Pues deberían hablar con más gente. Tienen que entender que se ha acabado el “ahora tú, ahora yo”. Esto es como el típico matrimonio en el que ninguno de los dos quiere ceder.

¿Habrá elecciones de nuevo?
Pues espero que hagan algo porque es una vergüenza que no se pongan de acuerdo y tengamos que volver a votar. Con unas nuevas, estaremos en el mismo panorama. Es que les veo a todos muy chulitos.

¡La que liaste con tu reportaje sobre los posibles amoríos en el Congreso! Sobre todo entre Andrea Levy (PP) y Miguel Vila (Podemos)…
Andrea entró como oyente en el Congreso, supongo que tendría tiempo y se dedicó a mirar en los escaños (risas).

¿A quién ves tú como pareja?
No lo sé… Lo que sí creo es que, aunque se llevan mal ahí dentro, luego se toman sus cañas. La vida es otra cosa fuera del Congreso, aunque algunos también guardarán sus rencores.

Y tú, ¿te irías de cañas con Esperanza Aguirre, como Jordi Évole?
Pues no me importaría, pero no sé si me sentarían bien (risas). Me iría con Moragas.

Te llevó en su moto…
Sí, pero todavía no me ha invitado a nada. El otro día me dijo que me iba a invitar a otro vermú y le recordé que sería el primero (risas).

De todos tus reportajes, ¿con cuál te quedas?
Lo pasé muy bien con uno que grabamos en una piscina en el que les decíamos frases hechas a los ancianos y tenían que interpretarlas.

Además de la política, ¿qué otros temas te inquietan?
Hay refugiados, gente que no llega a fin de mes, niños que no pueden comer… Hay mil cosas que solucionar y los políticos son unos egoístas.

¿Qué haces en tu tiempo libre?
Pues hace tanto tiempo que no cojo el bolso y salgo de casa que ya ni me acuerdo de cómo me distraía con mi hija de un año.

¿Compaginas bien el trabajo con la maternidad?
No me quejo. Todo mi tiempo libre es con ella. Me gustaba mucho ir al cine, ver series… Ya recuperaré esos hábitos cuando cumpla 18 años.

¿Tienes algún otro proyecto?
No. El intermedio absorbe mucho y Gonzo y yo tenemos que estar prevenidos de lunes a jueves. Si deciden que tenemos que grabar, hay que salir pitando.

Ahora que mencionas a Gonzo, ¿qué destacarías de él?
Es un grande, hace cosas que yo no sabría hacer. Es educado, con talante y calmado. Es fino y da donde duele. A mí eso me da pánico: yo me acerco a la Pantoja y me mira como mira a los periodistas y me fundo… Yo soy pacífica y no me gustan los codazos porque, claro, con el primero estaría en la otra punta de Madrid.

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