Cada vez que en mi casa ha habido que pesar algo voluminoso, mi padre ha aprovechado para hacer gala de su gusto por todo lo antiguo; por todo lo de antes. Él ha sido especialista en pesar carne, fruta y verdura en las romanas antiguas que heredó de su padre, de su abuelo o con las que se ha ido haciendo a lo largo de la vida. Porque en lo que otros veían basura, mi padre veía tesoros.
Parece que ha tenido siempre un ojo de interiorista en el que nunca ha reparado. Porque esas romanas que actualmente tengo guardadas en sacos de arpillera, con sumo mimo, en mi casa del pueblo, son ahora una pieza bastante interesante en el mundo del interiorismo. Así que, todo el que las tenga, tiene en casa un pequeño tesoro en el que no había reparado.
Y sí, sé de lo que hablo: cada vez que algún amante del interiorismo o de las antigüedades ha visto alguna de las romanas de mi padre, le han preguntado por cuánto la vendería. Y la respuesta siempre ha sido negativa por su parte.
Las básculas modernas se cambian por romanas para decorar
Antes de nada, conviene aclarar a qué me refiero cuando hablo de ‘romana antigua’. Me refiero a las balanzas antiguas que funcionan a modo de ‘balancín’ siguiendo el principio de la palanca de Arquímedes.
Están formadas por un brazo largo. En un lado del brazo se cuelga el objeto que queremos pesar y en el otro hay un peso que se puede mover a lo largo del brazo. Cuando la barra se equilibra en horizontal, la posición del peso indica cuánto pesa.
Normalmente están fabricadas en hierro, aunque el material medirá el precio que se paga por ellas en la actualidad. Las que están fabricadas de bronce o cobre se revenden a precios de lujo en el mercado de la segunda mano; no tanto como las de hierro, que suelen ser algo más económicas (y también las más habituales).
Cómo usar una romana antigua en la actualidad
Los amantes del estilo rústico están volviendo a usar esas romanas antiguas, aunque ahora no con su objetivo principal. Ahora la utilizan para decorar paredes, entradas de casa o recibidores. Habitualmente, colgándolas en la pared a modo de cuadro (aunque he de decir que he visto quien la coloca encima de una mesa, apoyada como si de una balanza tradicional se tratase).
Los más rompedores les dan usos insospechados: a modo de reloj en la cocina, de vacíabolsillos en el recibidor de casa o, incluso, a modo de florero colgante.
A mí particularmente me gustan mucho para decorar cocinas, bien sean de estilo rústico, bien de estilo clásico. Porque colgadas en la pared dan ese toque vintage sin perder el sentido, pues es en esas cocinas y en esas bodegas antiguas donde siempre han estado las romanas.













