Tras los últimos achaques de salud que le obligaron a pasar por el hospital, Andrés Pajares se encuentra recuperándose favorablemente e incluso con el ánimo suficiente de volver a actuar. Su sentido del humor sigue intacto, y pese a ser toda una leyenda del espectáculo, prevalece siempre en él esa cercanía que tanto le ha caracterizado y que ha hecho que sea uno de los actores más queridos por el público. El actor ha abierto las puertas de su casa a DIEZ MINUTOS y allí hemos repasado su trayectoria profesional y personal e interesado por su salud. "Estoy mucho mejor que hace unos meses, que llevo ya cinco operaciones de columna y un catarro. A ver, me muevo menos de lo que debería, y mis broncas con Juani, que son muy pocas, son por eso, y ella lo hace por mi bien. Tengo que intentar salir más a caminar, pero es que la gente es muy cariñosa y me paran todo el rato" y reconoce que el sentido del humor le ha ayudado a superar momentos difíciles. "El humor me ha hecho pensar de otra forma muchas veces. Pero cuando se murieron mis padres, tuve ese mismo día que subir al escenario y hacer reír a la gente. Eso es muy duro. Y le pasó también a Lina Morgan, a Concha Velasco… Éramos gente que, aun con desgracias en la vida, teníamos que salir a trabajar", recuerda. El actor también se emociona recordando su infancia. "Mi padre, en plena posguerra, trabajando veinte horas al día, se iba caminando muchos kilómetros para comprarle un filete de ternera a su hijo", cuenta.
Andrés Pajares se casó hace casi siete años con Juani y quiero saber qué ha supuesto ella en su vida. "Juani es la mujer más hermosa y especial que he conocido en mi vida y aquí estamos juntos. Ella empezó a trabajar de secretaria conmigo hace 24 años. De verdad creo que tengo la mejor mujer del mundo" y tiene claro qué es para él la felicidad. "Me considero afortunado en el amor y mis etapas en pareja me dieron la felicidad, en un tiempo de mi vida, y después me la quitaron. Y ahora mismo estoy plenamente feliz porque tengo la mejor mujer del mundo", añade.
Andrés Pajares: "Yo vengo de una familia muy humilde. Mi padre trabajaba de camarero en un colmado y ganaba 100 pesetas al día"
Andrés Pajares se sorprende cuando le pregunto cómo lleva ser uno de los decanos de los actores cómicos españoles. "¡Jolín! Eso me suena a Papa. No sé yo si hay alguien más en esto… bueno sí, José Sacristán, que tiene algún año más que yo. Y mira, el otro día acudí al teatro a ver 'La venganza de Don Mendo' y sin esperármelo, me dedicaron la función. Y venga aplausos, y yo en el palco saludando, que ya me quería ir" y tiene claro que sus orígenes humildes le han marcado. "Sí, lo valoras todo, porque yo vengo de una familia muy humilde. Mi padre trabajaba de camarero en un colmado y ganaba 100 pesetas al día. No me quiero emocionar, porque lo recuerdo… y yo a mi padre lo adoraba y lo sigo adorando. En plena posguerra, trabajando veinte horas al día, se iba caminando muchos kilómetros para comprarle un filete de ternera a su hijo. Eso es algo que no se olvida. Y era un tío muy gracioso sin él pretenderlo", recuerda emocionado.
Andrés Pajares, cuya hija Maricielo acaba de presentar su última novela, reconoce que nunca imaginó que aquel chaval que ganó 25 pesetas en un concurso radiofónico llegaría tan lejos. "Aquello fue un concurso infantil que gané con 9 años, en Radio Madrid, hoy Cadena Ser. Tenía metas, pero también sabía que era muy difícil. Fue un camino largo hasta que acabé en una sala de fiestas, el York Club, y me dije, "de aquí no salgo hasta ser alguien". Pero la primera vez que la gente ubicó mi nombre fue porque di las gracias a Franco, en la tele, por haber puesto un puerto a mi nombre, el puerto de Pajares, que todavía está ahí. Al día siguiente la gente decía, "mira, el del puerto", y ahí pensé, "lo he conseguido", explica.
