Muchas de las escenas de la serie 'Cuéntame cómo pasó' recreaban a la perfección el día a día de muchas casas españolas de los años setenta: toda la familia viendo el Telediario o programas míticos de TVE, como 'Un, dos, tres', el salón decorado con tapetes de ganchillo y damajuanas en la cocina… Pero hay una de ellas que parecía sacada exactamente de mi casa: Merche (Ana Duato) hablando con su madre, doña Herminia (María Galiana) en la cocina con el cesto colgado del hombro, lista para ir a la compra. Las protagonistas de esa escena podrían haber sido perfectamente mi madre y mi abuela (o quizá la tuya) hablando de qué iban a comprar en el mercado esa mañana. Porque durante años, los cestos de mimbre (se llamaban cestos y no capazos) no se usaban para guardar la toalla, el protector solar y la botella de agua y poner rumbo a la playa, sino para guardar la compra.
Mucho antes de que llegaran las bolsas de plástico y después las reutilizables, estaba este cesto, que en muchas casas tenía su sitio fijo detrás de la puerta de la cocina y que no se compraba en grandes superficies -no existían-, sino que lo hacía a mano el cestero del pueblo, el mismo que trabajaba la palma, el mimbre o el esparto y que arreglaba las sillas de enea o trenzaba canastas. En todas las casas españolas había, como mínimo uno, y no porque fuera tendencia, sino porque era práctico: pesaba poco, cabía de todo y, además, eran bonitos; algunos, como el de Merche en la serie, tenían palma en tonos rosas fucsia y verde, que era lo más en aquellos años. Mi madre, más que la estética, se fijaba (y se sigue fijando) en las asas, que fueran fuertes para que no se deformasen ni rompiesen con el peso de la compra. Un consejo que yo, que siempre llevo el bolso cargado, tengo muy en cuenta cuando busco uno para mí.
Así se han reinventado los cestos de mimbre que nuestras madres llevaban a la compra
Este 2026, el cesto de mimbre se reinventa. Desde hace unos años se ha convertido en el bolso por excelencia del verano, pero ahora, además, también lo usamos para decorar. Las firmas de moda lo reinterpretan cada temporada, lanzando distintos tamaños, colores e incluso personalizados. Y aunque se vendan en grandes superficies como Amazon, todavía se pueden encontrar cestos artesanales, hechos en España, como los que tenían nuestras madres y abuelas.
Ahora también hay uno en cada casa, pero su uso es bien distinto: lo usamos para ir a la playa, a la oficina o para pasar un día en el campo. E incluso las revistas de decoración dan un paso más allá y lo colocan en distintos sitios de la casa como una pieza más de almacenaje y organización: como guardar mantas al lado del sofá, revistas en el salón, toallas en el baño o una planta en el recibidor, convirtiéndose en un original macetero.
Cómo cuidar tu cesto de mimbre para que te dure años
Muchos de estos cestos han pasado de madres a hijas, como las tazas de Duralex o el mítico bol de cobre que se usaba de frutero, pero el uso, nuestras madres y abuelas lo usaban principalmente para la compra, ha hecho que no se conserven en las mejores condiciones. José Aparici, CEO, de Cestería Aparici, explica unos sencillos trucos para que este tipo de cestos de mimbre se mantengan en óptimas condiciones durante décadas. "Si has tenido almacenado el capazo durante meses (o años), puede ser que tenga una película de polvo. Te recomiendo que cojas un trapo, lo humedezcas y lo extiendas por la superficie para eliminar ese polvo que se ha depositado. No tengas miedo a mojar el capazo, ya que la palma no tiene ningún problema al coger la humedad. Lo único que tienes que tener en cuenta es que se seque correctamente para que no coja moho", comenta el experto.
Otro de los problemas que suele pasar con este tipo de cestos es que se deforman por el uso, el peso o por tenerlos guardados en algún armario. Para recuperar su forma original, Aparici recomienda mojarlo. "Cogemos un capazo, lo sumergimos dentro de un cubo de agua, la bañera o la pila. Una vez esté sumergido completamente, contamos hasta 10. Lo dejamos que se escurra y la palma absorba la humedad. De este modo vamos a recuperar la flexibilidad que tiene la palma para moldearlo. Le vamos a poner una bolsa con ropa o lo que tengas por casa para que el capazo vuelva a tener su forma original. Lo dejas secar y una vez seco, podrás retirar el objeto que hayas puesto dentro y el capazo va a recuperar su forma original".













