Cada verano, cuando las temperaturas se disparan, lo primero que hacemos es buscar un ventilador o encender el aire acondicionado. Sin embargo, en Japón llevan siglos enfrentándose al calor de una manera muy diferente. Antes de que existieran los aparatos de climatización, las viviendas tradicionales ya estaban diseñadas para mantenerse frescas aprovechando la sombra, la ventilación y algunos hábitos cotidianos. Lo más interesante es que muchas de esas técnicas siguen siendo útiles hoy en día.

Uno de los métodos más conocidos consiste en impedir que el sol llegue directamente a las ventanas. En lugar de colocar cortinas por dentro, los japoneses utilizan esteras de bambú o caña en el exterior. La lógica es sencilla: si la radiación solar no atraviesa el cristal, el interior de la vivienda acumula mucho menos calor. Es una solución económica y mucho más eficaz que cerrar las persianas cuando el calor ya ha entrado en la habitación.

woman suffering a heat wave using a fan, lying on a couch in the living room at home.
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El método japonés para combatir el calor

Otra costumbre muy curiosa es el uchimizu, una práctica que consiste en rociar agua sobre el suelo, patios o aceras al caer la tarde. A simple vista puede parecer un gesto sin importancia, pero tiene una explicación científica. Cuando el agua se evapora, absorbe parte del calor acumulado en la superficie, lo que provoca un descenso de la temperatura del entorno. Por eso, después de mojar el suelo, el ambiente suele resultar más agradable durante un rato.

La ventilación también desempeña un papel fundamental. En las casas tradicionales japonesas no se abría únicamente una ventana esperando que entrara una corriente de aire. Lo habitual era crear una circulación cruzada, abriendo varias ventanas o puertas en lados opuestos de la vivienda. De este modo, el aire caliente podía salir mientras entraba aire más fresco, renovando el ambiente de forma natural y haciendo que la sensación térmica mejorara sin necesidad de utilizar electricidad.

Incluso cuando apenas sopla viento, la arquitectura japonesa aprovecha otro fenómeno físico conocido como efecto chimenea. El aire caliente, al ser más ligero, asciende hacia las zonas altas de la vivienda. Si existe una abertura superior y otra inferior, el aire caliente sale por arriba mientras el aire más fresco entra por abajo, generando una circulación continua. Es un sistema completamente pasivo que lleva utilizándose desde hace siglos.

Los materiales también influyen mucho en la sensación de calor. Tradicionalmente, las casas japonesas incorporan suelos de tatami, elaborados con fibras vegetales que absorben parte de la humedad ambiental. Del mismo modo, la ropa de lino o algodón resulta mucho más cómoda durante el verano que los tejidos sintéticos, ya que permiten que el sudor se evapore con mayor facilidad y evitan esa incómoda sensación de humedad sobre la piel.

Otro aspecto importante es el momento del día en el que se ventila la vivienda. En muchas zonas de Japón se aprovechan las horas de la noche y la madrugada, cuando la temperatura exterior desciende. Se abren completamente las ventanas para expulsar el calor acumulado durante el día y, antes de que el sol vuelva a calentar el ambiente, se cierran de nuevo junto con las cortinas. Así, la casa conserva durante más tiempo el frescor de la noche.