Andrés Pajares: "En mis inicios llegué a hacer hasta once funciones diarias en una carpa"
Aunque en una carrera tan larga como la de Andrés Pajares no todo han sido alegrías. Por ejemplo, a principios de los años 90 no quiso trabajar con el mítico Kirk Douglas. "Me lo ofrecieron, pero no fue por el caché, sino porque era una película muy mala. Era el personaje de un portugués y al final ese papel lo hizo Imanol Arias. Me acuerdo perfectamente del guion, pero es que era muy malo. El cine me ha dado poco dinero, porque yo donde más me he movido ha sido con los shows en teatros y salas de fiestas, en mis inicios llegué a hacer hasta once funciones diarias en una carpa", dice.
Andrés Pajares reconoce que, por amor a su profesión, ha renunciado a su vida familiar. "Pero aun así, cuando empezaba, en un 600 me llevaba conmigo a mi madre, a mi padre y a mi hijo. Pero siempre tuve claro que quería dedicarme a esto, y si no, lo otro que me hubiera gustado es ser publicista" y recuerda uno de los momentos más suarrealistas que ha vivido en su carrera. "Ha habido muchos. Pero mira, la reina Sofía me puso una ambulancia para poder actuar. En ese momento todavía era princesa y ya era una gran señora; siempre lo ha sido. Todo fue porque la noche anterior yo trabajaba en Murcia, y querían que actuase a la mañana siguiente en Madrid. Les dije a los de Casa Real que no podía ser porque si no dormía, me quedaba ronco. Y entonces me pusieron una ambulancia para que pudiera llegar descansado" y sonríe al hablar de aquella actuación. "Llegamos incluso antes de tiempo y tuvimos que estar un rato parados en el arcén del Teatro de La Zarzuela. La gente alucinó, sobre todo Manolo Escobar, que decía: "¿qué le ha pasado a Pajares?". Hice de Julio Iglesias, de Matt Monro… Y la reina Sofía me dijo que le gustaban mucho mis imitaciones y yo le aclaré que no imitaba, que yo lo que hacía eran parodias".
Andrés Pajares: "No voy a misa pero todos los días rezo por Fernando Esteso. Ha sido como un hermano"
Andrés Pajares considera que es un hombre rico en amigos y que no tiene enemigos dentro de su profesión: "No todo el mundo puede decir que todos los compañeros le quieren", cuenta y reconoce que hubo un antes y un después en su carrera tras ganar el Goya por su trabajo en '¡Ay, Carmela!'. "Sin duda, eso me abrió muchas más puertas. Y demostró que soy como los antibióticos, un actor de alto espectro. Sobre todo, lo noté en las ofertas que hubo. Pude trabajar con Rosa María Sardá, que era una delicia, o con María Barranco, dirigidos por su marido, Imanol Uribe, y nos dieron la Concha de Plata en San Sebastián", explica. Hace unos meses, el actor perdió a Fernando Esteso, compañero de éxitos y buen amigo. "Me pongo muy triste de pensar en Fernando, no lo puedo olvidar. No voy a misa, pero todos los días rezo por él. Le pido a un Cristo que tengo en casa, por mi mujer, mis cositas, y desde que murió, él cierra el espectáculo, y siempre pido por él, por mi amigo Fernando Esteso, que ha sido como un hermano", dice.
Andrés Pajares revela cómo le llegó su último trabajo: participar en la serie de los Javies 'Paquita Salas'. "Me mandaron el guion y Javier Ambrossi, que es un encanto, me dijo que si mi caché se salía del presupuesto, él lo ponía de su sueldo. Te lo puede decir mi mujer. Él quiso poner la diferencia de lo que fuera, porque sobre todo quería que trabajase con ellos. Me acuerdo de que, después de estrenarse la serie, estaba yo en la piscina, y se me acercó una chica jovencita y me dijo: "¿Usted es el marido de Paquita Salas?”". ¡Ni Pajares ni hostias! Eso fue un boom" aunque, para él, este papel no ha sido el broche a su carrera. "Hice eso y lo que queda. ¡Todavía puedo hacer de abuelo! Me veo con ganas de seguir trabajando, pero en papeles cortitos" y reconoce que a uno de sus papeles que le tiene más cariño es a Makinavaja, el último chorizo. Andrés Pajares todavía quiere seguir trabajando y prefiere entregar un Goya a recibir el Honorífico. "Prefiero no recibirlo porque siento que es como si dijera que se ha acabado mi vida", asegura.
La foto favorita de Andrés Pajares
"Esta foto junto a la reina Sofía es de cuando actué para un acto benéfico de Cruz Roja y me pusieron una ambulancia para poder llegar al teatro, desde Murcia hasta Madrid", recuerda.















