Hasta hace apenas una semana pensaba que el azucarero con dosificador había desaparecido cuando desapareció la EGB en los años 90.
Me había conformado ya con el azucarero plateado de Martelé que estuvo en todas las casas españolas en los años 60 y 70, pero el de dosificador había dejado de verlo. Así que, cuando me topé con un modelo igualito al de cristal estriado que había en casa de mis abuelos en aquella época, no me pude resistir a comprarlo.
En mi caso, fue el fiel compañero de las tostadas con mantequilla y azúcar y de la cuajada recién hecha que merendaba en aquellos años. Pero sé que para muchos va un paso más allá.
La vuelta de este azucarero no es nueva: es cierto que llevamos viéndolo años (incluso hay muchos bares que se han resistido a eliminarlo de sus mesas), pero no ha sido hasta 2026 cuando se ha vuelto un objeto icónico, nostálgico y deseado por profesionales del mundo de la decoración.
El azucarero con dosificador ha vuelto en pleno 2026
En Diez Minutos, el azucarero con dosificador ya fue protagonista hace unas semanas de un artículo en el que hablábamos de su vuelta. Pero es que el modelo que ha lanzado WMF es el claro ejemplo de aquello.
Con capacidad para 240 gramos de azúcar y 6,6 cm de altura, es perfecto para cocinas pequeñas. Además, lleva un dosificador que evita que tengamos que meter la cucharilla en el azúcar cada vez que necesitamos coger un poquito y, con un diseño tan bonito y elegante como nostálgico, promete agotarse y volver a colmar las mesas de todas las cocinas españolas.
Digo lo de nostálgico por su material (vidrio de alta calidad) y su dosificador de acero inoxidable. Pero en realidad, mezcla aquella nostalgia con unas líneas mucho más actuales, consiguiendo un modelo bastante bonito, funcional y diferente a lo que estamos acostumbrados a ver.
Porque este, a diferencia de los azucareros antiguos, no lleva forma de reloj de arena, ni tampoco esas estrías talladas que los identificaban. Está hecho con líneas rectas, sin adornos y sin florituras.
Además, el adjetivo de funcional también se lo ha ganado a pulso. Cada vez que lo vuelcas, está pensado para dispensar la cantidad equivalente a una cucharilla de café de azúcar, así nunca te pasas. Si quieres más, tendrás que volver a volcarlo y volver a empezar.
Eso sí, como con los antiguos, con este azucarero con dosificador de WMF también hay que tener cuidado porque el azúcar se puede apelmazar en el interior. Yo, de momento, no he encontrado un truco más efectivo que el de añadir un papel absorbente de cocina en el fondo, antes de echar el azúcar, pero sigo en la búsqueda. Hay quien dice que añadir una cáscara de naranja o un trozo de pan también es efectivo, pero a mí eso de meter algo que se pueda poner malo o mezclar con el azúcar no termina de convencerme, así que seguiré investigando un poco más.















