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He leído que Juan Carlos Galindo, crítico de Babelia, ha escrito (recogido por el material promocional de la obra, en Amazon) que 'Asesinato en la Casa Rosa' es "una nueva serie en la que se encuentra lo mejor de Agatha Christie". Tras investigar más, me he dado cuenta de que estaba describiendo de la manera más concisa posible lo que hace este libro y por qué funciona tan bien. La comparación con Christie es una descripción técnica y acertada. Una casa grande con una familia rica hasta el cuello de secretos, una investigadora externa que llega al lugar y empieza a hacer preguntas, sospechosos con motivos y coartadas y la construcción sostenida de una tensión brutal. Eso es lo que Christie inventó, ¿no? Eso es lo que Portabales hace con Galicia.
Arantza Portabales (San Sebastián, 27 de enero de 1973) es hija de emigrantes gallegos. Regresó con su familia a Marín en 1985, estudió Derecho en la Universidad de Santiago de Compostela y trabaja como funcionaria. Su trayectoria de abogada y funcionaria que escribe microrrelatos a los cuarenta años, publica su primera novela en gallego. Una década después, es una de las escritoras de novela negra con más lectores de España. Portabales ha llegado a la literatura por la necesidad de contar historias. Ha dicho en entrevistas que necesita ruido para escribir, la tele encendida o música de fondo. Es decir, escribe donde puede. Y eso nos encanta.
'Asesinato en la Casa Rosa' es su primera novela con la editorial Lumen, publicada en enero de 2025. También es el primer volumen de una nueva serie titulada 'Los crímenes de Loeiro', que abandona a sus personajes habituales (los inspectores Abad y Barroso de 'Belleza roja') y apuesta por una protagonista nueva: la inspectora Iria Santaclara, quien ha abandonado el servicio activo para cuidar de su marido convaleciente tras un ictus cuando recibe una llamada importante. Ulises Villamor, una de las grandes fortunas del país vinculada al sector sanitario, quiere que investigue extraoficialmente la muerte de su mujer, de la que sospecha que fue asesinada hace cuatro años por alguien de su familia. La propuesta incluye pagar un costoso tratamiento en Alemania que podría salvar a su marido. Iria acepta y se instala en la Casa Rosa, la mansión familiar en Loeiro. Poco después, ocurre un nuevo asesinato.
Una Agatha Christie actualizada con dinero, familia y Galicia
La estructura que Portabales ha elegido es deliberadamente clásica. Una mansión, una familia con secretos y una investigadora. En Christie, esas mansiones eran casas de campo inglesas con criados y herederos y tías con testamentos. En Portabales es una familia de magnates gallegos, la clase de familia que en Galicia existe, pero que rara vez aparece en la ficción. Xavier García, en EFE, ha descrito a la familia Villamor como "al estilo de los Ortega", lo cual sitúa bien la escala de lo que Portabales ha escrito: un universo de poder, con sus reglas, lealtades y métodos para resolver problemas.
Los capítulos son cortos, casi todos terminan en un punto que obliga a seguir y la información se distribuye con una exactitud que Marta del Riego Anta, en Zenda, ha descrito así: "Un artefacto muy medido, con un ritmo rápido y capítulos breves con sorpresa final, que te hacen querer más, seguir avanzando. Una novela de las que se devoran en dos noches de insomnio". Su arquitectura de libro que te mantiene atenta durante horas en el sofá es (técnicamente) muy difícil de conseguir. Portabales la domina.
Por qué Galicia en 'Asesinato en la casa rosa'
Galicia nos da niebla, mar, pueblos con historia y poca gente. Nos ofrece la relación que tienen las comunidades pequeñas. Portabales controla el terreno. Creció allí y ha escrito antes sobre aquella Galicia escondida. Loeiro, el pueblo ficticio donde transcurre la serie, tiene la densidad de los lugares inventados que se sienten tan reales porque están construidos sobre lugares que sí existen.
Portabales ganó en 2024 el Premio a la autora más leída en los clubes de lectura de Galicia. Los clubes de lectura son el lugar donde los libros se discuten y donde los lectores exigen que haya algo que valga la pena comentar además del entretenimiento. Portabales fue la más leída en esos espacios. Está claro: sus novelas funcionan en los dos niveles. Son adictivas y tienen densidad. Se devoran y dejan algo cuando se termina de devorarlas.
Portabales ha querido arrancar una nueva serie con personajes distintos a los de sus novelas anteriores, después de haber construido una audiencia muy fiel con Abad y Barroso. Ha apostado por algo que no todos los escritores en su posición habrían hecho. El riesgo es que los lectores que vienen de 'Belleza roja' lleguen en busca de los personajes que ya conocen y se encuentren con unos nuevos. La recompensa, si funciona, es poder encontrar y conseguir algo diferente sin la presión de repetir lo que ya ha funcionado. 'Asesinato en la Casa Rosa' lleva ya más de 100.000 lectores. El segundo volumen de la serie, 'Asesinato en el Molino del Cura', está ya publicado, lo que indica que la apuesta ha funcionado.
Chus Gómez Dorrego, en el Diario de Pontevedra, lo ha resumido así: "Soy muy fan de Abad y Barroso, pero Santaclara y Araújo le dan otro aire a estas historias adictivas y bien escritas". Ese "otro aire" es lo que Portabales buscaba y lo que el libro tiene. Estamos muy de acuerdo.











