Hay una escena que se repite cada verano. Apagas la luz, te metes en la cama con la esperanza de descansar y, a los cinco minutos, ya has dado más vueltas que durante todo el día. La almohada está caliente, las sábanas parecen guardar el calor de toda la jornada y abrir la ventana no siempre ayuda. De hecho, en muchas zonas de España ocurre justo lo contrario: fuera hace incluso más calor que dentro.

Cuando las noches tropicales se encadenan una detrás de otra, cualquier truco para dormir un poco más fresco despierta nuestro interés. Los hay de todo tipo: desde colocar un ventilador frente a un recipiente con hielo hasta darse una ducha templada antes de acostarse. Pero hay uno que lleva siglos existiendo y que, gracias a las redes sociales, vuelve a estar en boca de todos: el método egipcio.

Un método antiguo pero eficaz para dormir por las noches

Aunque su nombre pueda sonar llamativo, no se trata de una tendencia nueva ni de un invento de TikTok. Es una técnica inspirada en una costumbre del antiguo Egipto, donde las altas temperaturas obligaban a buscar soluciones ingeniosas para descansar por la noche sin necesidad de ningún aparato eléctrico.

El método consiste en humedecer ligeramente la sábana o la funda nórdica, siempre y cuando estas sean las adecuadas, con ayuda de un pulverizador de agua fría antes de ir a dormir. No se trata de empaparla, sino de dejarla fresca. A medida que el agua se evapora durante la noche, absorbe parte del calor corporal y crea una agradable sensación de frescor que puede hacer mucho más llevaderas las primeras horas de sueño.

La explicación tiene una base científica muy sencilla. Cuando el agua pasa de estado líquido a vapor, necesita energía para hacerlo, y esa energía la toma del entorno más cercano, en este caso de la propia superficie de la cama y del calor que desprende nuestro cuerpo. El resultado es un efecto refrescante completamente natural.

Eso sí, este truco no funciona igual en todas partes. En zonas con un ambiente seco, como buena parte del interior de la Península, la evaporación es más rápida y el efecto suele ser más evidente. En cambio, en lugares con mucha humedad, la sensación puede ser menor, ya que el agua tarda más en evaporarse.

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Elizaveta Starkova//Getty Images

Lo mejor del método egipcio es que apenas requiere preparación. Basta con tener un pulverizador con agua fresca al lado de la cama y aplicar una ligera bruma sobre la sábana unos minutos antes de acostarse. Muchas personas incluso guardan el pulverizador en la nevera para potenciar aún más la sensación de frescor.

Este truco puede combinarse con otros pequeños gestos que ayudan a sobrellevar mejor las noches de calor, como refrescar las muñecas con agua fría antes de dormir, mantener la habitación ventilada durante las primeras horas de la mañana o utilizar ropa de cama de algodón o lino, tejidos mucho más transpirables que los sintéticos.

Quizá el método egipcio no consiga que tu dormitorio parezca una habitación con aire acondicionado, pero sí puede marcar la diferencia cuando cuesta conciliar el sueño por culpa del calor. Y teniendo en cuenta que solo necesitas agua y un pulverizador para ponerlo en práctica, no parece mala idea recuperar un remedio que lleva funcionando desde hace miles de años.