- La vida de Carlos Sobera, presentador de Mediaset, en fotos
- Los 35 mejores concursos de la televisión
- Los presentadores españoles más guapos de la televisión
Cuando a Carlos Sobera le llegó en 2016 el proyecto de presentar 'First Dates', tenía clara una cosa: "O triunfamos, o nos pegamos el hostión de nuestra vida. No había término medio". Y 10 años después, con lo difícil que es mantener un programa en antena, se puede dar a sí mismo un buen espaldarazo. El programa de citas ha sobrevivido a cribas en la parrilla televisiva y a shows que han durado verdaderos suspiros, y, sin duda, buena parte de su éxito ha sido gracias al bilbaíno con algo tan sencillo como ser uno mismo, con todo lo bueno... y también lo malo (si es que lo hay): "Es un programa con el que me identifico, refleja mucho mis valores, me siento muy a gusto, nada forzado, no soy personaje, soy yo constantemente…", nos ha dicho en la celebración de su décimo aniversario. Parece que a Sobera, que es uno de los pesos pesados de la tele, aún le queda cuerda para rato, pero él ya, a sus 65 años, tiene otra cosa en mente: "De presentador me jubilaré pronto".
¿Qué balance haces de estos 10 años repartiendo amor?
Muy bueno, 10 años maravilloso conociendo a gente estupenda, fresca, auténtica… y aprendiendo mucho. 10 años fantásticos. Creo que los mejores 10 años de televisión que he tenido jamás.
¿Te ves continuando con seguridad?
La seguridad es un valor que no me aporta nada en televisión. ¿Quién quiere seguridad en el arte? Existe el concepto de reto, ilusión, novedad… todo eso está muy bien, pero seguridad… si trabajas en un banco, pues sí, y se agradece, pero este medio se caracteriza por jugar con los cambios, y también provocándolos, porque necesitas hacer cosas distintas.
¿Sigues teniendo ilusión por venir a grabar 'First Dates'?
Depende. Hay días que te levantas torcido y dices 'me quedaría en la cama' (ríe)… pero sí. La verdad es que se viene con ganas. Hay una constante en el programa, y es que, después de 10 años, la gente tiene aún la capacidad de sorprenderte, y sabes que te lo vas a pasar muy bien. Por lo tanto, venir a 'First Dates' es venir a tener una cita con la vida, con la frescura, la felicidad… y a eso no se dice que no nunca.
¿Qué tal has vivido el cambio de Cuatro a Telecinco?
Muy bien. En términos de audiencia, ha funcionado muy bien. Teniendo en cuenta que 'El hormiguero' va sin publicidad, Broncano también, y nosotros tenemos 3 cortes… tendríamos que ponerlo en valor. Vamos muy cerca de 'La revuelta', pero si tuviera la misma carga publicitaria que nosotros, estaría por debajo. Y 'El hormiguero'… está muy protegido por Atresmedia. No sé a quién tienen miedo. Hay un corte publicitario al principio y ya se hace el programa entero sin nada. Hay que estar muy contentos. En términos cuantitativos, muy bien, pero con el cambio también hemos llegado a más público, y hay gente que ha descubierto el programa ahora. Tenemos que estar muy contentos porque, además, el programa llegó a Telecinco para intentar mantener unos buenos niveles de audiencia, y lo ha conseguido, así que misión cumplida, aunque en algún momento volveremos a Cuatro, pero no hay que preocuparse.
¿Te has visto en la encrucijada de tener que dejar 'First Dates' por algún otro proyecto?
No. Creo que la cadena siempre ha sabido que yo no quiero abandonar 'First Dates'. Para mí es mi nave nodriza. Estoy muy a gusto. Es un programa con el que me identifico, refleja mucho mis valores, me siento muy a gusto, nada forzado, no soy personaje, soy yo constantemente… La cadena lo sabe. Yo soy el primero que dice que los programas no son de los presentadores, que son de las cadenas. Lo supo muy bien Paolo Vasile, porque me llegó a plantear dejar esto para hacer otro programa diario, y le dije que no lo iba a dejar. Que si podía compatibilizarlo, bien, pero si no, no.
¿Recuerdas tus inicios en 'First Dates'?
