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Javier Castillo, uno de los autores españoles más leídos en la actualidad, ha recibido un doble varapalo con apenas dos meses de diferencia. El creador de 'La chica de nieve' o 'El cuco de cristal', novelas que han sido adaptadas en Netflix, ha anunciado que su madre, con la que apareció en la presentación de su última novela, 'El susurro del fuego', ha fallecido. "Y aquí acaba todo. Sin tiempo para hacer todas esas cosas que dejabas para más adelante, cuando estuvieses algo mejor", ha escrito en su perfil de Instagram junto a una foto con ella. La triste noticia es todavía peor si tenemos en cuenta que, el pasado mes de noviembre, tuvo que despedirse también de su padre, un duro golpe para el escritor.
"Y te marchas del mismo modo en que te conocí: mirándonos a los ojos, con mis llantos ahogados, aunque no me acuerde de aquella vez. No es justo. Os juro que no lo es. Por más que lo intento, soy incapaz de comprender por qué. Tan cerca de él, con tan poco tiempo de asimilar el golpe", ha escrito Javier Castillo, casado con la influencer Verónica Díaz y padre de tres hijos, en un emotivo comunicado que ha compartido a través de las redes sociales y que ha recibido cientos de respuestas de apoyo de sus seguidores y amigos.
Javier Castillo había perdido también a su padre hace dos meses
Para rematar el mensaje, Javier Castillo, que perdió a su padre de forma repentina el pasado noviembre, cuenta la importancia que tuvo su madre en la pasión que tiene por la literatura: "Mi mayor fan, mi incrédula lectora, la persona que me metió el miedo a estar cuerdo, la que me hizo leer de niño, la que me convirtió en escritor sin saber que lo hacía. Estaba orgullosa, lo sé, me lo dijo cientos de veces. Creyó en mí cuando nunca fue capaz de creer en ella. Cuando era niño fui incapaz de verlo y ayudarla, y ya de mayor era tarde".
Tampoco ha querido dejar pasar la ocasión para hacer una de sus confesiones más bonitas. "Estaba orgullosa, lo sé, me lo dijo cientos de veces. Creyó en mí cuando nunca fue capaz de creer en ella. Cuando era niño fui incapaz de verlo y ayudarla, y ya de mayor era tarde. Adiós, mamá. Al fin respiras aire limpio. Al fin solo escucharás tu propia voz. No dejes de leerme, allá donde estés. Aún me quedan muchos libros por escribir".













