Ser el pequeño de la familia suele resultar en ser el 'príncipe mimado' de todos, pero cuando uno tiene la friolera de 7 hermanos mayores, y además se cría en el humilde barrio madrileño de Tetuán en los años 70 y 80, la vida más bien se convierte en una carrera de supervivencia por espabilar. Así le ocurrió al cineasta David Trueba (Madrid, 1969). Este 10 de septiembre cumple 57 años, pero está claro que no le ha ido mal, porque suma en su currículum nada menos que tres premios Goya, más un buen puñado de otros reconocimientos y galardones que atesora con mucho cariño. Cualquiera podría pensar que su gusto especial por el cine le viene de rebote, como les pasó, por ejemplo, a Daniel Guzmán o a Luis Tosar, pero ya desde pequeño disfrutó de ver películas como un modo de escapar de la realidad. "El Madrid de aquel momento era muy gris", reconoció públicamente en 2024; "Quizá por eso disfrutábamos tanto en el cine", añadió en una charla en el ciclo 'Mi vida en películas', organizado por la Fundación AISGE.
Hijo de un agricultor y de una criada, su gran revelación llegó cuando tenía solo 15 años, viendo 'Belle de Jour', de Luis Buñuel, en televisión. Las escenas subidas de tono de Catherine Deneuve escandalizaron a su padre, tal y como él mismo contó; tanto, que le apagó la televisión de un plumazo. Pero daba igual: él ya la había visto entera anteriormente, al igual que tantas otras películas —quizá no las más acertadas para su edad, pero que veía con sus hermanos mayores—, en el Cinestudio Griffith, cuya sala cerca del río Manzanares cerraron y reabrieron posteriormente, en 1982, al lado de su casa, en el número 132 de la calle Santa Engracia. "Empecé a ir a la salida de clase. En aquella época habría unos 20 cines en cada distrito. Yo me colaba en la sesión continua. Daba igual que llegara con la película ya empezada: me quedaba durante una cinta más, o incluso dos, y cuando volvían a proyectar la ficción con la que me había sentado allí, veía el trocito del principio que me faltaba", contó también.
De no saber leer y escribir, a estudiar Periodismo, ser guionista, escritor y director de cine: así fueron los inicios de David Trueba
David empezó a leer y escribir de forma tardía, ya que su madre le empezó a llevar al colegio más tarde que los otros niños, lo que le hizo valorar aún más ambas capacidades. Sus propios hermanos (entre los que está, claro, su hermano Fernando Trueba, también director de cine de éxito) le compraban cuentos que él leía –y releía–, y no tardó mucho en enterarse de que eso de escribir también permitía ganarse la vida; concretamente a los 7 años. Además, las historias que escuchaba entre los tenderos del mercado de la zona de Estrecho (entre Bellas Vistas y Cuatro Caminos), y también en la radio, le hicieron enamorarse de la narrativa. Tanto, que acabó estudiando Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid, aunque lo que realmente le chiflaba era escribir cosas que luego pudieran plasmarse en la pantalla. Reconoce que, de pequeño, le costó un poco encajar con el resto de chicos de su edad, y eso se tradujo en encontrar refugio en la lectura y en el cine. Publicó su primera novela en 1995, 'Abierto toda la noche', e igual que su primera película ('La buena vida', que estrenó en 1996), tuvo el poder de la unión y el refugio familiar como epicentro.
"Mi madre me llevó a párvulos con tres años, tal y como hizo con todos mis hermanos. Recuerdo su imagen entrando conmigo; la casa se había quedado vacía, porque yo era el último, y yo echándome a llorar diciendo que no quería ir, viendo cómo venía hacia mí una profesora con la cara muy grande diciéndome: 'Ven, ven, verás qué bien vas a estar...'. Mi madre me miró, cogimos y nos dimos la vuelta sin decir nada más y nos fuimos a casa, en donde me pasé los siguientes tres años. Ella dice que lo hizo por no hacerme sufrir, y seguramente habría algo de deseo de retener a su lado al último, de disfrutarlo cerca, de posponer la soledad. Y yo se lo agradezco como el gran regalo que me han hecho en mi vida", contó en una entrevista en El Mundo, donde añadió: "Mi familia es humilde; los ocho hermanos tuvimos que compartirlo todo, nunca hubo nada para uno solo. Y mis padres, sin haber podido tener una cultura, se esforzaron para que en casa no faltara un libro, aunque careciéramos de todo lo demás".
La relación de David Trueba con su madre: "La misma buena mano que tuvo con las plantas, la tuvo con sus hijos"
Trueba ha sido lo suficientemente generoso como para, no solo inspirarse en su familia para sus obras, sino para contar sus propias vivencias en libros como 'Ganarse la vida. Una celebración' (2020) o 'Mi 69' (2023). De hecho, en un pasaje del primero, escribe literalmente: "Durante aquellos años en que no acudí al colegio, pasaba las mañanas con mi madre. Escuchábamos la radio, ya que la tele no empezaba hasta las dos de la tarde. Dibujaba y le ayudaba a elegir lentejas, porque eran compradas a granel y contenían una enorme proporción de piedras. También le echaba una mano con los postres, y así podía rebañar la crema pastelera con los dedos. Doblábamos juntos las sábanas lavadas, tendíamos la ropa en las ventanas traseras y observaba a mi madre dar cera al suelo de terrazo que siempre soñó cambiar, sin éxito, por uno de madera o parqué".
Su relación con su madre era de lo más cercana, y el homenaje que le hace en 'Ganarse la vida. Una celebración' lo deja cristalino al trasladar esa imagen bondadosa, amable y comprensiva que tenía de ella a sus lectores con una frase muy reveladora: "A mi madre se le daban bien las plantas. La misma buena mano que tuvo mi madre con las plantas, la tuvo con sus hijos".

















