¿Alguna vez te has preguntado a qué huele tu casa? Es curioso que algo que ni se ve ni se toca sea el eje en torno al que gira la personalidad de todo un hogar. Está bien que, si cocinas, huela a lentejas y, si friegas, que huela a amoniaco, pero entre tanto, lo mejor es elegir un ambientador que dote las estancias de un aroma que se adecúe a tu propia esencia. Porque el olor no solo acompaña, construye el recuerdo que quieres dejar de ti a las visitas.
La fragancia adecuada es aquella que reduce tu estrés y ansiedad del día a día y da paso a una sensación de calma y bienestar imprescindible para sentirla como un lugar acogedor y cómodo en el que descansar como te mereces. Por más que no logres mantenerla impecable en lo que a limpieza se refiere, si huele bien, parece más higiénica y ordenada. Y, sin darte cuenta, también moldea cómo tú mismo la habitas, la sientes y la reconoces como propia.
Las curiosísimas fragancias de Zara Home
Llevaba desde hace años empeñado en dar con esa selección de olores que hacen de casa ese espacio cálido que buscamos. No fue hasta hace unas semanas cuando di con la nueva colección de fragancias de ZARA Home que, gracias a su olor a huerto, ha conseguido que las velas más curiosas del mundo ahora estén en mi casa, desde tomate, orégano o jengibre con sus particulares aromas.
Si alguien te dice que tu casa huele a remolacha, lo primero que harías sería buscar la mancha de hummus en la alfombra. Sin embargo, se ha convertido en un nuevo fetiche porque esta vela no huele a campo, sino a rústico, ¡que es diferente! Se trata de un bofetón de realidad: empieza picante con el jengibre y la pimienta (para que te despiertes), se asienta en una remolacha que, lejos de ser terrosa y triste, se vuelve casi adictiva gracias a las frutas confitadas. El final es un cierre de cedro y azúcar caramelizado que te da calidez... aunque no hayas hecho la cama en tres días. Esta primera apuesta es solo para gente que no teme a los olores con personalidad y que prefiere un toque amargo y chic antes que el enésimo aroma a vainilla de super.
Me reconocerás que hay una línea muy fina entre que tu casa huela a villa en la Toscana o a cocina de kebab a las seis de la mañana. Por suerte, Zara Home ha sabido jugar sus cartas en ese sentido. Su vela de orégano es para los que creen que una pizza da carpetazo a cualquier estado depresivo. La apertura con bergamota de Calabria es ese chute de energía necesario cuando el café no es suficiente; es limpia, directa y con una luz que parece que has abierto las ventanas de par en par, aunque vivas en un interior. Pero el giro de guion llega con el aceite de orégano. Olvida el bote de especias del estante: aquí aporta un toque herbáceo, seco y casi intelectual que le quita cualquier cursilería al cítrico. El cedro al final es el que se encarga de que todo se mantenga elegante y "en su sitio". Te confieso que es la que yo suelo encender cuando tengo visitas.
Seamos realistas: cuando lees "zanahoria" en una etiqueta, esperas que tu salón huela a puré infantil. ¡MEC, ERROR! Esta elección de Zara Home es, en realidad, el equivalente olfativo a entrar en una pastelería de lujo en el Marais parisino: huele a glaseado, sofisticado y masa madre sin inducirte al coma diabético. La salida es un despliegue de nuez moscada y canela que te prepara para lo mejor, pues el verdadero truco de magia está en el corazón de semilla de zanahoria e iris. El toque final de albaricoque y almizcle cierra el trato con una suavidad muy reconfortante, tan dulce como un trozo de tarta de zanahoria.
Imagino que con toda esta gama de olores, de repente te habrá dado por imaginarte en el campo con una cesta de mimbre... ¡Pero recuerda, vives en una ciudad al ras del asfalto, la contaminación y el café de especialidad! En ese caso, la vela de tomate le da una ráfaga de aire limpio, una fragancia "verde" en el sentido más literal y crudo de la palabra. El apio y las hierbas del huerto le dan ese carácter botánico que corta cualquier rastro de pesadez en el ambiente, mientras que el pachulí y el almizcle del fondo evitan que sientas que vives dentro de una ensalada, dándole un cierre terroso y muy masculino.
Por si no fuera suficiente, las cuatro velas vienen en un recipiente elaborado en cerámica con motivos elegantísimos. Por eso, elijas la que elijas, lo importante es que, al cruzar el umbral de tu casa, tendrás la tranquilidad suficiente para no sentirte como una mujer al borde de un ataque de nervios... aunque por lo pronto, tu casa empiece a oler a gazpacho (¡y de maravilla!).















