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Así fue la boda de Carlos de Inglaterra y Camila Parker-Bowles

Repasamos las imágenes más destacadas de uno de los enlaces más esperados durante años: el del Príncipe de Gales y Camila Parker-Bowles.

Tras 35 años de espera, el amor entre Carlos y Camila culminó con éxito el 9 de abril de 2005. Camilla Parker-Bowles era odiada por toda la sociedad inglesa por considerarla culpable de la ruptura entre Carlos y Diana. Pero Carlos, contra viento y marea y con escasos apoyos por parte de su familia, decidió casarse con ella.

La boda civil no estuvo exenta de polémica ya que, entre las 15.000 personas que se calculan que siguieron la ceremonia desde la calle, muchas portaban el rostro de Lady Di como signo de protesta contra el enlace. Pero nada pudo empañar la felicidad que desprendía ese día tan especial a la novia, que se decidió por un discreto conjunto formado por un abrigo de seda y un vestido en blanco roto que cedía el protagonismo al espectacular sombrero de Phillip Treacy.

A continuación, repasamos cómo fueron las dos ceremonias que se celebraron, qué vestidos lució la novia y cómo se desarrolló todo el aquel día tan señalado para la Corona británica.

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Última noche de solteros, separados. Carlos y Camila pasaron la última noche de solteros por separado. Aunque el príncipe de Gales y su novia llevaban más de tres años viviendo juntos, pasaron esa noche cada uno por su lado.

Ella durmió en Clarence House, su residencia oficial, y el príncipe de Gales lo hizo en Highgrove, su residencia campestre, al oeste de Londres, junto a sus dos hijos, Guillermo y Enrique, fruto de su matrimonio anterior con Lady Di.

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Ceremonia corta y sencilla. La ceremonia que les unió duró 20 minutos. Carlos y Camila se convertían en marido y mujer en un acto sencillo. Algunas de las palabras que se intercambiaron fueron: "Llamo a estas personas aquí presentes a testificar que yo, Carlos Felipe Arturo Jorge Windsor, tomo a Camila Rosemary Parker-Bowles como legítima esposa".

Hubo intercambio de anillos, hechos a mano por los anticuarios Warstki con oro de las minas galesas de San David.

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La ausencia más destacada. Los grandes ausentes de esta ceremonia civil fueron la reina Isabel II y su marido, el duque de Edimburgo.

La soberana británica justificaba su ausencia asegurando que su condición de cabeza de la Iglesia anglicana no se lo permitía.

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Así fue su vestido de novia. Para su boda civil, Camila lució un diseño en blanco roto de Robinson Valentine, sus estilistas personales. Llevaba un abrigo de hilo de seda con trenzado hecho a mano. Debajo, un vestido de chifón con aplicaciones de círculos, realizados por encargo en Suiza.

La pamela era de Philip Treacy, de paja entrelazada, plumas y encaje francés en color marfil. Los zapatos, de Linda Bennett, eran beis y con cinco centímetros de tacón.

La novia no llevaba ramo, en su lugar una cartera de cuero y ante. El peinado era obra de Hugh Green, de "Hugh & Stephen".

Por su parte, Carlos vestía de chaqué con una rosa silvestre de cinco pétalos, símbolo de los Windsor, en la solapa. Guillermo y Enrique también fueron vestidos de chaqué.

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Trayecto en Rolls Royce. Fue a las 13:20, hora en España, cuando salía del castillo de Windsor un Rolls Royce Phantom de 1962, regalado a Isabel II en 1978, con Carlos y Camila en su interior.

Tras un recorrido en coche de solo tres minutos, la pareja descendía del vehículo para dirigirse hasta la casa consistorial, donde sellarían su unión.

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Miles de curiosos en las calles. Testigos de la llegada fueron los más de 2.000 curiosos que se agolpaban en las calles de Windsor, localidad de poco más de 20.000 habitantes, así como los más de mil policías y miembros del Ejército que velaban porque todo fuera bien en un dispositivo de seguridad que costó cerca de dos millones de libras.

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También hubo misa... Tras la boda civil llegó la ceremonia religiosa que bendecía la unión. Esbozando una gran sonrisa, que reflejaba la felicidad que sentían tras su boda civil, Carlos y Camila regresaron al castillo de Windsor para recibir la bendición del arzobispo de Canterbury, Rowan Williams.

Mientras sus 750 invitados disfrutaban de un almuerzo, la pareja se preparaba para el oficio religioso. Camila aprovechó ese tiempo para cambiarse de traje...

