Jesulín de Ubrique (52), el nombre artístico de Jesús Janeiro, no tuvo una infancia al uso. El propio torero ha confesado en diversas entrevistas que fue "un niño feliz", pero las necesidades económicas empezaron a apremiar en su casa cuando apenas comenzaba su adolescencia; una etapa en la que, si ya de por sí es complicada, a Jesús le tocó madurar antes de lo previsto. El diestro no es de los que suele abrirse en canal sobre su vida más íntima y privada, pero hizo la excepción concediendo una entrevista a Bertín Osborne, con el que tiene una amistad desde hace décadas por su pasión compartida por la tauromaquia, para el programa 'Mi casa es la tuya', donde Jesús se sinceró sobre los problemas de deudas familiares con los que se dio de bruces con tan solo 13 años, y por los que vio en el toreo una salida para empezar a llevar dinero a casa: "Empecé en el mundo del toro para pagar".
No es ningún secreto, y así lo ha contado públicamente Jesulín, que su padre, Humberto Janeiro (que falleció en el año 2020 debido a complicaciones de su diabetes), empezó a acumular deudas en los años 80. "Yo empecé a torear sin vocación; yo empecé en el mundo del toro para hacer dinero con el que pagar una deuda que mi padre tenía por haber llevado a grandes artistas a cantar a Ubrique", le confesó a Bertín. "Cuando una artista va a cantar, tiene que cobrar; mi padre, en la feria de ese año en Ubrique, llevó a Bigote Arrocet, a los Payasos de la tele y después, como plato fuerte, vino un día El Fary, otro Manolo Escobar y el último Rocío Jurado", contó. Un cartel para el que Humberto no tenía dinero; las deudas se empezaron a acumular, y Jesús tuvo que buscarse la vida para empezar a llevar dinero a casa.
La presión de Jesulín con 13 años para sacar a su familia adelante
El gaditano no solo tuvo que madurar temprano por ponerse a trabajar con solo 13 años, sino que, además, el hecho de ser bueno (pese a su confesa falta de vocación) en el ruedo hizo que la presión por mejorar y ganar aún más dinero se multiplicara. En una entrevista en el programa 'El camino a casa' (La Sexta), de hecho, desveló en qué se fueron sus primeros ingresos: "Con 13 años gané 1.190.000 de pesetas y se lo di todo a mi padre. A mí no me importaba el dinero para nada".
A los 16 años tomó la alternativa que le convirtió en un ídolo de masas, pero él mismo admitió que aquello no era lo común: "Mi infancia no fue la de un niño normal. A los 13 años tenía que darle de comer a muchas familias", le confesó a Pablo Motos en una de sus visitas a 'El Hormiguero', y es que de repente pasó de ser 'la gallina de los huevos de oro' de la familia.
La verdadera vocación de Jesulín de Ubrique que tuvo que dejar de lado
Cuando era pequeño, Jesulín no soñaba con toros, y es que, como la mayoría de niños de su edad, sus ídolos no estaban en los ruedos, sino en los campos de fútbol. "Yo quería ser futbolista", le confesó a Bertín Osborne. Nunca sabremos si habría sido un astro del balón, pero desde luego la competencia era mucho mayor, y finalmente tuvo que dejar de lado su sueño para acabar siendo una estrella del toreo. No le ha ido nada mal, desde luego, pero esa espinita ya no se la quita nadie.
La meteórica carrera de Jesulín de Ubrique: "Con 16 años yo ya tenía una finca"
Muy melancólico, Jesulín también recordó sus inicios de la mano de Bertín. "El primer becerro que yo maté se llamaba 'Ambiciones', de ahí el nombre de nuestra finca", dijo, explicando así el nombre de la casa familiar que se compró por 90 millones de pesetas en el año 1990, situada en plena sierra de Grazalema. Precisamente Ambiciones fue el centro neurálgico de su vida, pero también de las polémicas familiares.
Sin embargo, buena parte de su éxito se lo debe al también maestro Antonio Ordóñez (padre de Carmina y Belén Ordóñez), que se fijó en él cuando era solo un crío, y lanzó su carrera al estrellato, hasta el punto de que, antes de cumplir la mayoría de edad, ya era millonario: "Con 14 años di la entrada para un piso, con 15 años compré el piso y un coche, y con 16 años yo ya tenía una finca", le recordó a Bertín. Sin duda, una infancia y una adolescencia duras y con mucha presión por no fallar, pero a todas luces fructífera.

















