Irene Villa habla, sin tapujos, sobre su atentado

La víctima de ETA ha recordado cómo fue para ella sufrir un atentado que le dejó sin piernas cuando era niña. Ha revelado lo mal que lo llevó su padre y las secuelas que tuvo que superar para la recuperación.

Irene Villa Chester Risto Mejide

El 17 de octubre de 1991, hace más de 27 años, todas las noticias de la televisión nacional abrían con un atentado: una niña había perdido las dos piernas y su madre la pierna y el brazo después de un atentado con cocho bomba en Madrid. Irene Villa, la niña de aquel atentado, decidió perdonar a los causantes y se convirtió en un símbolo. En el programa de 'Chester' dedicado al perdón ha recordado con todo detalle lo que sufrió en aquel momento rompiendo el corazón a Risto Mejide.

Irene Villa
Cuatro

"El perdón para mí es la liberación, es como la aceptación de lo que ha ocurrido sin mantener en tu corazón odio ni rencor", asegura Irene Villa, quien actualmente, además de periodista, escritora y esquiadora, da charlas de ayuda a la superación de traumas en grandes foros. Y es que, ella sostiene que "no se puede vivir con rencor", una enseñanza que le viene de una frase que su madre le repetía durante el proceso de recuperación los días posteriores al atentado: "Hija, el odio solo hace daño a quien lo siente, tú decides, bastante tienes ahora que superar y que aceptar en tu vida como para hacerlo con odio y rencor. Esa mochila no te conviene".

La presencia de Irene Villa en el programa dejó a Risto muy emocionado tras los conmovedores recuerdos de Irene. Entre ellos, el cariño con el que cuenta lo duro que fue para su padre afrontar la noticia, y es que, él fue el primero en escuchar el diagnóstico de la pequeña: "Le dijeron que no tenía manos, que no tenía piernas, que tenía la cara destrozada. Él decía que yo era una paloma que me habían dejado sin alas", confesaba Irene quien añadió que su padre llegó a pedirle a los médicos que no la salvara por las terribles secuelas que iba a sufrir.

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"Cuando le dijeron cómo estaba yo prefería que no me lamentase por no poder encestar una canasta de baloncesto, que era mi pasión, por no poder patinar sobre hielo y de hecho al médico le pidió que no me salvase”, confesaba Irene con ternura pues no juzga a su padre por ello: "Es una situación muy límite". Su padre se arrepiente de haber pedido esa. "En todos los momentos que me ha acompañado siempre mi padre me ha dicho: ‘Marita y pensar que yo deseé que no estuvieras y fíjate las alegrías que me has dado’, empezando por sus nietos y acabando por todo el deporte que he seguido practicando y mil cosas".

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