Hay reglas de decoración que nunca pasan de moda y que siguen siendo un recurso eficaz para quienes quieren renovar su hogar sin cometer errores. Una de las más conocidas es la regla 60-30-10, una fórmula sencilla que ayuda a distribuir los colores dentro de una estancia para conseguir un resultado equilibrado y visualmente atractivo. Aunque se trata de un principio ampliamente utilizado por interioristas y decoradores, su éxito radica en que cualquier persona puede aplicarlo sin necesidad de tener conocimientos avanzados de diseño.
Precisamente esta es la propuesta que explica Iván Rodríguez, director creativo de IR Interiorismo, en uno de los vídeos publicados por el estudio en TikTok. Resume de forma práctica cómo utilizar esta regla para conseguir espacios más armónicos y agradables. Según explica Rodríguez, el punto de partida es definir el color principal de la habitación. "El 60% es el color dominante, que en este caso va a ser un color neutro que en este caso usaremos en grandes superficies como paredes, sillones o mesa de centro", señala.
La regla 60-30-10 que usan todos los expertos en interiorismo
La elección de tonos neutros para esta mayor parte de la estancia permite crear una base serena y atemporal sobre la que construir el resto de la decoración. Blancos rotos, beiges, grises suaves o tonos arena suelen ser algunas de las opciones más habituales porque aportan luminosidad y facilitan futuras modificaciones en el estilo del espacio. Una vez establecida esa base, entra en juego el segundo nivel cromático.
"El 30% es un color secundario que sostiene el diseño, lo vamos a usar en muebles pequeños, alfombras, lámparas o cuadros", explica el director de IR Interiorismo. Este segundo color introduce personalidad y profundidad al ambiente sin llegar a competir con el dominante. Puede tratarse de un tono más cálido, uno inspirado en la naturaleza o incluso un color más intenso, siempre que mantenga cierta coherencia con el conjunto.
La distribución de este 30% resulta especialmente importante porque ayuda a conectar visualmente distintos elementos de la habitación. Una alfombra que dialogue con unas lámparas o con determinadas piezas de mobiliario consigue que el espacio tenga continuidad y que la decoración no parezca fruto de decisiones aisladas.
El último paso corresponde al color de acento, el encargado de atraer la mirada y aportar dinamismo al conjunto. En palabras de Rodríguez, "el 10% es el color acento, ideal para piezas de arte, objetos de decoración o cojines, pocos, pero con intención". Precisamente esa última idea resume el espíritu de esta regla: no se trata de llenar la estancia de colores llamativos, sino de utilizarlos estratégicamente para crear puntos de interés.
Ese pequeño porcentaje permite introducir tonalidades mucho más atrevidas que quizá resultarían excesivas si ocuparan una mayor superficie. Un cuadro de colores vivos, unos cojines en mostaza, un jarrón azul intenso o una butaca en verde esmeralda pueden transformar por completo la percepción del espacio sin romper el equilibrio general.
Además, esta distribución facilita la toma de decisiones durante el proceso de decoración. En lugar de escoger colores al azar, cada elemento encuentra su función dentro de una composición previamente definida, algo que reduce el riesgo de obtener estancias recargadas o visualmente desordenadas. Para Rodríguez, la clave está precisamente en ese equilibrio. "60, 30, 10 es una opción segura para que tu espacio se vea equilibrado", concluye.












