- Todos los famosos que han muerto en 2025
- Las 35 mejores películas de la historia del cine, ordenadas
- Las 60 mejores películas españolas de la historia
El Papa León XIV ha visitado el Principado de Mónaco, un país que no suele estar en la agenda de los representantes de la Iglesia Católica por lo que esta visita ha tenido un valor histórico especial. Y eso que ha sido una visita relámpago de tan solo unas horas en las que el Sumo Pontífice ha tenido una reunión con los Príncipes de Mónaco, Alberto II y Charlène y en la que ha oficiado una misa en la Catedral y en el Estadio Louis II que ha cerrado la jornada.
Los Príncipes han sido los grandes anfitriones de la visita, y han recibido al Papa León XIV en el helipuerto de Mónaco donde ha aterrizado acompañado de un pequeño equipo. Pero no estaban solos. Ante lo histórico de la visita, toda la familia Grimaldi ha tenido un papel especial.
Junto a los Príncipes se encontraban sus hijos, los gemelos Jacques y Gabriella, que han tenido una recepción tan breve como esperada. Mientras que el matrimonio se ha mostrado totalmente tranquilo y cercano en todo momento, sus hijos han estado muy atentos a cada movimiento y comprobando todo el tiempo que cumplían con el protocolo. Pero no eran los únicos que estaban presentes.
El resto de la familia Grimaldi también estaba a las puertas del Palacio. Mientras que Charlene y Gabriella hacían uso de su privilegio de blanco, que también tiene la reina Letizia, utilizando un vestido de corte midi con detalles bordados y mantilla en los interiores, el resto de miembros de la familia, en línea con el protocolo de vestimenta, ha acudido de negro y con mantilla.
Tras ello, en la Catedral de la Inmaculada Concepción en Montecarlo, se ha celebrado la Liturgia de las Horas, en la forma del Oficio de Sexta, durante la cual Su Santidad el Papa León XIV ha pronunciado una homilía. Esta celebración, presidida por el Santo Padre, ha reunido al clero, a las religiosas de Mónaco y a representantes de los servicios, movimientos y asociaciones de la diócesis.
De esta forma, la visita ha dejado clara la conexión discreta pero continua que hay entre el Vaticano y el Principado de Mónaco, que hace que este tipo de jornadas, aunque escasas, se desarrollen de forma sencilla y sin necesidad de grandes despliegues.



















