Hay tareas de limpieza de la casa que hacemos casi por inercia, como es el baño. Nos ponemos los guantes de goma y manos a la obra: pasamos una bayeta por el lavabo, limpiamos el espejo y dejamos el baño con aspecto impecable en pocos minutos. Sin embargo, hay una zona que suele necesitar algo más de atención de la que pensamos: el inodoro. Y no porque esté visiblemente sucio; también hemos pasado un paño con lejía por la taza. El problema es que la cal, los restos de agua, la humedad y las bacterias suelen acumularse en rincones que apenas vemos, especialmente bajo el borde interior, en la base o en las juntas.

Por eso los expertos recomiendan ir más allá de la limpieza rápida de mantenimiento y realizar una limpieza profunda de vez en cuando. No solo ayuda a mejorar la higiene del baño, sino también a evitar manchas difíciles, malos olores y esa sensación de que nunca termina de estar completamente limpio.

Aunque pueda parecer una de las tareas más ingratas de la casa -nunca hay voluntarios para limpiar el baño-, conseguir que el inodoro quede realmente limpio es mucho más fácil cuando sabes dónde suele esconderse la suciedad y cómo eliminarla correctamente.

1. Limpia las zonas que casi siempre pasan desapercibidas

    La diferencia entre una limpieza rápida y una limpieza profunda suele estar en los detalles. En el caso del inodoro, esos detalles se encuentran en la tapa, los laterales, la base y el suelo que lo rodea. Si hay hombres en la casa, incluso puede salpicar las paredes y encimeras contiguas.

    Para una limpieza profunda del inodoro, comienza con todas las superficies exteriores, usando un limpiador antibacteriano para baños. Si va a limpiar paredes pintadas, utiliza agua tibia con jabón y luego enjuaga con un paño húmedo. No te olvides del botón de la cisterna. Se suele tirar de la cadena antes de lavarse las manos, por lo que es muy probable que esa zona acumule bacterias. Si tu inodoro está empotrado en la pared y suspendido del suelo, puedes usar una fregona plana para llegar debajo.

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    2. Trata las manchas difíciles de la tapa del inodoro

      No hablamos de las marcas del uso diario, sino de esas manchas que aparecen en la parte inferior del asiento o en la tapa y que, con el tiempo, pueden teñir ligeramente el plástico. En esos casos, una limpieza rápida no siempre basta y conviene dedicarles un tratamiento más específico.

      Si la tapa de tu inodoro se puede retirar fácilmente, aprovecha para desmontarlo siguiendo las instrucciones del fabricante. Te resultará mucho más cómodo limpiarlo con una toalla vieja y, de paso, podrás acceder a la zona de las bisagras, donde suele acumularse suciedad sin que apenas nos demos cuenta.

      Para las manchas más persistentes en asientos de plástico o esmaltados, prepara una pasta espesa con bicarbonato y unas gotas de agua. Aplícala directamente sobre la zona afectada y deja que actúe unos 20 minutos. Después, frota con suavidad, aclara bien y deja secar antes de volver a colocar el asiento. Esta mezcla también es muy efectiva para eliminar las manchas de sudor de la ropa.

      3. Acaba con la cal incrustada en el interior de la taza

        Hay una zona del inodoro que suele resistirse incluso después de una limpieza a fondo: la parte interior que queda oculta bajo el borde. Es ahí donde la cal y los restos minerales del agua tienden a acumularse con más facilidad. Cuando los productos habituales no son suficientes, una piedra pómez para limpieza puede ayudarte a eliminar esas incrustaciones difíciles sin necesidad de recurrir a productos más agresivos. Solo necesitas mantenerla húmeda y frotar suavemente hasta que las manchas desaparezcan. Eso sí, no frotes con demasiada presión, ya que podrías dañar la superficie; simplemente sumerge la piedra pómez en agua y frota suavemente la cal hasta que se desprenda.

        Sigue humedeciendo y frotando según sea necesario, y cuando hayas terminado, enjuaga la piedra pómez y luego sumérgela en un desinfectante para que esté limpia cuando necesites reutilizarla. Puede que no sea el método más conocido, pero es uno de esos trucos que muchos profesionales de la limpieza aconsejan cuando la cal lleva demasiado tiempo instalada.

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        4. La parte del inodoro que casi nadie limpia: la cisterna

          Aunque no la vemos, la cisterna también acumula cal y suciedad con el paso de los meses. Y, en algunos casos, puede convertirse en el origen de pequeños problemas de funcionamiento o de olores que parecen no tener explicación. Por eso, una o dos veces al año conviene dedicarle algo de atención. Utilizar un producto específico para eliminar la cal ayuda a mantener los mecanismos en buen estado y a prolongar la vida útil del inodoro; de hecho, existen pastillas de inodoro para un mantenimiento realmente completo.

          5. No olvides limpiar la escobilla del baño

            Tu inodoro ya está limpio, pero de nada sirve el trabajo que has hecho si usas un cepillo lleno de bacterias. Para desinfectar tu escobilla del inodoro, limpia a fondo tu cepillo. Empieza llenando el recipiente con agua caliente y jabón, sumerge el cepillo y remuévelo. Luego, vacía el agua en el inodoro y enjuágalo con agua limpia. Repite el proceso con agua fría y unas gotas de lejía (no uses agua caliente, ya que pierde su eficacia). Deja actuar la lejía durante 10 minutos antes de desecharla y enjuaga con agua limpia. Limpia el cepillo semanalmente para eliminar las bacterias y reemplázalo al menos una vez al año.

            Deja secar el cepillo en la taza antes de colocarlo en el soporte; así evitarás que se acumule agua y que gotee al suelo.