Hay quien dice que solo muere quien es olvidado y veintidós años después de su fallecimiento, el mito tras Carmina Ordóñez sigue más vigente que nunca. No hay más que ver cómo se ha viralizado en TikTok uno de sus momentos más icónicos cuando, habiendo sido invitada a ‘Tómbola’, la periodista Karmele Marchante la increpó con un “yo es que no te he visto trabajar nunca”. Lejos de achantarse como entrevistada, se dio un golpe de melena y respondió con descaro “ni me verás”. Al fin y al cabo, si hay una frase con la que pasará a la historia de las divas será su “a mí plin, yo soy Ordóñez Dominguín”, que marcaría su personalidad a lo largo de sus cuarenta y nueve años de vida. Hoy repasamos sus luces y sombras con motivo del aniversario de su fallecimiento.

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Carmina Ordóñez: los lazos de sangre de toda una dinastía

Hija del diestro Antonio Ordóñez, nieta de los toreros Cayetano Ordóñez, Niño de la Palma, y Domingo Dominguín, y sobrina de Luis Miguel Dominguín, Carmina —a la que su padre llamaba cariñosamente Carmuca— nació el 2 de mayo de 1955 en un entorno profundamente taurino, pero también marcadamente cosmopolita y cultural. Antonio Ordóñez mantuvo una estrecha amistad con Orson Welles, a quien acompañó en numerosas tardes de toros, recibió en cenas en su finca y ejerció de cicerone durante la Feria de Abril. Para Carmina, el cineasta era el "tío Orson", hasta el punto de que en alguna ocasión llegó a recogerla a la salida del colegio.

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Fue precisamente en una de aquellas tardes de toros cuando Carmen, considerada una de las mujeres más bellas del mundo, conoció a Francisco Rivera 'Paquirri', que quedó prendado de su vitalidad y alegría de vivir. Contrajeron matrimonio el 16 de febrero de 1973, pese a pertenecer a dos realidades muy diferentes: él procedía de una familia humilde, mientras que ella había sido educada en el exclusivo Liceo Francés de Madrid. Paquirri tenía entonces 25 años y Carmina apenas 17. Desde ese momento, la prensa del corazón convirtió a la Divina, como fue apodada, en uno de sus rostros habituales. El matrimonio fijó su residencia en el Paseo de la Habana, en Madrid, donde nacieron sus dos hijos: Francisco, en 1974, y Cayetano, en 1977.

Paquirri, el vértice de un triángulo amoroso con Carmina Ordóñez e Isabel Pantoja

Cinco años después de casarse, se instalaron en el barrio de Los Remedios, en Sevilla. En 1979 pusieron fin a su matrimonio. Carmina conoció entonces a su segundo marido, Julián Contreras, con quien tuvo a su tercer hijo, Julián. Juntos se trasladaron a Marrakech, donde la Divina disfrutó de un verano que parecía no acabar, rodeada de amigos como el rey Mohamed VI o Yves Saint Laurent. Sus fiestas flamencas eran cita obligada para la alta sociedad internacional y era habitual verla en la piscina de La Mamounia, considerado el hotel más exclusivo de Marruecos.

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Carmina Ordóñez y su hermana Belén.

Tres años después de la muerte de Paquirri, su herencia seguía sin repartirse y el plazo legal para hacerlo estaba a punto de agotarse. Carmina denunciaba que Isabel Pantoja, su segunda mujer, había retrasado deliberadamente la lectura del testamento, que estaba vendiendo bienes del torero para hacer frente a pagos, que había dejado de abonar la pensión alimenticia de sus hijos y que ella misma nunca había recibido la liquidación correspondiente a los seis años que ambos estuvieron casados en régimen de gananciales.

