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Kiko Rivera está en uno de los mejores momentos de su vida, y buena prueba de ello han sido las vacaciones de lujo que se ha pegado con su mujer, Irene Rosales, y sin sus hijas, las pequeñas Ana y Carlota. La pareja, que el año pasado veraneaba en Huelva, cogía hace sólo unos días unas jornadas de desconexión en pareja para disfrutar de Ibiza y Formentera, y además lo han hecho a todo tren. Los tortolitos iban en un barco para surcar las aguas de las Pitiusas cuyo precio de alquiler es de 950 euros al día, a lo que hay que sumar otros 180 euros por llevar patrón.
Cuando decíamos que el DJ ha disfrutado de su mejor verano en años, no lo decíamos al azar: a pesar de que la relación con su madre, Isabel Pantoja, sigue estancada y no se dirigen la palabra, desde que Kiko se alejara de la televisión está en un momento muy bueno: se ha centrado en su carrera como DJ, encadena bolos por toda España, y además sus redes sociales echan humo: su canal de Twitch, donde hace directos solo o con otros creadores de contenido, va especialmente bien, y en Instagram suma ya más de un millón de seguidores, una cifra que le posiciona en el Olimpo de influencers más importante de nuestro país junto a otros como Violeta Mangriñán, Xurxo Carreño, Sofía Suescun, Dulceida, María Pombo, Lola Lolita o Paula Echevarría.
Kiko Rivera disfruta de un gran momento personal y profesional
Todas esas cifras le han servido para, además de ingresar dinero con su música y sus bolos, empezar a facturar haciendo publicidad en sus redes, por lo que fichaba hace unos meses por una de las agencias de influencers más importantes de España, con la que también trabaja Irene Rosales, y llevan a otros famosos como Marina Rivers, Natalia Osona, Nona Sobo, el cantante Jorge González o los 'Gemeliers' Dani y Jesús Oviedo.
Por otro lado, y tras estos días de asueto disfrutando del sol y el mar mientras ligaban bronceado, Kiko ha vuelto a la realidad de la mejor manera: retomando los buenos hábitos de comer bien y volviendo al gimnasio, y es que, tras sus numerosos problemas y sustos de salud a sus 40 años, ha tenido que cambiar de estilo de vida radicalmente. Sin duda, atrás han quedado aquellos años en los que Kiko dilapidaba sus cuentas bancarias de fiesta en fiesta: ahora ha sentado la cabeza, disfruta de planes en pareja y de sus hijas y trabaja para tener una vida cómoda y, sobre todo, tranquila.

















