‘Las chicas del cable’: un paseo por los años 20 en el rodaje de la serie de Netflix

Blanca Suárez y el resto de actores nos cuentan cómo ha sido viajar al pasado en esta cuidada ficción de Bambú que recrea escenarios clave del Madrid de esa época en el mismo plató en que se grabó ‘Gran Hotel’.

 

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Teleprograma.tv ha visitado la grabación de Las chicas del cable, uno de los estrenos más esperados de Netflix –disponible desde el 28 de abril– y su primera serie en España. Situado en un polígono industrial de Villaviciosa de Odón (Madrid), el plató de la serie es el mismo donde se grabó Gran Hotel, también de Bambú Producciones, y acoge varias estancias: el hall, el bar y la pensión donde se reúnen las chicas, el despacho del director, el almacén, las taquillas… Son los espacios donde se desarrolla esta historia de cuatro chicas que trabajan en la primera compañía telefónica de España. “En los decorados hemos introducido el modernismo. Hay muchas curvas, despachos con balconadas…”, nos explica Ramón Campos caminando entre las diferentes estancias.

E igual de cuidados que los decorados están los exteriores, la mayoría en la ciudad de Madrid. Eso sí, todo con un tinte “más parisino que madrileño”. La calle Lope de Vega o la Plaza del Alamillo son algunos de los escenarios reales donde se recrean espacios como la puerta de la pensión donde viven las chicas.

Para la construcción de algunos decorados se ha contado con referencias reales como el Banco de España, al que se le han añadido más elementos modernistas para recrear la fachada del edificio; o el Restaurante El Espejo, situado en el Paseo del Prado de Madrid y que los directores de arte Raquel Benavides y Carlos Dorremochea han "imitado" para crear El café de enfrente, lugar de encuentro de las chicas.

La serie arranca con la inauguración del edificio de la telefonía en Madrid. "Contamos la llegada de las primeras telefonistas que empiezan a trabajar en la compañía", explica Ramón. Teresa Fernández-Valdés añade: "La mujer empieza a incorporarse al mundo laboral y las que trabajaban en esta compañía eran las más guays del momento: modernas, independientes, fuertes…".

La ficción será un reflejo de la situación que vivían las mujeres en un pasado no tan lejano. "Había países en los que las compañías las prohibían incluso casarse", dice Ramón Campos.

Otro de los aspectos que más se ha cuidado, aunque con algunas licencias, ha sido el vestuario. "Nos hemos atrevido a ir por encima de la rodilla cuando lo que correspondía era la pantorrilla. Nuestra inspiración no ha sido tanto Downton Abbey como la película Midnight in Paris, de Woody Allen".

Blanca Suárez es Lidia, una de las cuatro jóvenes que empiezan a trabajar en la compañía y la que más secretos esconde. "Es complicado hablar de ella. Las primeras personas que no saben nada de ella y de su pasado son sus compañeras. No tiene familia, ha estado sola casi toda su vida y va a parar a esta compañía por casualidad. Pero se encuentra con una bofetada de su pasado importante", nos adelanta la actriz.

Aunque reconoce que la grabación ha sido muy intensa, Blanca, la única de las cuatro que no hizo casting sino que entró directamente, está muy ilusionada: "Trabajar con Netflix es tan diferente… Por fin estamos abriendo nuestra mente y vamos a trabajar para todo el mundo, no solo para nuestros vecinos. Estaría bien que las cadenas generalistas también empezaran a apostar por productos más arriesgados".

Ana Fernández es Carlota. "Viene de una familia acomodada, con un pasado muy militar pero que busca su libertad. Es la rompedora, la que tiene el tono más sexy. Eso sí, tiene unos dramones muy grandes…", nos avanza la actriz que, además, recuerda una de las indicaciones más divertidas que le dio Carlos Sedes, el director, durante la grabación: "Quiso diferenciarnos mucho como personajes y nos propuso que cada una imitara a un animal. ¡A mí me toco la ardilla! (risas)".

"Yo soy Ángeles, la más veterana de las cuatro. De hecho, cuando arranca la serie mi personaje ya está trabajando en la compañía. Estoy casada y tengo una hija. Soy el personaje más conservador pero también el que tendrá una gran evolución. Irá desprendiéndose de los miedos y se hará fuerte gracias a los referentes que tiene alrededor", explica Maggie Civantos.

Nadia de Santiago es Marga: "Viene del pueblo, donde trabajaba en la centralita comarcal, impulsada por su abuela tras la muerte de su madre. Nunca ha salido de allí y todo es nuevo para ella, se tiene que amoldar a la gran ciudad. Es muy abierta y tiene muchas ganas de aprender".

Moverse como las mujeres de la época, hablar de una determinada manera… No. Esto no ha sido lo más difícil para las protagonistas de Las chicas del cable. "¡He tenido un cacao con los cables! -recuerda Maggie-. El día que se ensayó cómo se utilizaban no pude asistir y me mandaron un vídeo". Para Ana también fue complicado: "Pensaba que no iba a tener ninguna escena de colocar clavijas, pero tuve una. Y pensé: ‘¿Por qué no presté más atención ese día’?”.

Con una trama ambientada en una época tremendamente machista, las cuatro actrices reivindican que el esquema no se siga repitiendo en la actualidad. "Aunque se están empezando a ver cosas, en televisión, por ejemplo, todavía queda mucho por hacer". Su compañera Nadia añade: "En esta serie, los hombres son el complemento de ellas. En cierto modo es similar a Sexo en Nueva York: son cuatro tías y ellos son accesorios que aparecen y desaparecen".

Es el momento de hablar con los ‘chicos del cable’, que también están presentes en nuestra visita a la grabación. “Yo soy Francisco, el director de la compañía –nos explica Yon González, que lleva la voz cantante porque ese día no comparte protagonismo con Martín Rivas, ausente por otros compromisos–. Es un tipo estirado que viene del pueblo y se convierte en el amor pasional de Ana”. El actor coincide con sus compañeros en que es un puntazo que vayan a ver su trabajo en 90 países, y más con una serie con mujeres como protagonistas: “Es maravilloso porque el mundo de las mujeres es complicado y la serie retrata esa edad intermedia en que tenían que adoptar el rol de hijas o de madres, y quedaban un poco vendidas”.

Terminamos este viaje en el tiempo con Sergio Mur, que interpreta a Mario Pérez, el marido del personaje de Maggie Civantos: “Representa a un hombre muy de su época, lo que sirve para retratar un matrimonio de los años 20, con una mujer que siente la necesidad de emanciparse de la protección masculina. De ahí el concepto feminista de la serie. Estoy disfrutando mucho pero es complicado ver cuanto machismo había en esa época”.

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