Antes de que Irene Rosales revolucionase el mundo del marketing con su particular anuncio de maíz frito (de kikos, vaya), hubo una España que daba la bienvenida a la publicidad de la mano de una docena de yogures, sus tapas y una particular vajilla. Yoplait fue una de esas marcas que se popularizaron con el fin de la posguerra por sus yogures y las amas de casa no solo perseguían llevar su delicioso sabor a sus casas sino reunir los puntos suficientes para que les regalasen una de las vajillas de la promoción, cuyos logos se caracterizaban por una flor de seis pétalos.
Es cierto que también podías hacerte con una toalla, un mantel o una cubertería, pero son las vajillas aquello que con más fuerza recordamos, pues su durabilidad ha permitido que incluso hoy en día podamos presumirlas en nuestras estanterías. No es de extrañar, pues estaban fabricadas por Arcopal, una firma francesa que elaboraba sus platos en vidrio opalino súper resistente. De hecho, su eslogan por aquel entonces era "sólido en el horno, bonito en la mesa".
La vajilla más ye-yé está de vuelta
Con el tiempo, Yoplait acabó arrinconado. Sin embargo, aún hay quien sigue usando sus vajillas y quien no cuenta con una de ellas, desea hacerlo. Es por eso que, al ver esta oferta en Hipercor arrasando este verano, en pleno 2026, tenía que hablar de ella.
Desde luego, hay diseños que parecen condenados a desaparecer para, años después, volver a conquistar nuestras mesas. Esta vajilla de 12 piezas recupera ese espíritu práctico y resistente que tantas generaciones asocian a los yogures de sabores de la marca, pero lo hace adaptándose a las necesidades actuales. Compuesta por platos llanos, platos hondos y platos de postre, ofrece todo lo necesario para el uso diario sin renunciar a una estética cuidada. Es al final un propósito muy similar al que cuentan las vajillas Duralex, los vasos en cristal de Murano o las copas en cristal de bohemia.
Como ya sucedía con la vajilla que podías obtener con las tapas de yogures, su fabricación en vidrio opal destaca por una gran resistencia frente a golpes y cambios de temperatura, una cualidad que la convierte en una opción especialmente interesante para familias o para quienes buscan una vajilla pensada para durar. A ello se suma un diseño de líneas decorativas discretas que aporta un toque elegante sin resultar recargado.
Esa sencillez hace que encaje tanto en comidas cotidianas como en reuniones con invitados, combinando fácilmente con diferentes estilos de mantelería y decoración. En una época en la que muchas compras buscan equilibrar funcionalidad y apariencia, propuestas como esta demuestran que no hace falta renunciar a ninguna de las dos. Esta es una vajilla completa, pensada para acompañar el día a día y con ese aire atemporal que recuerda a aquellas piezas que, décadas después, siguen ocupando un lugar privilegiado en las mejores alacenas.














