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Nos citamos en casa de Blanca Marsillach, en pleno barrio de Salamanca. Un lugar amplio y luminoso en el que habita con su perra Puck, donde prepara sus proyectos teatrales. El próximo, la obra 'Las cosas fáciles' (se estrenó el pasado 26 de octubre en el Bellas Artes), que aborda la historia de Carmen, una mujer que al enviudar se encuentra perdida entre las cuentas y el papeleo que le ha dejado el marido. Un embrollo del que le saca su nieta, y que como todos los que lleva a cabo la actriz, tiene un trasfondo social. De ahí que al finalizar se hagan talleres para ayudar a los mayores en la inclusión digital y financiera, ya que el sector senior es muy vulnerable, con la inestimable cooperación de la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA).
"Es la manera más eficaz de ayudar a las mujeres maltratadas, a chicos que sufren acoso escolar o bullying, además de a los mayores, que es un sector muy abandonado y muy necesitado, que tiene miedo a la hora de acercarse a las nuevas tecnologías", dice. Precisamente el tema de cumplir años es un problema incluso para gente lejos de ser anciana: "El otro día estuve en el programa 24 horas de TVE, y la entrevistadora, una joven de 49 años, me decía que tiene compañeras que no hablan de la edad por miedo a ser despedidas", señala con preocupación.
Este trasfondo social ya lo tenía en sus obras su padre, el gran Adolfo Marsillach, en su momento, aunque él lo hacía con un fondo político, que era lo que demandaban en esos tiempos. Este es un proyecto que Blanca va a alternar con un monólogo, 'Cómo ser mujer y no morir en el intento', en el que interpreta a una actriz que al cumplir los 50 comprueba que antes de llegar al ecuador de la vida, la edad no era un problema porque la gente te respetaba. "Estoy arrepentidísima", afirma con humor sobre su vuelta a las tablas. "Tengo que estudiar muchas páginas, ya que hace tiempo que no hago un monólogo. Este es la historia de una actriz de 50 años, a quien por primera vez le van a dar un Goya, ahora que cualquier chica joven y guapa se considera actriz, aunque no sepa vocalizar".
"¿Qué le ha enseñado la vida?", le pregunto. "A no tomarme las cosas tan en serio, y que lo más importante es la salud. Yo lo he pasado tan mal con lo de la espalda, que el día que me levanto sin dolores, soy otra. La operación es muy reciente, y yo he nacido con una espalda degenerativa, es por lo que tengo que hacer mis ejercicios, nadar…". "¿Y profesionalmente?", añado. "Que esto es solo trabajar y trabajar: en mi caso, no existe el factor suerte".
Hay quienes prefieren vivir de sus apellidos, pero Blanca está hecha de otra pasta, aunque sí hay algo que le pesa: "Adolfo Marsillach lo hizo todo por la cultura, durante años. Me duele eso sí que no tenga un teatro en Madrid que lleve su nombre. Yo soy una mujer de negocios, tengo una productora, y un concepto de lo que es la cultura, y que se puede vivir de ella. De igual manera que me parece increíble que Rafael Alberti no tenga una plaza o una estación que le represente".
"¿Cómo imagina su vejez?", le pregunto con curiosidad. "En un rancho con un súper spa, piscina, baño turco... y mi profesor de Pilates, porque es lo que necesito físicamente para encontrarme bien", me cuenta hasta emocionada sólo de pensarlo.
Éste es sólo un extracto de la entrevista completa que puedes leer en el número de Diez Minutos que ya se encuentra en el quiosco.
Su foto favorita
"Es una foto entrañable con mi madre sosteniéndome, y mi padre que me mira y piensa: 'Qué rebelde me ha salido'".
Ayudante: Sara Guillén | Estilismo: UMO colección | Maquillaje: David Deibis

