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Reconocieron sus pecados de rodillas. Tras escuchar unas palabras del arzobispo de Canterbury, el heredero británico y su esposa se arrodillaban para reconocer sus pecados y sus maldades con un pasaje del "Libro de la Oración Común" de 1662, elegido personalmente por Carlos.

"Reconocemos y deploramos los múltiples pecados de pensamiento, palabra y obra que a veces cometemos. Estamos sinceramente arrepentidos de nuestras malas acciones", leyeron.

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No pudieron celebrar un enlace religioso. Uno de los momentos más importantes de la ceremonia, que no era una boda sino una misa porque la condición de divorciada de Camila impedía un enlace religioso, fue la bendición de los anillos mientras los enamorados se cogían de la mano.

El arzobispo de Canterbury bendijo después a los recién casados, que se juraron fidelidad.

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Portada de Diez Minutos. Esta revista recogió todas las fotografías y todos los detalles del enlace y los llevó a portada ese abril de 2005. "Por fin casados", se tituló.

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Los novios eligieron la música. La pareja y, en especial la duquesa de Cornualles, se involucró mucho con los preparativos. De hecho, ambos eligieron la música que sonó en la capilla.

Se escucharon, entre otras piezas, un himno ruso con música de Grechaninov interpretado por Ekaterina Semenchuk. Esta actuación fue un regalo de boda de la Fundación Teatral Mariinsky de San Petersburgo, de la que Carlos es benefactor.

También sonaron otras piezas por las que los recién casados sienten predilección, como la cantata de Bach, "Nun Komm der Heiden Heiland", extractos de "Música Acuática" de Haendel y obras de Finzi y Grieg.

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Himno nacional. Convertidos en esposos y con las bendiciones de la Iglesia anglicana, de la que Isabel II es gobernadora, Carlos y Camila abandonaron la capilla mientras sonaba el himno nacional.

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Su segundo vestido, en oro bordado. El otro diseño que lució Camila también fue de de Robinson Valentine. Vaporoso de seda en azul porcelana que combinaba con un abrigo largo bordado a mano con cinco tonos de hilo de oro, inspirado en una antigua joya de la madre de la novia.

Tuvo dos entrevistas con las diseñadoras y se le hicieron ocho pruebas para los dos trajes.

El tocado, de Treacy, era de hojas de piel doradas con diamantes de Swarovski. ¿Y el ramo? De flores silvestres del jardín de Highgrove.

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En familia. A las puertas del templo, los recién casados, que por fin vieron cómo su amor triunfaba por encima de todo, se fotografiaron junto a Isabel II y otros miembros de la familia real británica.

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Isabel II, presente pero distante. La soberana finalmente cedía y permitía este enlace entre su hijo y su eterna amante. Sin embargo, no parecía demasiado contenta y se mostró fría aquel abril.

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Fotografía oficial. Sin embargo, posó en la foto oficial junto a los novios. También estaban en la imagen su esposo, Felipe de Edimburgo; sus nietos, Guillermo y Enrique; y la familia de Camila: su padre Bruce Middleton y sus hijos Thomas y Laura Rose.

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Abril ventoso... ¿Qué tiempo hacía por estas fechas hace trece años en la capital británica? Pues la meteorología no fue benévola con ellos, ya que soplaba un fuerte viento que amenazaba con arrebatarle el tocado a la novia.

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Muy agradecidos por el cariño. Pese a todo, el matrimonio estaba satisfecho y compartió su alegría con las personas que les esperaban a las puertas de la capilla, saludándolas y dándoles la mano.

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¿Hubo contrato prematrimonial? El día del enlace civil trascendió que el Príncipe se había negado a firmar con su esposa, ya duquesa de Cornualles, un contrato prematrimonial aunque sus abogados le aconsejaron que lo hiciera... ¡Es amor de verdad!

¿Qué amuleto de la suerte llevó ella? En la imagen, Camila llevaba una herradura de la suerte en su ramo. Conseguido su sueño después de tantos años, no quería que nada acabase con ello.

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Luna de miel en Ginebra. Cinco horas después de haberse convertido en marido y mujer, los recién casados abandonaban el palacio de Windsor y se trasladaban a un aeropuerto cercano que les llevaba a Aberdeen, Escocia, donde se les hizo una breve bienvenida de honor.

Así comenzaban Carlos y Camila su luna de miel en uno de los destinos favoritos del príncipe: Birkhall, un palacete a doce kilómetros del castillo de Balmoral. Esta casa fue uno de los "escondites" que tenían cuando eran amantes.

Días después viajaron a Ginebra para continuar con su descanso.

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