Alice Campello y Álvaro Morata son una de las parejas que demuestran que luchar por el amor y el matrimonio merece la pena. Tras dos rupturas, la influencer y el futbolista han vuelto a intentarlo por tercera vez, y es que es mucho más lo que les une que lo que les separa, especialmente los cuatro hijos que tienen en común -Alessandro, Leonardo, Edoardo y Bella-. Fue el periodista Javi de Hoyos el que confirmó la noticia hablando con Álvaro, y éste aseguró que, a pesar de que separarse no es un paso sencillo que dar, Alice "es la mujer de su vida". Ambos habían incluso comenzado los trámites de divorcio tras la segunda ruptura, pero parece que todo esto ha quedado en agua de borrajas ahora que han decidido darse una nueva oportunidad. Un vaivén de emociones que la psicóloga Leticia Martín Enjuto ha querido analizar con DIEZ MINUTOS, y aunque muchos piensen que esto de separarse y reconciliarse 'no es serio', esta dinámica de pareja, lejos de ser tóxica, tiene sus motivos. "La cuestión importante no es cuántas veces se vuelve, sino qué se hace diferente cuando se decide regresar", asegura Leticia. Y añade que "una reconciliación sana no depende únicamente del deseo de volver, sino de la capacidad de reparar".
Martín Enjunto, graduada en Psicología por la Universidad Pontificia de Salamanca y con consulta en Valencia, nos explica qué hay detrás de tantas rupturas y reconciliaciones: "Cuando una pareja atraviesa una ruptura, solemos interpretarla como un final definitivo. Sin embargo, como psicóloga, observo que las crisis también pueden convertirse en espacios de reflexión, crecimiento individual y revisión de dinámicas que anteriormente estaban generando malestar. Que una pareja se reconcilie por segunda vez puede generar sorpresa o dudas desde fuera, pero el número de reconciliaciones no explica por sí solo la calidad del vínculo. Lo verdaderamente relevante es comprender qué aprendizajes, cambios o transformaciones han ocurrido entre una etapa y otra".
Leticia, que también analizó con nosotros la mediática ruptura de Kiko Rivera e Irene Rosales, nos deja claro que una ruptura no solo puede servir para cerrar un capítulo y comenzar una nueva etapa, sino como una introspección en la que revisar qué cosas hemos hecho mal y qué cosas no vamos a aceptar más de la otra persona: "Muchas veces, el distanciamiento permite observar con mayor claridad necesidades emocionales, límites personales y expectativas que durante la convivencia diaria pasan desapercibidas. Algunas parejas descubren precisamente durante la separación aquello que necesitan modificar. Además, las relaciones de larga duración suelen construir vínculos emocionales complejos. La existencia de proyectos compartidos, ser mediáticos, experiencias intensas, historia común o responsabilidades familiares hace que las decisiones afectivas raramente sean inmediatas o sencillas".
Leticia Martín Enjuto, psicóloga, sobre la reconciliación de Alice Campello y Álvaro Morata
Cuando una relación se pone en una balanza y pesa más lo que une que lo que separa, la intención de volver no basta: hay que demostrar madurez, tomar responsabilidad de los actos y también aprender a poner límites. "Siempre traslado que una reconciliación sana no depende únicamente del deseo de volver, sino de la capacidad de reparar. Reparar implica asumir responsabilidades, mejorar la comunicación y construir nuevas formas de relacionarse", nos explica Leticia, que además, en el caso de Alice y Álvaro, existen otras 'presiones' como el hecho de estar en el ojo público: "Otro factor que suele pasar desapercibido es el impacto del entorno. Cuando una pareja vive expuesta públicamente, la presión social, las opiniones externas y la constante observación pueden añadir una carga emocional importante a procesos que ya son difíciles de gestionar".
La psicóloga Leticia Martín Enjuto avisa sobre las rupturas y reconciliaciones continuas
Separarse es un paso difícil de dar, especialmente cuando se ha construido una familia como han hecho Alice y Álvaro, pero volver tampoco es una decisión que se deba tomar a la ligera, ya que, si se da ese paso, debe ser para volver con energías renovadas. "En consulta observamos frecuentemente que muchas crisis de pareja aparecen asociadas al estrés, la sobrecarga emocional, los cambios vitales o las dificultades para sostener ciertas etapas personales. En ocasiones, el problema no es la falta de amor, sino la dificultad para gestionar determinados momentos. Pero eso no significa que todas las reconciliaciones sean positivas: volver repetidamente sin cambios reales puede convertirse en un ciclo emocional desgastante que genera frustración, inseguridad y sensación de estancamiento", señala Martín Enjuto.
"Quizá uno de los aprendizajes más importantes que dejan estas historias mediáticas es recordar que las relaciones saludables no son necesariamente perfectas. Los vínculos humanos están llenos de contradicciones, aprendizajes y momentos complejos. Al final, más allá de titulares o interpretaciones externas, cada reconciliación pertenece a la historia emocional de quienes la viven. La cuestión importante no es cuántas veces se vuelve, sino qué se hace diferente cuando se decide regresar".















