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Y finalmente Albert Solá contó su historia. A su 66 años y días antes de presentarse en en plató de '¿Quién es mi padre?', el que reclamaba ser hijo ilegítimo del Rey Emérito falleció en un bar cercano a su puesto de trabajo. Sin embargo, el programa ha emitido la entrevista que se le realizó días antes donde narraba toda su historia de vida, con la documentación que acredita las sospechas que le señalan como hijo de Don Juan Carlos I. Un relato que por primera vez se emitía íntegro algo que, según Carlota Corredera, le hacía mucha ilusión al camarero para que se diera a conocer su historia, lo que ha hecho que su muerte se rodeara de misterio, sin embargo, según un informe preliminar mostrado por el programa la causa de la muerte fue un infarto de miocardio: "hay un clamor entre la familia para pedir una segunda autopsia", ha matizado Corredera.
Solá nació en el momento que Don Juan Carlos I tiene 18 años y está haciendo la instrucción militar, y fue dado en adopción prácticamente en el momento de su nacimiento.
Con dos semanas de vida fue registrado en la Casa Provincial de Barcelona como hijo de padres desconocidos, pero a los tres meses fue trasladado a una barriada de Ibiza a los cuidados de una nodriza. "Era el final de la postguerra, los orfanatos estaban llenos y carecían de alimentación por lo que había premura para que los niños y niñas se adoptaran, y si no había leche se le buscaba una madre nodriza. Lo que no es habitual es llevar a un bebé fuera de la península. Con el tiempo he averiguado que a la familia de Ibiza le hacían unos pagos de 900 pesetas trimestrales por cuidarme, y cada mes iba alguien de las autoridades de Ibiza a supervisar cómo estaba yo".
Según recuerda Albert, a los 3 años fue trasladado a Barcelona donde recibía las visitas de una mujer de pelo rubio que asegura que era Doña Infanta María de las Mercedes, madre de Don Juan. Visitas que se terminaron cuando a los 8 años fue adoptado por su familia adoptiva definitiva, un matrimonio pobre que vivía en la finca de unos marqueses a los que, además de pagarle el alquiler debían entregarle gran parte de sus cosechas.
Esta infancia ha marcado el carácter de Albert quien ha destacado que "ni todo el oro ni todo el poder podrían hacerme cambiar los apellidos que hoy llevo". Y es que, a pesar de sospechar que alguien podría haber estado protegiéndolo, sobre todo durante su servicio militar, nunca pensó que pudiera ser su verdadero padre y mucho menos el monarca.
Según explica, fue un agente del CNI quien se puso en contacto con él, le tomó una muestra de ADN y después aprovechó la presencia de Don Juan Carlos de Borbón en la cumbre iberoamericana celebrada en Chile en 2007 para coger un vaso utilizado por el entonces monarca. Esta historia es corroborada por el expropietario del laboratorio de Lleida en el que se llevaron a cabo los análisis: "En una primera etapa vino una persona anónima y me pidió que realizase una prueba de paternidad con una prueba de ADN desconocida, se identificó como una prueba de paternidad positiva y así se dejó plasmado en un informe que se les entregó, inmediatamente se nos pidió que destruyésemos cualquier prueba del informe", explica Jaime Buj, genetista.
Tanto en el caso de Albert como en el de Ingrid Sartiau, las personas que les cuidaban recibían grandes cantidades de dinero para su manutención mientras eran pequeños, y visitas constantes de autoridades que se preocupaban por su bienestar. Tras su adolescencia, recibían regalos que estaban fuera del alcance de sus cuidadores.