Una guerra por la herencia: Carmina Ordóñez saca las uñas por sus hijos

Solo dos días antes de que expirara el plazo legal, el 24 de septiembre de 1987, las partes alcanzaron un acuerdo. Isabel y su hijo Kiko recibirían el 45 % de la herencia, incluida la finca Cantora, dos coches, dos tractores y numerosos objetos personales, entre ellos joyas, relojes, plumas, monedas, medallas, una colección de gemelos y recuerdos taurinos como el traje de luces que Paquirri llevaba el día de su muerte. El 40 % restante correspondería a Francisco y Cayetano, que heredaban dos fincas, dos ganaderías y diversos bienes personales, como cruces y relojes de oro, gemelos, pasacorbatas, capotes y trofeos. El 15 % restante fue para los padres y hermanos del torero, que recibieron una finca, una casa, una ganadería y otros objetos personales.

carmina ordóñez con sus tres hijos
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La firma se realizó en el Banco Español de Crédito de Sevilla, donde Carmina e Isabel hicieron todo lo posible por no coincidir. Poco después, Carmina volvió a conceder una entrevista para mostrar su descontento con el reparto: aseguró que había firmado únicamente para garantizar la herencia de sus hijos a pesar de que le parecía insuficiente, e incluso había renunciado a la parte que le correspondía en su favor. Sin embargo, estaba convencida de que seguía faltando dinero procedente de la gira americana de Paquirri, así como acciones de una empresa en Miami e inversiones realizadas en Venezuela.

Y Carmina hacía otra acusación: nunca entregó a Francisco y Cayetano los objetos personales de su padre que, según el reparto, les pertenecían. En consecuencia, Carmina demandó a Isabel en nombre de sus hijos y protagonizó innumerables portadas defendiendo lo que consideraba suyo. Titulares como "Isabel Pantoja ha hecho llorar mucho a mis hijos" eran frases de Carmina.

En una de las ocasiones en las que Carmina llevó a Francisco y Cayetano a Cantora para que pasaran tiempo con su hermano pequeño, la discusión con Isabel fue tan tensa que, desde entonces, sería Belén, la hermana de Carmina, quien se encargara de hacer esas entregas. Durante los años que duró la batalla judicial, ambas evitaron coincidir siempre que pudieron, ya fuera en la romería del Rocío o durante la Semana Santa sevillana. No obstante, hubo una ocasión en la que Carmina e Isabel volvieron a encontrarse en la estación del AVE de Sevilla. Delante de las cámaras, los pasajeros y los curiosos, se dieron dos besos. Se odiaban, pero ambas sabían que, en el universo de la prensa del corazón, lo más importante eran las apariencias.

La caída de Carmina: su último y desgraciado matrimonio

Tras separarse de Julián Contreras en 1994, Carmina regresó definitivamente a España. Desde entonces fue una presencia habitual tanto en las revistas del corazón como en las recién estrenadas televisiones privadas, regalando algunos de los momentos más inolvidables de la crónica social, como aquella ya mítica imagen lavándose los pies con cerveza durante el Camino del Rocío. Fue allí donde conoció a su tercer y último marido, el bailaor Ernesto Neyra. Pocos meses después se casaron por lo civil, aunque el matrimonio apenas duró dos años.

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A Carmina no le faltó valor para presentarse en un plató de televisión, se atusó la melena y lanzó una frase que acabaría convirtiéndose en un símbolo de su lucha: "Tengo la verdad en una mano y la Virgen del Rocío en la otra". Estaba cansada de que cuestionaran su relato, de que la tacharan de exagerada y mentirosa y acudió a los tribunales después de denunciar que Ernesto Neyra con acusaciones de malos tratos de por medio. Su vida se fue complicando y siempre decía a sus amigos que no llegaría a cumplir los cincuenta. Y así fue. El 23 de julio de 2004 falleció a los 49 años, y con ella se perdió Carmuca, la gran belleza de la edad dorada del papel cuché, una mujer que nunca quiso pasar de puntillas por la vida y que decidió pisar el acelerador hasta el último segundo.