Fue mágico. Estas cosas uno no las ve el primer día, pero luego te das cuenta de que ha habido magia. Yo tengo una oficina en Alcobendas y, al salir un día, me encuentro con Yolanda Campillo, que iba a dirigir 'First Dates' en Cuatro. Habíamos trabajado juntos años antes; se chocó conmigo y hablamos de que estaba buscando un sitio para hacer un rodaje. Se metió en mi Instagram y vio que justo me había despedido de Antena 3 con las campanadas de 2015, y me llamó para ver si me apetecía hacer un formato como este. Y la verdad es que me chifló, porque era una cosa muy distinta. Dije: 'O triunfamos, o nos pegamos el hostión de nuestra vida'. No había término medio. Lo recuerdo como un momento muy mágico. Me hicieron una prueba en un restaurante real, para ver cómo se me daba hablar con la gente… y dije 'van listos', porque si hay algo que se me da bien es hablar con la gente, 'casco' hasta por los codos, y me da igual conocerlo que no. Y fluyó todo, que fue una maravilla.
Ese día que te cruzaste con Yolanda, ¿este plató seguía siendo una tienda de muebles?
Lo estaban tuneando. Pero yo aquí había comprado 3 o 4 hamacas con mi mujer. Antes era esto una tienda de muebles de jardín de 4 plantas, y las compré justo aquí, en la planta baja. Dije: "No me lo puedo creer". Este local, además, perteneció a Enrique Cerezo; se lo vendió a otra persona, y yo conozco a esa persona a la que se lo vendió, y siempre me dice: “Hazlo bien, aguanta, que tengo que seguir cobrando la renta" (Risas).
¿'First Dates' es el programa que sientes más tuyo?
No, ha habido otros con los que también me identifico mucho, pero porque yo soy yo mismo todo el tiempo, me corto poco, y mi forma de ser me puede a mí mismo. Yo lo hago todo desde la pasión y el corazón. Racionalizo, pienso, procuro hacerme mis esquemas… pero mi 'yo' siempre sale. O lo vivo y lo hago bien, o no hay manera de hacerlo.
Han pasado por aquí 23.000 personas, ¿has aprendido de cada uno?
De todos, de una forma o de otra. Sobre todo, aprendes grandes conceptos, grandes valores. Tolerancia, respeto, normalización… cosas que parece que uno lleva dentro, pero que luego no están tan en el ADN. Y eso te lo transmite la gente en el día a día, unas veces mostrando su tolerancia y otras su intolerancia, pero de todo se aprende, de lo bueno y de lo malo. 23.000 personas dan para 23.000 clases magistrales.
¿Quién ha sido el comensal más raro?
Ha habido algunos muy raros. Es que ha habido cosas que no se han emitido. Vino un chaval que hacía espectáculos escatológicos y llegó a utilizar un plato. Lo tuve que retirar. Esto no se ha visto nunca, ha quedado para la historia de los secretos de 'First Dates'. Pero actuamos con naturalidad; no cabe otra opción. Lo hacemos desde el respeto. Aquí puede venir alguien muy raro, con tendencias extrañísimas, con comportamientos incomprensibles… que pueden responder a muchas cosas, ojo, pero lo respetamos, no criticamos para nada, y tratamos de acompañarles en la medida de lo posible. Si no cometen ningún acto de lesa humanidad, claro. Sin pasar la barrera de la educación y el respeto a los demás. Lo entendamos o no.
¿Cómo llevas no estar este año en 'Supervivientes'?
Eso me puso de una mala hostia… No me gusta abandonar los proyectos en los que estoy, pero entendí que no se puede estar en todas partes, y es demasiada presencia televisiva con 'First Dates', 'El precio justo', 'Casados a primera vista'... más la gala de los martes de 'Supervivientes'. Me dio pena, porque tengo mucho cariño a 'Tierra de Nadie', porque lo comencé yo hace 8 años, y no me hacía gracia dejarlo… pero hay que aceptar que, aun siendo de Bilbao, no se puede estar en todas partes, y creo que no habría sido capaz de soportarlo. Además, los fines de semana estoy de gira con el teatro, así que tampoco descanso; acabo en junio, y en julio empiezo con otra función. Está bien de vez en cuando dejar algo.
Tienes ya 65. ¿Estás pensando ya en la jubilación?
Soy actor. Los actores no nos jubilamos, y llevo en papeles aquí o allí, aunque sean pequeños, toda mi vida. De presentador, sí, me jubilaré pronto. Yo creo que el próximo mes me voy a dar ya de baja en todo (ríe). Pero como actor es imposible. Lo bueno es que, según vas cumpliendo años, vas entrando en otros roles, y eso es una bendición del cielo. No en todas las profesiones pasa eso.

















